Cómo capear la crisis en Sanfermines

 

LOS NIÑOS, ESE PROBLEMA

 

 

         Un requisito imprescindible para pasar unos Sanfermines económicos pero disfrutando todo lo posible es pasarlos sin niños. Niños y Sanfermines pueden ser compatibles con una buena organización horaria y si a uno no le importa acudir a los espectáculos aptos para edades infantiles o específicos para ellas, que los hay muchos. Pero niños y ahorro son términos inconciliables. Quizás sea un gen con el que la evolución ha dotado recientemente a nuestra especie a fin de que los recién nacidos se adapten perfectamente a la sociedad de consumo, o quizás sea un hábito de carácter cultural que se adquiere muy tempranamente en las propias salas de la maternidad y sobre todo en las hiperequipadas viviendas de hoy. El caso es que los niños desde muy niños son vorazmente consumistas. “Quiero” y “cómprame” son de las primeras palabras que aprenden después de los consabidos “mamá” y “papá”, con lo que muy pronto están en condiciones de decir “papá, cómprame”, y sólo un poquito más tarde “abuela, cómprame” o “tío, quiero eso”.

 

         Los comerciantes conocen perfectamente esa propensión infantil a desear todo lo que ven y a suponer que los adultos disponen permanentemente de cantidades ingentes de dinero para poder adquirir cuanto vayan pidiendo. Así que van sembrando las calles de reclamos para excitar la avidez consumista de los tiernos infantes: globos, chucherías, helados, juguetes de un solo uso, megafonía que anuncia el circo, música a todo trapo para que se sepa dónde están las barracas.

 

         La mejor estrategia en relación con los niños, si queremos ahorrar, es mantenernos alejados de ellos durante los Sanfermines y si es posible mientras dure la crisis económica. Si somos abuelos y abuelas, nada de cargar con los nietos, que los aguanten sus padres. Hay que buscar cualquier excusa, compromisos sociales o laborales ineludibles, avería del motor de arranque que no será reparada hasta el día 15, inesperado fallecimiento de compañeros del colegio y viudas a las que hay que consolar. Cuando no haya otra salida, súbitos ataques de reuma o de demencia senil. Si somos tíos y tías, agenda recargadísima, trabajo, visitantes sorpresivos que nos monopolizan, resacas incapacitantes, hay que dar largas cambiadas como sea. Y por supuesto, nada de quedar con amigos con hijos pequeños salvo a horas lo suficientemente nocturnas (nunca antes de los fuegos artificiales) como para estar seguros de que vendrán sin sus vástagos.

 

         La cosa es más difícil si los niños son propios o, cuando menos, los tenemos reconocidos. El ideal es mandarlos fuera durante las fiestas, aunque como lo que queremos es ahorrar tendrá que ser a casa de los suegros en el pueblo o algo equivalente que desplace los gastos de manutención a terceros. Como segunda opción, colocarlos a abuelos o tíos que no estén poniendo en práctica las recomendaciones que se contienen en los párrafos anteriores.

 

         Puede suceder que todas las estrategias fallen y nos encontremos en plenos Sanfermines con el marrón de pasear niños, propios o ajenos, con los gastos que inevitablemente van a generar. Para esta situación límite se pueden dar algunos consejos prácticos: a) Hay que sacarlos bien comidos, cuanto menos hambre tengan menos pondrán en práctica su instinto depredador hacia comestibles perniciosos y caros, los únicos que van a pedir; a este respecto las primeras horas de la mañana o de la tarde son siempre más inocuas que las últimas; b) Si es posible, que salgan con el globo ya puesto de casa; c) Hay que infundirles desde pequeños el apego a nuestras más venerables tradiciones: procesión, ofrenda infantil a San Fermín, correr ante kilikis y zaldikos o el zezenzusko, bailables de txistu y gaita; todas son gratis; d) Si su inocencia aún lo permite hay que llevarles a la pradera sobre la nueva Estación de Autobuses y explicarles que las barracas simplemente se esfumaron; e) Subsidiariamente hay que tratar de convencerles de que hay nuevas barracas muy divertidas en las que no se paga: el ascensor de Descalzos, el ascensor de Abejeras, el ascensor de Monasterio de Irache, el tren chu-chú municipal de la Plaza del Castillo; f) Conviene cultivar su pánico ante fieras salvajes y contar historias de niños devorados por los leones del circo; g) Las atracciones infantiles de la Plaza del Conde de Rodezno también son gratis y si por un extraño casual nos perdemos de vista les cuidarán muy bien un par de horas en su servicio de niños perdidos.

 

 

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