CURSO DE TAUROMAQUIA SANFERMINERA

Segunda lección:

La plaza de toros

La mayor parte de la fiesta taurina se desarrolla en la plaza. Lo digo porque el encierro, elemento esencial en Pamplona, sigue un trayecto por la cuesta de Santo Domingo, la Plaza Consistorial, la calle Mercaderes, la calle Estafeta y entra en la plaza por el callejón existente al efecto, del que carecen muchas otras plazas.

Ahí van algunos datos históricos que puede aprovechar para opinar sobre temas no sólo taurinos sino también urbanísticos. En Pamplona los festejos taurinos tenían lugar en la Plaza del Castillo, como cualquier esparcimiento popular desde que los romanos construyeron allí unas recién descubiertas y desmanteladas termas (o un puticlub, según algún eminente autor). En 1844 se inauguró la primera plaza de toros permanente para ocho mil espectadores en el solar del antiguo convento de las Carmelitas Descalzas. Solar bien aprovechado tras la desamortización, acogió también a la Diputación y al Teatro Principal (luego Gayarre), y siglo y medio después parte de unas polémicas obras que han sacrificado el patrimonio arqueológico por un aparcamiento subterráneo. La construcción se hizo chapuceramente y pronto surgieron grietas (los túneles de Velate tienen ilustres antecedentes); cinco años más tarde el Ayuntamiento tuvo que demoler la plaza para construir sobre sus cimientos otra inaugurada en 1852.

La construcción del Segundo Ensanche hizo trasladar la plaza y el teatro para abrir la avenida de Carlos III. La nueva plaza fue proyectada por el arquitecto donostiarra Francisco Urcola, réplica de un proyecto para Sevilla que nunca se llegó a ejecutar, y construida con la entonces modernísima técnica del hormigón (Navarra siempre p’alante) por la Casa de Misericordia. El Ayuntamiento le había cedido terrenos a unos 200 metros de la antigua plaza y su explotación para dotarle de recursos en su labor de beneficencia sin gravar las arcas municipales. Se inauguró en 1922 con una capacidad de más de doce mil espectadores (la tercera parte de la población de Pamplona, nos gusta hacer las cosas a lo grande). En 1967 se había quedado pequeña y Rafael Moneo, el más prestigioso arquitecto navarro, proyectó una ampliación que añadió la actual andanada y elevó la capacidad hasta casi veinte mil espectadores (las malas lenguas dicen que la Casa de Misericordia vende más entradas). Aunque es la segunda de España, sólo por detrás de la de Las Ventas de Madrid, desde hace años la capacidad vuelve a ser insuficiente; en sanfermines el llenazo y la reventa a precios astronómicos están garantizados. Se habla de hacer una nueva plaza moderna, cubierta y multiusos, como las de San Sebastián o La Coruña. Parece que ni la Casa de Misericordia (más vale pájaro en mano…) ni el Ayuntamiento se acaban de decidir.

La plaza consta de tres partes principales: el ruedo, el callejón y el espacio del público. El ruedo es la parte circular cubierta de arena hacia donde miran los asientos (aunque en Sol no faltan quienes no prestan atención y hasta se sientan de espaldas). Se divide idealmente en tres zonas concéntricas: las tablas (la más cercana a la barrera), el tercio y los medios (la parte central). El ruedo y el callejón están separados por una barrera que sirve de protección contra los toros y que no suelen saltar (si lo hacen es un numerito adicional que gusta mucho al público, aunque indique mansedumbre). El callejón sirve para la estancia de quienes trabajan (las cuadrillas, los areneros, la policía, etc.) y para que vean cómodamente el espectáculo en los burladeros oficiales algunos enchufados.

El espacio del público se divide verticalmente, de abajo a arriba, en tendidos, grada y andanada. Cuanto más cerca del ruedo la entrada es más cara, salvo los palcos del presidente y autoridades, en la grada, que van gratis. Horizontalmente se divide en Sol y Sombra, y una tierra de nadie de Sol y sombra. En Sombra no se sufre el sol de julio y tal comodidad implica mayor precio; se supone que allí van los verdaderos entendidos que quieren concentrarse en el festejo. La zona de Sol es la más barata y por ello el lugar de las peñas y del público más popular que se entretiene de mil modos, incluso no haciendo caso del espectáculo; según puntos de vista, el lugar más divertido o el más insufrible de la plaza.

El 90 por ciento del aforo está abonado; para muchos pamploneses es todo un rito ir cada año a renovar el abono en los últimos días de junio (y una asentada tradición que el precio suba por encima del IPC). El resto tiene que ponerse en venta; no sólo sale a la venta sino también a la reventa, gracias a una industria montada para hacer cola y asegurar la compra de casi todo lo que sale a la taquilla.

 

 

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