EL MINIJOB

 

 

          El minijob pasa por ser un invento alemán pese al nombre inglés; minijob es más fácil y recordable que geringfügige Beschäftigung, que se puede traducir por empleo menor pero también por empleo marginal, lo que resulta muy sugerente, como también es muy sugestivo que el nombre nos evoque al santo Job, paradigma de la resignación. Se atribuye el impulso del minijob a las recomendaciones sobre reforma del mercado laboral alemán de la Comisión Hartz, nombre también más sencillo de decir y recordar que el de Kommission für moderne Dienstleistungen am Arbeitsmarkt, creada en 2002 por el canciller Gerhard Schröder y presidida por su amigo Peter Hartz, un brillante directivo de Volkswagen que tuvo que dimitir precipitadamente para sentarse en el banquillo de los acusados por un pequeño escándalo de corrupción, desfalco y favores sexuales por el que fue condenado a dos años de prisión (pena suspendida) y 576.000 euros de multa.

 

          El minijob es un miniempleo, como dice la Fundación del Español Urgente que hay que llamarlo, o un minicurro, que también lleva aparejado un minisueldo y quizás, no se garantiza, una minijubilación. Parece ser que es una de las claves del éxito de las estadísticas de desempleo en Alemania; en lugar de parados tienen muchos miniempleados –unos ocho millones- que trabajan 15 horas semanales por unos 400 euros al mes con los cuales se ganan una minivida con miniderechos sociales. Es una inteligente manera de repartir la pobreza que también el Gobierno de Navarra anunció que quería implantar contratando a dos personas para cada puesto de modo que se repartieran la jornada y el sueldo (no sabemos si compartirán la ropa en los puestos donde se exige un vestuario obligatorio), pero parece que no para cualquier puesto; no se espera tener ni miniconsejeros del Gobierno ni minidirectores generales.

 

          Teniendo en cuenta las estrechas relaciones de Volkswagen con Navarra no sería nada sorprendente que la idea original del minijob hubiese sido tomada por los alemanes de aquí mismo, aunque por esas cosas del destino haya acabado volviendo de rebote como invento ajeno. En sanfermines hace mucho tiempo que están inventados los minijobs. De qué otro modo podríamos calificar, por ejemplo, el que tienen los pastores del encierro. Una carrera de unos dos minutos cada mañana entre los corralillos de Santo Domingo y la Plaza de Toros, aunque cada pastor solo hace la mitad del recorrido ya que los toros corren demasiado para mantener su velocidad. O sea, un minijob totalmente foral, repartido entre dos. Pero, obviamente, el de los pastores no es el único minijob sanferminero. Hay una legión de ellos. Más o menos la misma duración de jornada laboral deben de tener los dobladores del encierro. Mientras que sabemos que muchos otros de los que trabajan alrededor de ese fugaz espectáculo mañanero luego, a lo largo del día, siguen prestando sus servicios en otros lugares (policías, médicos, técnicos sanitarios, carpinteros, fotógrafos, periodistas, y un largo etcétera), está claro que una vez encerrados los toros en los corrales de la Plaza la función del pastor o del doblador desaparece por completo hasta la mañana siguiente. Un poco más larga, pero también mini, es la jornada laboral de los mulilleros, areneros, torileros, alguacilillos, timbaleros, monosabios, porteros y demás empleados que actúan en la Plaza de Toros durante las corridas. Sabemos que los toreros, los mozos de espadas, los mayorales, los caballos de los picadores, acabada la faena en Pamplona se lanzan a la carretera y continúan con su trabajo en otras plazas a lo largo de toda la temporada y, algunos, cuando acaba la temporada europea (España y Francia) continúan con la temporada americana (México, Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador). Pero el torilero o el alguacilillo no les acompañan, por naturaleza lo suyo es el minijob.

 

          El concepto, pues, estaba al alcance de cualquiera y retransmitido por televisión a todo el mundo. Mientras que la mayoría del público que veía el encierro se fijaba solamente en los toros y en los corredores, en las embestidas y en las cornadas, quizás hubo alguien más clarividente que se fijó en los que corrían, provistos de varas, detrás de los toros y de los cabestros y que se preguntó por su régimen laboral. Y tirando del hilo apareció el minijob. Así suelen surgir muchos inventos, cuando alguien repara, y se pone a pensar sobre sus posibilidades, en algo tan obvio que pasa inadvertido para el común de los mortales.

 

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