PAMPLONA: DEL MARXISMO A DISNEYLANDIA

 

Cuando hace unos meses el concejal de UPN don Eradio Ezpeleta dijo en el Pleno del Ayuntamiento de Pamplona que su grupo rechazaba el proyecto de Plan Municipal porque, al igual que el vigente de 1984, era un plan marxista, en exceso intervencionista, muchos –incluidos algunos miembros de su partido y algunos medios de comunicación afines- se lo tomaron como un simple exceso verbal. Es evidente que el urbanismo es por definición intervencionista, ya que consiste en la ordenación de la ciudad –y del resto del territorio- por los poderes públicos; el artículo 47 de la Constitución española les obliga a regular "la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación". Y por otro lado, UPN ha gobernado el Ayuntamiento de Pamplona con el plan de 1984 sin necesidad de convertirse a las teorías de Carlos Marx y Federico Engels.

Pero pasados unos meses (incluidos los cien días que una dudosa tradición establece como margen de confianza antes de arremeter contra los responsables políticos) y viendo la gestión de UPN con la alcaldesa Barcina al frente uno sospecha que aquellas afirmaciones del señor Ezpeleta tenían un serio trasfondo.

Teniendo en cuenta que la aprobación de un Plan Municipal es el expediente más importante que puede aprobar una corporación, tomando en consideración la denuncia de marxismo formulada, sabiendo que la señora Barcina fue hasta hace nada Consejera de Ordenación del Territorio y responsable de unas Normas Urbanísticas Comarcales, y estando la aprobación del Plan Municipal sometida a acuerdo del Gobierno de Navarra, casualmente también en manos de UPN, podría pensarse que, una vez tomado el timón del Ayuntamiento de Pamplona, una de las primeras cosas que haría el nuevo equipo de gobierno municipal sería anunciar la nueva línea que iba a imprimir al planeamiento urbanístico municipal, cuál es su modelo de ciudad para los próximos diez años, los cambios que iba a introducir en el documento para despojarle de veleidades socializantes y fijar su calendario de aprobación. No ha sido así; sobre la planificación de la ciudad el equipo de la señora Barcina guarda discreción absoluta. En cambio la alcaldesa se ha prodigado en ruedas de prensa anunciando fantásticos proyectos que hacen comprender a qué se refería durante su campaña electoral al decir que lo que Pamplona necesitaba eran proyectos emblemáticos (emblema: "jeroglífico, símbolo", "cualquier cosa que es representación simbólica de otra"; símbolo: "figura retórica… que consiste en utilizar la asociación o asociaciones subliminales de las palabras o signos para producir emociones conscientes").

Es decir, frente a la planificación de la ciudad, lo que se trata es de introducir actuaciones puntuales lo más espectaculares, llamativas y "emocionantes" que sea posible. Y curiosamente todas van en la misma dirección; todas se refieren al centro de la ciudad y tienen que ver con asegurar el ocio y entretenimiento de los ciudadanos, con convertir el centro en una especie de Disneylandia foral adonde acudan los vecinos de la ciudad y sus alrededores a pasear, divertirse y, sobre todo, a consumir. Para ser justos, hay que reconocer plena coherencia de estas actuaciones con las que llevó a cabo la señora Barcina –igual que sus predecesores- en su anterior etapa como Consejera de Ordenación del Territorio; entonces promovió el desarrollo de urbanizaciones residenciales por toda la Comarca de Pamplona (como la ciudad bioemblemática, perdón, bioclimática de Zolina) facilitando la tendencia -o amenaza- de que en unos años Pamplona se convierta –como las ciudades de los países más desarrollados- en un degradado downtown sin apenas habitantes, ya que la mayoría habrán huido a la periferia. Ahora, como alcaldesa, posibilitará que todos los huidos retornen desde sus adosados con jardín al centro de Pamplona para –con el aplauso de los comerciantes- llenarlo de vida de 10 a 21 horas de lunes a sábado (el horario del Corte Inglés).

Recordemos algunas de las propuestas: por supuesto, el Corte Inglés -perdón, usemos la expresión políticamente correcta: un centro comercial- en un solar dotacional (Intendencia o Autobuses); Carlos III y Paseo Sarasate peatonalizados; el monumento a los Caídos ampliado para albergar el Conservatorio (la cripta con los restos de Mola y Sanjurjo será un lugar ideal para ensayar el Réquiem de Verdi); su estanque convertido en pista de hielo para patinar; aparcamiento bajo la plaza del Castillo; zona verde en Iturrama en vez de Escuela Infantil. Sobre política de vivienda, rehabilitación de edificios, dotaciones sanitarias, educativas, deportivas, sociales, desequilibrio entre barrios, desempleo, tráfico, seguridad ciudadana, espeso silencio. Pamplona parece no tener habitantes sino sólo consumidores y visitantes.

En coherencia con el rechazo de cualquier planeamiento, todas las iniciativas de la señora Barcina se hacen sin estudios ni informes previos. Primero se decide y luego se piensa. Una vez decidida la peatonalización de Carlos III, se encarga un estudio de tráfico en el Ensanche; y sin estar éste siquiera iniciado, ya se pretende ejecutar el primer tramo de peatonalización, dejando para posterior estudio nimios detalles como qué sucederá con el transporte público y con la zona azul. Una vez decidido que el Corte Inglés debe estar en el centro de la ciudad, ya se encargará el estudio sobre las modificaciones urbanísticas que serán precisas. Una vez anunciado el uso del monumento a los Caídos, el nimio detalle de los proyectos ya se resolverá algún día.

Ciertamente, este sistema de gestión a través de súbitas decisiones puntuales es mucho más rápido –alguno dirá que eficaz, pero esto depende de los objetivos que uno crea que debe perseguir un Ayuntamiento- que el de ordenar la ciudad. Para aprobar un Plan Municipal, por ejemplo, la ley establece engorrosos y larguísimos trámites: exposición pública del avance, sugerencias por parte de los vecinos, aprobación inicial, información pública, resolver alegaciones, debatir con todos los grupos políticos. En nombre de la participación ciudadana –en buena hora se nos ocurriría incluirla en la Constitución- se demoran las decisiones. La decisión por sorpresa con inmediata rueda de prensa, y ya haremos el expediente algún día, es una fórmula mucho más expedita que la de empezar por hacer el expediente, luego aprobarlo en el Pleno y luego publicarlo en el Boletín Oficial de Navarra. ˇCuántos expedientes mueren en el camino, sin triunfal rueda de prensa, si se comete el error de debatirlos!

 

 

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