OSASUNA ES DE TODOS
Mikel Armendáriz, Victor Aierdi, Iñaki Cabasés, José Luis Campo, Ginés Cervantes, Fermín Ciaurriz, Reyes Cortaire, Jokin Elarre, Miguel Izu, Manuel Ledesma, Iosu Ostériz, Ramón Peñagaricano, José Angel Pérez-Nievas, Pedro Romeo, Javier Sánchez Turrillas, José Luis Úriz, Patxi Zabaleta
En estos tiempos la industria del espectáculo lo invade casi todo, hasta el punto de que lo que antes fue deporte, cultura, política, periodismo o arte hoy nos aparece simplemente como un contenido que se puede vender como artículo de consumo para llenar el ocio de los ciudadanos/espectadores. No extraña, por tanto, la trascendencia social y económica que ha cobrado el fútbol, hasta el punto de que la transmisión televisiva de partidos de la liga profesional haya merecido por ley la calificación de suceso de interés general cuyo acceso debe garantizarse a toda la ciudadanía.
Los clubes de fútbol nacieron principalmente como sociedades para fomentar la práctica de este deporte y unir a quienes disfrutaban de su espectáculo. Por su carácter local o regional también se han configurado como elementos de identificación grupal, como símbolos de una determinada ciudad o región a través de los cuales se expresan determinadas identidades o valores. En una comunidad tan plural (y a veces, tan dividida) en factores lingüísticos, políticos y sociales como Navarra, no es exagerado decir que el Club Atlético Osasuna es uno de los pocos elementos de identificación indiscutidos y compartidos por todos. Sin embargo, en las últimas décadas la mayoría de los clubes que participan en las competiciones profesionales se han ido convirtiendo en grandes empresas que manejan importantes recursos económicos y que forman parte de una compleja red de intereses mercantiles de la que forman parte también los medios de comunicación, en particular la televisión, los fabricantes de material deportivo, la industria de la publicidad, etc. Grandes empresas que a menudo constituyen el modus vivendi de sus dirigentes, como muestra un botón: el presidente del Deportivo de La Coruña tiene un sueldo equivalente al diez por ciento del presupuesto del club.
Tras una liga como nos tienen acostumbrados, muy competida y cargada de emoción hasta el final, la temporada futbolística concluye con las elecciones presidenciales que se van a celebrar en los últimos días de mayo en Osasuna. Un suceso trascendente para uno de los pocos clubes en los que su futuro está en manos de los socios y no del consejo de administración de una sociedad mercantil. Es responsabilidad de todos los socios elegir a la persona más capaz no sólo para dirigir con eficacia desde el punto de vista deportivo y económico un club de fútbol, sino también para representar a una de las instituciones más importantes y representativas de Navarra, que de alguna manera no es sólo patrimonio de sus socios sino de todos los navarros y navarras.
Durante la mayor parte de la historia de Osasuna sus dirigentes, a diferencia de lo que viene siendo normal en otros equipos, se han caracterizado por su independencia de los poderes políticos y económicos, por su osasunismo y apego a los colores del club, y su desinterés personal desde el punto de vista material o monetario. Características importantes en una entidad que, como ya se ha dicho, sigue siendo un club regido por sus socios y ha logrado resistirse a la conversión en una sociedad anónima con accionistas que pueden comprar o vender su control.
En el presente proceso electoral reaparece un riesgo siempre pendiente sobre Osasuna. Que determinados estamentos de influencia pública o privada, de carácter político o económico, que ya rigen los destinos de muchas otras instituciones navarras, pretendan que Osasuna pase a estar también bajo su dominio. Ya ha sucedido en el pasado que algunas candidaturas para la presidencia de Osasuna se han confeccionado en los despachos de la sede de algún partido político. Sucede en otros equipos, en que la renovación de órganos directivos forma parte de complejas operaciones políticas, económicas o inmobiliarias.
En ocasiones no son ajenos a este clima los hechos violentos que rodean el mundo del fútbol, consecuencia de la permisividad con que ciertos clubes tratan a cierta parte de los seguidores, generalmente los más violentos, porque favorecen determinados intereses creados. Cuando alguien accede a la dirección de un club de fútbol por algo más que su amor al club y la bonanza del mismo, puede generar actitudes tanto a favor como en contra que se traduzcan en un clima de enrarecimiento y de suspicacia hacia todo lo que se haga. Al final ese clima desemboca en la aparición de grupos de apoyo o contrarios que se identifican principalmente por lo que se identifica el que los ha alimentado, su falta de interés por el club y la búsqueda de otros objetivos distintos. Es lo que caracteriza a los denominados grupos ultras dentro del fútbol, a los que lo que menos les importa es el club al que dicen defender y por consiguiente el fútbol en general.
En el presente proceso electoral de Osasuna los socios van a tener la oportunidad de elegir libremente entre varias candidaturas. Confiemos en que los candidatos se olviden de intereses personales o de grupo y lo único que busquen sea mantener a Osasuna como lo que es e impulsarlo hacia metas deportivas mayores. Y que los socios tengan el acierto de elegir a quien vaya a defender mejor los intereses de Osasuna sin interferencia de poderes políticos o económicos ajenos al deporte.
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