Nuevas tradiciones
LOS PREMIOS
No me refiero a los de la Feria del Toro, con los suficientes años como para no figurar entre las nuevas tradiciones, sino a la pléyade de premios que diversas entidades, con variopintas excusas, rivalizan últimamente por entregar durante los sanfermines a bombo y platillo, con asistencia de autoridades forales y municipales que se fotografían muy complacidas con los premiados.
Está el premio que el Ayuntamiento concede desde el año 2000 en el concurso internacional de fuegos artificiales. Una iniciativa del equipo de la alcaldesa Barcina que compensa la coetánea supresión del concurso periodístico convocado durante muchos años. Debe ser signo de los tiempos preferir la pirotecnia a la literatura.
Claro está que los sanfermines han llevado consigo fuegos artificiales de toda la vida. Hasta 1970 en que se los llevaron a la Ciudadela tenían lugar en la Plaza del Castillo y uno de mis recuerdos infantiles es cómo los restos de los artefactos caían sobre el público. Por cierto que el chupinazo no es sino un acto desgajado de los primitivos cohetes disparados en la plaza la víspera de San Fermín. Pero, en fin, a los pirotécnicos se les contrataba y no se les daba ningún premio hasta fechas recientes, cuando copiando lo que hacen nuestros vecinos donostiarras se han convertido los fuegos de artificio en concurso internacional. La calificación de las empresas corresponde al público, lo que es muy de agradecer porque poquito más se deja decidir a la plebe durante los cuatro años que median entre unas elecciones municipales y las siguientes.
Otro premio ya tradicional es el Gallico de Oro que otorga desde 1986 la Sociedad Gastronómica Napardi, inspirado en el popular gallo de la veleta de la iglesia de San Saturnino. Napardi es famosa, además de por ser una de las más antiguas sociedades gastronómicas pamplonesas, fundada en 1953, por dos cosas. Primera, su sede ha estado siempre en el recorrido de la procesión de San Fermín, antes en la calle Mayor y desde 2001 en la calle Jarauta; una buena excusa para participar cantando una jota o un Agur jaunak al santo y repartiendo un aperitivo a la comitiva. Y segunda, por instituir el Gallico para reconocer a un pamplonés destacado por sus méritos en las artes, la ciencia, las humanidades, el deporte o la empresa llevando el nombre de Pamplona por el mundo. Digo pamplonés casi en sentido estricto; no sé si por tratarse de una sociedad sólo de hombres apenas dos veces lo han otorgado a pamplonesas, Francis Bartolozzi y este año Mª Ángeles Mezquíriz. Por lo demás, la nómina de premiados es impecable; por destacar algunos ahí están el doctor Arazuri, el maestro Turrillas, Miguel Induráin, Antonio Ruiz, los Iruña’ko o Montxo Armendáriz.
Otra sociedad gastronómica, Gazteluleku, como su nombre indica con sede en la Plaza del Castillo, en 1998 instituyó el premio al toro más sabroso de la feria. En realidad, a la ganadería más apetitosa, pues sólo catan un toro de cada. El premio se decide en septiembre; un prestigioso cocinero guisa toda la carne guardada desde los sanfermines con la misma receta y la somete a la consideración de un jurado que elige el toro que más le ha satisfecho el paladar. En 2001 no se pudo celebrar el concurso por la epidemia de encefalopatía espongiforme bovina o mal de las vacas locas, y ahora según las autoridades sanitarias podrá resistir a la lengua azul. Gazteluleku es también conocida por servir durante las fiestas un sorbete de limón convertido ya en otra tradición sanferminera.
El Hotel Maisonnave rinde desde 1993 un homenaje a personas o instituciones destacadas por su amor a la cultura y tradiciones navarras y les entrega una réplica de la fuente de Neptuno Niño. Han recibido esta distinción Montxo Armendáriz, Napardi, la empresa Kukuxumusu, el equipo médico de la plaza de toros o los supervivientes de la peña La Veleta, la primera que vistió de blanco en 1931 y la primera que encargó himno al maestro Turrillas (desapareció con la guerra civil por la filiación republicana de algunos de sus miembros).
Más reciente es el Premio al Guiri del Año instituido en 2004 por Kukuxumusu para reconocer la fidelidad a la fiesta de alguno de nuestros visitantes. En la primera edición se concedió a Carmen Margarita Alicea, portorriqueña que regenta un café en Sydney, y este año se entregó en una fiesta presanferminera celebrada en Manhattan a Lore Monnig, presidenta del New York City Club Taurino. Muchos pamploneses pedirían que en años sucesivos se tenga especial cuidado en no premiar a ningún guiri de los que se tiran de la fuente de Navarrería.
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