MITOS DE LOS SANFERMINES
6 de julio
LA RECUPERACIÓN DEL RIAU-RIAU
(Por razones desconocidas, este artículo destinado a abrir la serie no fue publicado por Diario de Noticias)
Los más jóvenes, los que abarrotan la plaza Consistorial para el chupinazo rebozados en huevo, harina y champán y bebiendo calimocho, no lo han visto jamás. Lo conocen sólo a través de las batallitas sanfermineras que oyen a sus padres y hermanos mayores. Hace muchos años que no se celebra el Riau-Riau pero su recuperación es uno de los principales elementos de la mitología festiva de Pamplona que en las semanas previas al seis de julio mantiene entretenidos a periodistas, políticos, tertulianos locales, dirigentes de peñas y demás instituciones ciudadanas. Los concejales, que no tienen la menor intención de someterse a la prueba, especialmente los más antiguos que han pasado por la experiencia de fracasadas recuperaciones, fingen estar estudiando seriamente si el año próximo (nunca éste) se darán las condiciones para la recuperación. Si a los sanfermines preceden elecciones municipales, sucede cada cuatro años, los candidatos en campaña electoral no tienen más remedio que prometer la recuperación… cuando sea posible. Los medios de comunicación cuentan cómo era el Riau-Riau, cuándo empezó, sus plusmarcas de duración, lo que opinan ilustres ciudadanos todavía vivos que lo recuerdan. Se arrojan diversas tesis sobre la causa de la desaparición; desde una conspiración orquestada por oscuros intereses políticos, y aquí cada uno pone los nombres que se le antojan, hasta las derivadas de las leyes de la física y de la impenetrabilidad de los cuerpos. Florecen los arbitristas que poseen la solución mágica. Si el Ayuntamiento tuviera verdadera voluntad…; si las peñas quisieran…; si entre todos nos ponemos de acuerdo…; con otra banda de música más…; si se cambia el orden, primero la Corporación, luego la Comparsa, detrás las peñas y luego la gente…; si se plantea un debate social sobre el Riau-Riau…; si no hubiera desaparecido la Comisión de Fiestas…; si pensamos en otro recorrido…; si se buscan actividades alternativas…; si no fuera por el Delegado del Gobierno… Todavía no ha surgido la idea de poner el vallado del encierro en la calle Mayor y que el público quede separado de la marcha asegurando su fluidez, pero ya se andará.
La desaparición del Riau-Riau ha sido uno de los hechos más beneficiosos para los sanfermines y la ciudad en general. Ha permitido el nacimiento de la recuperación del Riau-Riau como otro de esos mitos locales que cohesionan a la ciudadanía, enriquecen el imaginario colectivo y reafirman su identidad comunitaria. Nunca participó tanta gente en el Riau-Riau como la que participa en la mitología de su recuperación. Incluso una nutrida cohorte de devotos acude cada seis de julio por la tarde a los lugares sagrados, la plaza Consistorial y la calle Mayor, para rememorar los hechos. Los bares del recorrido se han convertido en cita ineludible de esa tarde; muchos de sus parroquianos salen de casa después de comer diciendo "me voy al Riau-Riau" como si realmente fueran a bailar delante de la Pamplonesa y no con el disco que poseen todos los establecimientos de hostelería de Pamplona. No menor ha sido la contribución a la simplificación de la teoría política; algunos sostienen que la verdadera causa de la desaparición es que el Ayuntamiento no quiere someterse a la crítica directa del pueblo el único día que puede hacerla. A esos ilustres sucesores de Platón, Maquiavelo y Montesquieu les sobran los partidos, las elecciones, las consultas populares, las cartas al director, las asociaciones de vecinos, las instancias en modelo oficial y las mesas redondas; construyen la democracia municipal sobre una masa de ciudadanos bien comidos y bien bebidos que se lanzan una vez al año a zarandear, vociferar, mentar la madre y, si se tercia, sacudir a sus representantes.
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