LOS PANTANOS DE LA ALCALDESA
Dos años después de tomar posesión como alcaldesa de Pamplona Yolanda Barcina ha hecho balance de su gestión y, Ħoh, sorpresa!, éste ha sido muy positivo.
Sin llegar al extremo del presidente del Gobierno de Navarra, que sin cumplir dos años de mandato y acusando a la oposición de tener bloqueada su acción de gobierno afirma que ya ha cumplido el 85 % del programa, dice la alcaldesa que cuando ella llegó al consistorio Pamplona estaba adormecida y no debidamente preparada "para acometer el siglo XXI", y en cambio ahora está saliendo de su letargo y lleva camino de ser una ciudad líder en el desarrollo económico y social.
No puedo menos que admitir que Yolanda Barcina ha sido la alcaldesa con la que Pamplona ha llegado al siglo XXI, hecho que sucedió aproximadamente a las 0,00 horas del uno de enero de este año. Un mérito similar al del rey Fahd, que con unas pocas horas de diferencia también llevaba a Arabia Saudí al siglo XXI, o al de José Oria, alcalde de Lepe, bajo cuyo mandado entró en el mismo instante dicha localidad onubense en el tercer milenio.
Aparte de esto, no puedo compartir la especie de que la alcaldesa haya sacado adelante esos numerosos proyectos de los que presume. En los primeros meses de mandato se labró cierta imagen de mujer dinámica que casi cada día daba una primorosa rueda de prensa para informar de una nueva iniciativa. Pero dos años después, y moderado tal ímpetu mediático, las realizaciones que el ciudadano puede contrastar con la prosaica realidad de cada día se pueden contar con los dedos de una mano, y todavía sobran algunos.
La alcaldesa aparentaba en aquellos primeros tiempos poseer una serie de luminosas ideas propias en torno al modelo de ciudad del tercer milenio por la que iba a trabajar. Allá por septiembre (de 1999) su diligente gabinete politécnico iba a presentar el Plan Estratégico que guiaría la actuación municipal rumbo a la modernidad. Pasó el otoño, y luego todavía otro otoño, y además dos inviernos y dos primaveras más. El Plan Estratégico que la alcaldesa y su equipo no supieron o no pudieron hacer se ha convertido en el encargo a una empresa de consultoría externa para que haga un diagnóstico sobre la ciudad. Uno lee lo que sobre dicho Plan Estratégico dice la página web municipal y se queda patidifuso: "Nuestra ciudad goza de un nivel de calidad de vida muy destacable que la convierte en referencia nacional e internacional para otras localidades de similar tamaño. Sin embargo, la corporación municipal ha decidido ir más allá y afrontar un proceso de reflexión estratégica que permita a la ciudad mantener a medio plazo su envidiable posición y avanzar con paso firme en la nueva sociedad del conocimiento. Con el objetivo de formular un modelo de ciudad acertado, el Ayuntamiento plantea la elaboración del Plan Estratégico de Pamplona". De un soplo ha desaparecido el letargo del que la alcaldesa iba a despertar a la bella ciudad durmiente y el modelo de ciudad que se supone ya tenía en la cabeza.
No sorprende que a falta de ideas propias sobre el modelo de ciudad, además de encargar la manufactura de algunas a una empresa especializada, la alcaldesa haya sacado del desván donde tuvo durante dos años y desempolvado el proyecto de Plan Municipal elaborado por la anterior corporación (sí, ese plan que entonces era "marxista" para UPN y por eso lo votaba en contra) y con unos leves retoques lo someta a nueva aprobación como si fuera una creación personal.
Otras iniciativas de aquellos primeros meses de mandato han quedado relegadas al olvido. Aquélla del Conservatorio de música en el Monumento a los Caídos, de la que nunca más se supo; o la peatonalización del Paseo de Sarasate; o aquella pista de hielo que duró un breve invierno y que acabó en los tribunales de mano de la empresa que la instaló una vez y no más. Ideas que duermen el sueño de los justos, quizás en compañía de la no nata ciudad bioclimática de Zolina que la alcaldesa patrocinó cuando era consejera.
La lista de iniciativas propias desarrolladas en dos años es breve. Rebuscando de la rueda de prensa de la alcaldesa en el segundo aniversario sólo encuentro la semipeatonalización de un tramo de Carlos III. Y estoy dispuesto a ser generoso y añadir la zona verde que mandó acondicionar en las proximidades de su domicilio, en Mendebaldea. Así podemos compensar el único fracaso que reconoce la alcaldesa, que no ha conseguido implantar el Corte Inglés, perdón, un centro comercial en el solar de Intendencia. Aunque no creo que compense el fracaso que no reconoce, aunque admita un "coste político": el ejemplo de cómo potenciar la participación ciudadana ignorando a los ciudadanos, en el mejor de los casos, o tratándolos como débiles mentales, en el peor, a costa del proyecto de reurbanización de la Plaza del Castillo.
El resto de las supuestas realizaciones enumeradas por la alcaldesa están en alguna de estas dos categorías: o son iniciativas de corporaciones anteriores, que simplemente siguen su curso, o siguen siendo proyectos de los que se habla pero que todavía no se pueden palpar. E incluso la mayoría corresponde a las dos categorías a la vez. Veamos: el palacio de Congresos, el aparcamiento de la calle Compañía, el aparcamiento en la Plaza del Castillo, la nueva Biblioteca General, el Museo de San Fermín, la nueva estación de autobuses o la nueva estación de ferrocarril, así como las nuevas bibliotecas públicas o los centros socioculturales, son todos proyectos cuyo debate o redacción se inició hace ya años, y sólo en los dos primeros están realizándose las obras. La alcaldesa Barcina y el resto de la corporación aterrizaron en ellos en el punto donde los cogió el cambio de mandato. No hay más que acercarse a las hemerotecas para comprobar que en todos esos casos hay informaciones en papel ya amarillento por el paso de los años. Y en cuanto a la concesión de ayudas europeas para algunos proyectos municipales, hay que decir que únicamente se sigue tirando de un hilo que ya se había encontrado en el mandato anterior, cuando se consiguieron las primeras subvenciones.
En el siglo pasado Franco llenó muchos nodos inaugurando pantanos que se habían ideado en la Dictadura de Primo de Rivera según las ideas regeneracionistas de Joaquín Costa, cuyos proyectos se habían empezado a redactar con la República, y cuya ejecución se retomó después de la guerra civil. Sin duda que dentro de algo más de un año, cuando empiece el maratón preelectoral, la alcaldesa encontrará cosas que inaugurar de vez en cuando. Pero habrá que preguntarse si realmente son sus pantanos.
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