POR
UN PROCESO DE PAZ PERMANENTE
Por
el Foro Iruña: Mikel Armendáriz, Helena Berruezo, Iñaki Cabasés, Ginés
Cervantes, Fermín Ciáurriz, Miguel Izu, Manolo Ledesma, Javier Leoz, Guillermo Múgica, Iosu Ostériz,
José Luis Úriz.
Hace ya seis años algunos de quienes firmamos este escrito suscribíamos
otro texto en el cual, bajo el título de “Por un proceso de paz y diálogo”,
afirmábamos: “Consideramos necesario por parte de los grupos que la practican
[la violencia], y particularmente de ETA, un alto el fuego inmediato, porque
estimamos imprescindible sustituir la escalada de crispación y enfrentamiento
por un clima de diálogo. Para ello todas las fuerzas políticas, así como otros
movimientos sociales, deben esforzarse en establecer los foros adecuados, abiertos
a todos los planteamientos ideológicos y sin otras exigencias que la aceptación
en exclusiva de vías políticas y democráticas para la defensa de los diversos
programas políticos y el rechazo de cualquier acción o manifestación de
violencia”.
No ha sido tan inmediato, han sido seis largos años donde, entre
propuestas fallidas y esperanzas frustradas, todavía ha habido demasiada
violencia, muerte y dolor. Al fin ETA ha declarado un alto el fuego permanente
que confiamos en que sea el paso definitivo para una paz permanente. No podemos
menos que expresar nuestra satisfacción y nuestra esperanza de que la violencia
desaparezca para siempre como instrumento para lograr o imponer proyectos
políticos.
Entendemos que la consecución de la paz será, cuando esté afianzado el
abandono de las armas, una victoria de toda la sociedad que en los últimos años
se ha movilizado en ese sentido. Apelamos de nuevo a toda la sociedad, a través
de las diversas organizaciones políticas y sociales y también con la
colaboración de los medios de comunicación, a que asuma la tarea de poner todos
los medios para que no se frustre este proceso. En particular, deben ser las
instituciones públicas que representan a la ciudadanía y especialmente el
ejecutivo central quienes deben dirigir un proceso en el que prime la
responsabilidad y la prudencia.
La consecución de la paz debe llevarnos a una situación de
normalización de la que no hemos podido disfrutar durante todos estos años de
violencia. Normalización política en el sentido de que todos los proyectos
políticos que alberga nuestra muy plural sociedad puedan ser debatidos
libremente en los escenarios adecuados y por los medios propios de la
democracia, que no son sino el diálogo, la negociación y la búsqueda de
consenso, decidiendo en último término la voluntad mayoritaria de la ciudadanía
pero siempre en términos de respeto a las minorías. Normalización de la
democracia, que debe funcionar sin que nadie se sienta excluido o coaccionado
para defender sus ideas o expresar su identidad, que debe permitir afrontar
viejos problemas que no han sido solucionados o que incluso se han agravado
mientras duró la violencia. Hay muchas cosas que debatir y solucionar.
Pero también normalización social, en el sentido de reparar en lo
posible los daños que ha sufrido la convivencia social y de aliviar el
sufrimiento que sigue presente entre nosotros. Toda la sociedad ha sido víctima
del terrorismo, aunque existen víctimas que lo han sido mucho más y lo han
sufrido más directamente. No habrá normalización sin que esas víctimas reciban
la reparación material y moral que merecen; tampoco si las víctimas son objeto
de manipulación y de apropiación partidista o se pretende que jueguen un papel
decisorio que sólo corresponde a las instituciones representativas. La
normalización social, la socialización de la paz, pasa también por preparar la
reinserción social de quienes han practicado la violencia y hacer posible, en
un futuro lo más próximo posible, la convivencia de quienes han practicado y
quienes han sufrido la violencia. En suma hacer posible una reconciliación que
supere la herencia de dolor y resentimiento presentes en nuestro entorno. Un
proceso que será largo y que exigirá no sólo el máximo esfuerzo sino también la
máxima sensibilidad y generosidad.
Que la paz sea posible y sea permanente exige que nadie trate de hacer
aprovechamiento partidista del terrorismo ahora, cuando existen perspectivas
ciertas de su desaparición. Ninguna fuerza política, ningún proyecto ni
alternativa en particular debe caer en la tentación de apropiarse de la paz. La
victoria de la paz no puede ser la de ningún programa político en particular,
sino la victoria de una sociedad que podrá debatir democráticamente todos los
que se le presenten. Quienes pretenden en nombre de la paz desterrar o excluir
determinadas alternativas no hacen sino incurrir en otra forma de utilización
de la violencia con fines políticos.
Navarra debe participar de este proceso porque la violencia ha estado presente en esta tierra y porque los efectos de la violencia siguen presentes. También aquí hay mucho que sanar. Acabamos como hace seis años: “En cualquier caso, exigimos que cualquier materia que afecte a nuestro futuro marco político pase por la decisión de los ciudadanos navarros, expresada a través de procesos democráticos. Nadie puede suplantar esa decisión; pero todos estamos obligados a trabajar por un clima de respeto y diálogo que la haga posible en paz y libertad. En consecuencia, animamos a la sociedad y a los agentes sociales y políticos a profundizar en los principios de la no violencia y el diálogo sin exclusiones como pilares fundamentales de cualquier solución y de un proceso de paz”.
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