LA
OPORTUNIDAD DEL ESTATUTO CATALÁN
Mikel
Armendáriz, Iñaki Cabasés, José Luis Campo, Ginés Cervantes, Fermín Ciáurriz,
Reyes Cortaire, Miguel Izu, Javier Leoz, Guillermo Múgica, Iosu Ostériz, Ramón
Peñagaricano y Andoni Santamaría
La
tramitación del proyecto de nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña nos ha
reunido a varias personas, de ideas diversas y algunos militando en fuerzas
políticas muy distintas, en torno a una mesa para comprobar que, pese a
discrepar en muchos aspectos sobre el tema de fondo del modelo de Estado y
sobre el actual proceso de reformas estatutarias, podíamos coincidir en unas
pocas ideas que tratamos de expresar a continuación.
En
primer lugar, coincidimos en que tras más de un cuarto de siglo desde que se
aprobó la Constitución española y los subsiguientes Estatutos de Autonomía, es
conveniente impulsar un debate sobre su reforma y adaptación a los nuevos
tiempos que vivimos, y de corregir las diversas insuficiencias que presenta el
vigente marco político. Adaptación que, en el caso de los Estatutos de
Autonomía, tiene que partir de las propias comunidades afectadas, que tienen el
derecho a decidir sobre cuál es el marco estatutario más adecuado para
satisfacer sus propias necesidades y aspiraciones.
Compartimos
también la idea de que la aprobación del proyecto de nuevo estatuto por casi el
noventa por ciento del Parlamento de Cataluña supone un ejemplo y un modelo de
debate y búsqueda de consenso entre diferentes fuerzas políticas que defienden
distintos modelos de identidad nacional, de organización territorial y de
modelo social. Creemos que el más amplio diálogo entre todas las fuerzas
políticas en la búsqueda de un marco de convivencia en el que quepan todas
ellas con sus propios proyectos es el camino adecuado para todas las
Comunidades Autónomas que se están planteando la reforma de su marco
estatutario. El consenso entre políticos debiera ser complementado también, en
la máxima medida posible, con un debate participativo y abierto a la
ciudadanía.
El
amplio apoyo que ha conseguido el proyecto en el Parlamento de Cataluña exige
que, en su tramitación en las Cortes Generales, se tenga presente la voluntad y
las aspiraciones plasmadas por los representantes de la inmensa mayoría de los
ciudadanos catalanes. Aunque el nuevo Estatuto catalán debe integrarse en un
marco político más amplio, el del conjunto del Estado español, no sería
conveniente que se le pretendiera aplicar un criterio homogeneizador según una
estructura territorial del Estado uniforme, que ni siquiera es la contemplada
ni prevista por la Constitución española, que en su Título VIII prevé la
iniciativa de las propias nacionalidades y regiones para la configuración del
mapa autonómico según el principio dispositivo.
Pensamos
que la aprobación del Estatuto de Cataluña, y la de los demás proyectos de
reforma estatutaria que se presenten, es una oportunidad inmejorable para
potenciar el debate sobre el modelo de organización territorial del Estado, que
debería en última instancia pasar por una revisión constitucional. El modelo
existente se hizo en una época y con unos condicionamientos políticos que no
son los de la actualidad. Este debate
tiene que dirigirse a buscar fórmulas que mejoren la convivencia y que mejoren
el bienestar y los derechos sociales, que potencien la democracia y el
autogobierno y el derecho a decidir de los ciudadanos de los diferentes ámbitos
territoriales.
En
nuestro debate discrepamos, como no podía ser de otro modo, sobre el concepto
de nación aplicado a Cataluña o a España, y sobre la solución a las
aspiraciones nacionales de diversos sectores sociales tanto en Cataluña como en
otros territorios. Pero en cualquier caso, también nos pusimos de acuerdo en
que cualquier reforma del marco político debe servir para convivir, para integrar
las diversas sensibilidades e identidades, y para permitir que cada cual pueda
defender su proyecto político. Asimismo, debe respetarse el derecho de cada
comunidad para poder definir su propia identidad colectiva.
Creemos
que un final feliz para la tramitación del Estatuto de Autonomía de Cataluña,
consiguiendo también el suficiente consenso en las Cortes Generales, puede
constituir la oportunidad para que en otras Comunidades Autónomas sea posible
lograr acuerdos adecuados a sus necesidades y aspiraciones. Un fracaso del
proyecto podría suponer una frustración no sólo para Cataluña sino para muchos
otros que aspiran también a una mejora sustancial de su régimen de
autogobierno.
Y cómo no, estuvimos de acuerdo en que en Navarra sería muy oportuno seguir el ejemplo catalán para abordar un debate en profundidad sobre reforma del Amejoramiento del Fuero que suscitara el mismo grado de consenso y la misma capacidad integradora que ha revelado el proyecto de nuevo Estatuto de Cataluña.
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