ES TIEMPO DE RACIONALIDAD

Mikel Armendáriz, Víctor Ayerdi, Iñaki Cabasés, José Luis Campo, Ginés Cervantes, Fermín Ciáurriz, Miguel Izu, Manuel Ledesma, Iosu Ostériz, Ramón Peñagaricano, José Ángel Pérez-Nievas, José del Río, Víctor Rodríguez, Pedro Romeo, Javier Sánchez Turrillas, José Luis Uriz, Patxi Zabaleta.

No querer ver la realidad no hace que la realidad no exista. Pretender deducir que una realidad se acomode a nuestros deseos e intereses, es entrar ingenua o irresponsablemente en el ámbito esquizoide del delirio.

Aquí y ahora, pretendemos realizar una reflexión -una más- con un sincero esfuerzo de objetividad, no contra nadie, sino a favor de todos, de la sociedad real que padece dolor y angustia crecientes.

ETA, después de 40 años de lucha armada, de terrorismo, persiste en su vía de violencia sin que nadie pueda vislumbrar su final. Somos muchos, cada vez más, de toda clase de ámbitos, quienes consideramos que la actividad de ETA -al margen de otras valoraciones éticas o humanitarias que en sí mismas podrían llevar a su rechazo- está en un claro proceso de agotamiento. La pretensión de resolver o imponer una propuesta política a través de la violencia, tiene nulas posibilidades de éxito, al margen de que imposibilita el debate y la solución de cualquier proyecto político por el verdadero sujeto de derecho que es el ciudadano. Y es que ocurre que los procesos armados, no exclusivamente el de ETA, están condenados al fracaso cuando se lastran inútilmente en el tiempo sin conseguir su objetivo de "derrotar" al contrario, y, por lo tanto, sin posibilidad de imponer sus aspiraciones políticas.

Pero cuando hablamos del agotamiento de la "solución" armada de ETA, es obligado realizar una reflexión paralela sobre la "solución" armada, policial, contra ETA. De la misma manera que la mantenida capacidad operativa de ETA no puede ocultar que la vía armada está agotada, así mismo la vía policial como único instrumento de solución resulta también incuestionablemente ineficaz. Podrán unos y otros alternarse en los "éxitos", aportando creciente dolor y resentimiento a la sociedad, pero, sensatamente no cabe esperar que nadie "derrote" a nadie. Ni ETA va a doblegar al Estado ni éste a ETA sólo por la acción policial.

A quien quiera interpretar que estas afirmaciones encubren algún modo de justificación o apoyo a la actividad de ETA, o el deseo inconfesado de que la acción policial fracase frente a la violencia, le sugerimos que medite sobre las siguientes frases; "Existe clara evidencia de que la acción de la policía por sí sola es insuficiente para reducir el delito"; "El objetivo de la Policía Metropolitana será, por lo tanto, el trabajar con otros organismos para desarrollar lo que es conocido como un enfoque "situacional" o "de solución del problema" para la prevención del delito, donde en lugar de actuar solamente frente a actos individuales de quebrantamiento de la ley se hace un análisis cuidadoso de las circunstancias globales que rodean la perpetración de cada tipo de delito, teniendo en cuenta la amplia realidad social y los factores ambientales, para entender mejor y contrarrestar las causas de aquellos actos ". Estos párrafos están sacados de una fuente tan poco sospechosa como los "Principios de la Acción Policial y Guía de Conducta Profesional" (1985) de la Policía Metropolitana de Londres. ¿Acaso no serán aplicables también a nuestra realidad presente?

Tan cierto es que ETA debe establecer un alto el fuego inmediato, total y definitivo, como que si deseamos que tal exigencia se cumpla hemos de hacer un ejercicio de máxima racionalidad, de comprensión de la complejidad del problema, y entender y aceptar que es necesario buscar una salida que permita el cese de la violencia de ETA. Después de 40 años de acumular sangre y sufrimiento, le resulta a ETA cada vez más difícil decretar un alto el fuego, aunque ellos mismos pudieran en sus análisis internos reconocer su necesidad y conveniencia. Y es que, quizás, los menos dispuestos a facilitar una "salida" a ETA son los que más conocen esa necesidad. Sería dramático que el costo de la violencia estuviera asumido y fuera políticamente rentabilizable y rentabilizado. Y es posible también que algunos sientan más prevención y rechazo hacia el nacionalismo vasco que hacia la propia violencia etarra; quizás ello explicaría la satanización creciente que sufre aquél y la dificultad de aceptar fórmulas audaces de un diálogo sin exclusiones y sin condiciones previas.

Si los partidos políticos -especialmente los que tienen responsabilidades de gobierno- desean sinceramente, dejando al lado sus posibles intereses particulares y electorales, acabar con la violencia etarra, les será imposible eludir la garantía democrática del diálogo entre los grupos políticos, de todos con todos, y de todo, sin exclusiones ni condiciones previas, para hallar esas condiciones que faciliten el final de la violencia de ETA, y sin que ello suponga una cesión inadmisible a la violencia. Sin el cumplimiento de la exigencia del diálogo cualquier democracia pierde legitimidad. Un estado democrático y de derecho debe serlo sobre todo de ejercicio, no sólo de título. Reclamar a ETA un alto el fuego inmediato, total y definitivo, así como el compromiso de un diálogo sin exclusiones, no se pueden ni deben considerar en absoluto como condiciones previas de un determinado proceso político, sino simplemente como unas mínimas exigencias democráticas.

En cualquier momento y situación es imperativo el máximo y más sincero compromiso con las víctimas de la violencia -de todas-, que han de percibir, no sólo compensaciones económicas, sino también nuestra reiterada expresión de solidaridad y agradecimiento. Pero también es una exigencia incuestionable que, una vez establecido el alto el fuego por ETA, el Estado aplique inmediatamente la política penitenciaria que exige la ley, y no sólo en la cuestión del acercamiento de los presos a sus entornos familiares. Y ello con la vista puesta en un futuro de reconciliación y con solución generosa para todos los presos, por mucho dolor que ello produzca a algunos, porque es mucho peor construir el futuro añadiendo permanentemente más sufrimiento y más resentimiento. El cese de la violencia no solucionará por sí mismo todos los problemas políticos de fondo, y hará falta un enorme esfuerzo por parte de todos para afrontarlos y resolverlos por medios pacíficos y democráticos. Y siendo la opinión pública factor importante y decisorio en este proceso el papel de los medios de comunicación es determinante para atender las distintas versiones, opiniones y puntos de vista, evitando la parcialidad en la información.

Aquí y ahora, en este momento de crueldad y de espanto, es momento de generosidad, de pragmatismo y responsabilidad, del diálogo y el entendimiento entre diferentes, de búsqueda de espacios de encuentro. Esta sociedad cada vez resiste menos tanta retórica, tanta palabrería, y exige más eficacia, más compromiso con soluciones de futuro; es tiempo de racionalidad.

 

 

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