REPATRIACIÓN

 

 

 

         Bonita palabra, repatriación, acción y efecto de repatriar, que es “devolver algo o a alguien a su patria”. Y qué más puede querer un ser humano en sus cabales que ser devuelto a su patria; todo por la patria, incluso que te devuelvan a ella. “Pienso que el hombre debe vivir en su patria y creo que el desarraigo de los seres humanos es una frustración que de alguna manera u otra entorpece la claridad del alma. Yo no puedo vivir sino en mi propia tierra; no puedo vivir sin poner los pies, las manos y el oído en ella, sin sentir la circulación de sus aguas y de sus sombras, sin sentir cómo mis raíces buscan en su légamo las substancias maternas”, escribió Pablo Neruda en sus memorias. Seguro que en el PSOE, que habrán leído a Neruda porque son muy progresistas, tuvieron en cuenta estas palabras a la hora de redactar el programa electoral en el que se habla de modificar el periodo máximo de detención de los inmigrantes irregulares lo suficiente “para llevar a cabo los trámites de identificación y repatriación”. Nada de palabras feas como expulsión o deportación. Repatriación. Cada uno en su patria y Dios en la de todos. No en balde Rodríguez Zapatero se ha definido como “un patriota de verdad”.

 

Los burócratas de la Unión Europea son menos poéticos en el uso de las palabras. Han redactado un documento al que han llamado “Propuesta de Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo relativa a procedimientos y normas comunes en los Estados miembros para el retorno de los nacionales de terceros países que se encuentren ilegalmente en su territorio”. Prefieren retorno a repatriación. Retorno, que dice la Academia que es “volver al lugar o a la situación en que se estuvo”. Qué bien dicho; a “los nacionales de terceros países que se encuentren ilegalmente en su territorio” (no hablemos de inmigrantes, no vayamos a llamar a una compasión injustificada) les devolvemos a la situación en que estuvieron. Hambre, pobreza, ausencia de futuro, ausencia de derechos políticos (alguno diría que mejor no llamar a eso patria, que la patria son los derechos).

 

         No se crea que vamos a ser insensibles. No. La Propuesta de Directiva lo matiza muy bien en su artículo primero: “La presente Directiva establece procedimientos y normas comunes que han de aplicarse en los Estados miembros para el retorno de aquellos nacionales de terceros países que se encuentren ilegalmente en su territorio de conformidad con los derechos fundamentales como principios generales del Derecho comunitario, así como del Derecho internacional, incluidas la protección de los refugiados y las obligaciones en materia de derechos humanos”. Qué bien suena todo.

 

Hablando de derechos. El artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (que pronto cumple 60 años, habrá que ir pensando en su jubilación) dice que “1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país”. De esto último se trata (podemos obviar los primeros enunciados del precepto, que tomados al pie de la letra llevan a la avalancha de inmigrantes contra la que nos alerta Pérez Rubalcaba). De asegurar que se ejecute el derecho de “los nacionales de terceros países que se encuentren ilegalmente en su territorio” a regresar a su país. Aunque no quieran; aunque sus patrias se resistan a acogerlos; en materia de derechos humanos no se puede transigir.

 

         Por eso el Gobierno de Rodríguez Zapatero quiere aumentar el periodo de detención de “los nacionales de terceros países que se encuentren ilegalmente en su territorio” porque los cuarenta días actuales (apenas la duración de una cuaresma) son insuficientes para completar los trámites de repatriación. La futura Directiva permitirá seis meses y hasta dieciocho en algunos casos. Pues adelante, no importa el tiempo que haya que dedicar a ello, el que haga falta. La causa lo merece. Todo por la repatriación.

 

 

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