POR UN PROCESO DE PAZ Y DIÁLOGO

Víctor Aierdi, Mikel Armendáriz, Iñaki Cabasés, José Luis Campo, Ginés Cervantes, Fermín Ciáurriz, Miguel Izu, Camino Oslé, Iosu Ostériz, Pedro Peñagaricano, Víctor Rodríguez, Pedro Romeo, José Luis Úriz, Patxi Zabaleta

 

Quienes suscriben este documento, ciudadanos navarros pertenecientes a muy diversas organizaciones políticas, sindicales y sociales, pero que se expresan a título particular, quieren hacer constar su inquietud por la actual situación política, y en particular por la ausencia de un auténtico proceso de paz que ponga fin a la situación de violencia que sufre nuestra sociedad.

En los últimos años han sido numerosas las iniciativas, surgidas desde muy distintos campos ideológicos, dirigidas a la superación de la violencia y a la consecución de la paz. La mayoría de nuestros conciudadanos han venido manifestando, por distintas vías, su deseo de paz y la necesidad de crear unas condiciones de ausencia definitiva de violencia que permita a los diversos proyectos políticos confrontarse con libertad exclusivamente a través del diálogo y de la negociación en el seno de un marco político plenamente democrático. Todas las fuerzas políticas han propugnado, de una u otra manera, procesos de diálogo que hagan posible el final de toda violencia y abran las puertas a la reconciliación social. La ciudadanía viene exigiendo reiteradamente de todos los que utilizan la violencia su abandono definitivo, con la única condición de dejar a las fuerzas políticas y a los representantes elegidos por la voluntad popular, y en suma al conjunto de los ciudadanos, el papel de debatir y adoptar las decisiones que consideren necesarias para afrontar el futuro. Sería un rotundo fracaso de la sociedad civil, desde el punto de vista tanto político como social y humano, que no se solucione a corto plazo la situación actual de violencia y se legue a las siguientes generaciones.

Hasta el presente esas iniciativas no han tenido el éxito deseado. Comprendemos la complejidad inevitable de cualquier proceso político en el seno de nuestra sociedad. Ciñéndonos solamente a Navarra, es constatable su vasta pluralidad política. A la diferenciación entre los tradicionales –y discutidos- campos de la derecha, el centro y la izquierda, se une la diversidad de identificaciones nacionales y de proyectos de articulación territorial. Hay navarros que se identifican con una nación española y defienden la integración de Navarra en el Estado español; hay navarros que se identifican con una nación vasca y propugnan la integración de Navarra en un Estado vasco; y no faltan quienes hacen compatibles la identidad navarra, vasca y española y proponen otros modelos de organización. La dificultad de conciliar la convivencia de esas diversas opciones políticas, cuya defensa es igualmente legítima, exige un esfuerzo adicional de mutua tolerancia y de búsqueda de instrumentos de diálogo y concertación.

Observamos con preocupación cómo en los últimos tiempos las apelaciones a la paz y al diálogo están siendo sustituidas por un clima de creciente enfrentamiento. Desde diversas instancias políticas y sociales, y desde los medios de comunicación, a menudo se condiciona la desaparición de la violencia política y la consecución de la paz al cumplimiento o imposición de determinados programas políticos, y abunda la atribución de culpabilidad ajena por provocar o facilitar la perpetuación de la violencia de todos aquellos que no comparten los propios planteamientos. Cualquier iniciativa o propuesta para impulsar un proceso de paz es inmediata y globalmente descalificada sin el menor debate. Las movilizaciones sociales que antes, en una u otra forma, y desde muy diversos posicionamientos políticos, se centraban en la necesidad de paz, se ven desplazadas por otras de planteamiento partidista donde se vitorea o se abuchea a determinadas personas, grupos o planteamientos políticos. En suma, la esperanza de avanzar en un proceso de paz ha dado paso a una creciente atmósfera de confrontación, no sólo política sino también social.

Creemos urgente y necesaria la búsqueda de soluciones políticas a problemas de innegables raíces políticas, ya que los acuerdos que garanticen la libre decisión popular implican la exigencia del cese de la violencia. Consideramos necesario por parte de los grupos que la practican, y particularmente de ETA, un alto el fuego inmediato, porque estimamos imprescindible sustituir la escalada de crispación y enfrentamiento por un clima de diálogo. Para ello todas las fuerzas políticas, así como otros movimientos sociales, deben esforzarse en establecer los foros adecuados, abiertos a todos los planteamientos ideológicos y sin otras exigencias que la aceptación en exclusiva de vías políticas y democráticas para la defensa de los diversos programas políticos y el rechazo de cualquier acción o manifestación de violencia. Esos foros de diálogo pueden y deben ser tanto las instituciones públicas donde, en función del apoyo popular recibido, están representadas las diversas fuerzas políticas, como otros no institucionales –sin la inevitable rigidez de aquéllas- promovidos específicamente para el encuentro de organizaciones políticas y sociales y el debate sobre las propuestas que se formulen para avanzar hacia una sociedad en paz donde se respete el pluralismo y los derechos de todos. Foros que superen la actual situación donde el debate político se reduce a menudo al cruce de monólogos que exaltan tanto el acierto y la justicia de las propias posiciones políticas como lo erróneo e inicuo de las ajenas.

En estos momentos resulta tristemente necesario recordar que la democracia se basa en unos principios muy básicos: el respeto de los derechos de los demás, la participación de todos en el proceso político y la toma de decisiones por consenso o por mayoría. Casi todo lo demás –incluidas las normas e instituciones que organizan en cada momento la comunidad política- es instrumental, opinable y mudable. El respeto a las opiniones ajenas, incluso cuando éstas llevan a propugnar un marco político distinto del existente, la consideración de que todas las ideas y propuestas pueden ser sometidas a debate, es un contenido normal del sistema democrático. En cambio, no responde a un clima democrático el rechazo por principio de cualquier proyecto político que implique la modificación del marco político existente con el simple argumento de que queda fuera de ese marco. Tanto la conservación como la sustitución del sistema político establecido –incluido el marco constitucional- son opciones legítimamente defendibles dentro de un régimen democrático.

En cualquier caso, exigimos que cualquier materia que afecte a nuestro futuro marco político pase por la decisión de los ciudadanos navarros, expresada a través de procesos democráticos. Nadie puede suplantar esa decisión; pero todos estamos obligados a trabajar por un clima de respeto y diálogo que la haga posible en paz y libertad. En consecuencia, animamos a la sociedad y a los agentes sociales y políticos a profundizar en los principios de la no violencia y el diálogo sin exclusiones como pilares fundamentales de cualquier solución y de un proceso de paz.

 

 

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