PRESIDENCIALISMO A LA NAVARRA

Hasta hace bien poco algunos, inspirados por el Amejoramiento y por la ley del gobierno y de la administración de Navarra, creíamos vivir en un sistema parlamentario. Es decir, que los ciudadanos navarros elegían a sus representantes en el Parlamento, y éste a su vez elegía a un Presidente del Gobierno. Suponíamos que el Gobierno de Navarra era un órgano colegiado que tomaba sus decisiones por mayoría, y que respondía solidariamente de su gestión ante el Parlamento. Creíamos que el Presidente del Gobierno necesitaba la confianza del Parlamento, y que los demás miembros del Gobierno, los Consejeros, necesitaban la confianza del Presidente, que es quien los nombra.

Últimamente he tenido que corregir mis ideas y me voy convenciendo de que una de las peculiaridades del régimen foral, que la hace diferente de las demás Comunidades Autónomas (todas con régimen parlamentario) es su carácter presidencialista.

La primera evidencia fue el hecho de que el Gobierno de Navarra, desde hace ya catorce años, salvo en una ocasión, se haya formado en contra de la voluntad del Parlamento de Navarra. El sistema automático establecido en el art. 29 del Amejoramiento, la configuración del sistema de partidos y la división del electorado navarro consiguen que una vez tras otra sea nombrado Presidente del Gobierno un candidato que no cuenta con mayoría; es más, que ha sido rechazado expresamente hasta cuatro veces por el Parlamento. Posteriormente el Gobierno puede pasar por alto la voluntad del Parlamento todas las veces que lo estime oportuno. La persistente actitud de UPN de bloquear la reforma del art. 29 del Amejoramiento hace temer que esta quiebra del principio parlamentario se siga prolongando en el tiempo.

Pero el argumento que ha confirmado sin ninguna duda que vivimos en un régimen presidencialista lo ha proporcionado estos días Santiago Cervera, Consejero de Salud del Gobierno de Navarra. Preguntado si no se sentía desautorizado por el Presidente del Gobierno en torno a la cuestión del medicamentazo en Navarra (recordemos que el señor Cervera anunció que se aplicaría en la Comunidad Foral, y que el señor Sanz resolvió que no se aplicaría), contestaba: "un presidente y un consejero tienen funciones distintas. El presidente tiene que tener una visión institucional y política superior a la que tiene un consejero y, por otra parte, un consejero lo que tiene que hacer, como su propia denominación indica, es aconsejar lo que él considera más adecuado, pero la decisión final no depende, como en este caso hemos visto, de la opinión del propio consejero" (declaraciones a Onda Cero). Es decir, el consejero (quizás habría que cambiarle el nombre por el de aconsejador) es solamente un experto que aconseja al Presidente, y éste es el que toma todas las decisiones y responde por ellas. Debemos olvidar la idea de que el consejero es un responsable político y acostumbrarnos a verlo como una especie de superfuncionario con línea directa con el Presidente. Los consejeros, lo dice uno de ellos, no necesitan tener visión política ni institucional; eso queda exclusivamente para el Presidente. Contrariamente a lo que imaginábamos, cuando el Gobierno de Navarra se reúne los lunes por la mañana no delibera sobre los acuerdos que debe adoptar, sino que los consejeros aconsejan al Presidente, y él solito delibera y decide. Posteriormente el portavoz (casualmente el señor Cervera) da una rueda de prensa e informa sobre las decisiones del Presidente.

No sé si esta tesis del señor Cervera proviene de su admiración por el sistema político norteamericano, paradigma de presidencialismo, o es la única explicación que pudo improvisar para no dimitir de su cargo pero seguir defendiendo una política distinta a la que va a aplicar el Gobierno al que pertenece y en nombre del cual hasta ahora todos creíamos que hablaba. A la luz de esta nueva teoría política el Presidente Sanz debería aclarar próximamente si el señor Cervera sigue siendo portavoz del Gobierno, portavoz del Presidente del Gobierno, portavoz de quienes aconsejan al Presidente del Gobierno, o solamente portavoz del Consejero de Salud.

 

 

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