MANIFIESTO POR LA LENGUA ÚNICA

 

 

Desde hace algunos años hay crecientes razones para preocuparse en nuestro país por la situación institucional de la lengua castellana. Los nacionalistas vinculan sus proyectos separatistas de España a la imposición de las lenguas regionales y a la marginación e incluso liquidación del español, única lengua común de nuestra patria.

        

En particular, dentro del separatismo vasco hay quienes vienen reclamando la posibilidad de desarrollar por completo la vida en lengua vasca, reclamando un supuesto “derecho a vivir en euskara”. Para garantizar tal cosa exigen que los que todavía no saben euskara lo aprendan y lo utilicen y se establezca “una Euskal Herria euskaldun”. En suma, que los hipotéticos derechos lingüísticos de los vascoparlantes pasan por imponer a todos los demás ciudadanos el uso de su lengua, convirtiéndola en realidad en la lengua única de su imaginada patria con exclusión del castellano.

        

Tenemos que reconocer que los separatistas vascos aciertan en uno de sus diagnósticos. No es posible constituir una sociedad desarrollada, y menos una nación unida, sin la base de una lengua común; y el derecho de los hablantes de una lengua exige imponer su uso a los demás. Su error es pretender hacer pasar por lengua única lo que no es sino una lengua regional y minoritaria, cuyo uso histórico se ha restringido a la población rural no alfabetizada, que no ha sido lengua de cultura y que hoy se intenta hacer pasar por tal mediante la imposición de un artificial dialecto unificado que aniquilará a sus auténticas variantes tradicionales. Por ello es imprescindible, frente a la imposición de la lengua única que pretenden los separatistas como instrumento para la fragmentación de España, reafirmar la necesidad del castellano o español como lengua única que asegure la unidad de patria.

        

Hay quienes legítimamente preocupados por el desafío que suponen los nacionalismos desintegradores y las políticas lingüísticas que están imponiendo en las comunidades autónomas que gobiernan han lanzado su voz de alarma a través de un manifiesto en defensa de la lengua común. Documento sin duda bienintencionado, pero alicorto y acomplejado. En aras de la corrección política que la progresía desespañolizadora ha venido imponiendo incluso en el texto constitucional, el manifiesto traga con demasiadas concesiones a un mal entendido pluralismo cultural. Asume el falaz principio de que todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido, como si pudieran ponerse al mismo nivel lenguas rústicas, residuos de la historia y carentes de la posibilidad de ser utilizadas en cualquier ámbito intelectual o científico, con una lengua universal como el español. Reconoce derechos abusivos de los ciudadanos que hablan otras lenguas a recibir educación y ser atendidos por la administración en ellas, e incluso acepta el principio de rotulación bilingüe de espacios públicos, lo que podría llevar a que incluso en Navarra, la región que más heroicamente viene conteniendo la amenaza separatista, se sustituya la actual rotulación monolingüe en castellano que afortunadamente es predominante.

        

Es necesario actuar sin dudas ni complejos y llevar a sus últimas consecuencias las exigencias de preservación del castellano como la única lengua juntamente oficial y común de todos los españoles. Tomemos ejemplo de nuestros vecinos franceses, que han mantenido hasta el presente (aunque sufren hoy también el acoso nacionalista y la tentación de ceder a sus exigencias lingüísticas) el francés como única lengua de la República. Por consiguiente los abajo firmantes solicitamos del Parlamento español una normativa legal del rango adecuado, incluida la reforma constitucional, para fijar inequívocamente los siguientes puntos:

 

1. La lengua española o castellana es la única oficial en  todo el territorio nacional.

 

2. Todos los ciudadanos tienen el derecho y sobre todo el deber a ser educados en lengua española.

 

3. Las lenguas regionales pueden figurar en los planes de estudio de sus respectivas comunidades y ser objeto de fomento junto a otros elementos culturales y folklóricos, pero nunca como lengua vehicular. Podrá utilizarse como lengua vehicular el inglés para asegurar el dominio de esta lengua de comunicación internacional.

 

4. Cualquier ciudadano español tiene derecho y deber a ser atendido institucionalmente en la única lengua oficial. Para los ciudadanos extranjeros que no tienen la suerte de conocer el español se establecerán los correspondientes servicios de atención en otras lenguas civilizadas, preferentemente el inglés.

 

5. La rotulación de los edificios oficiales y de las vías públicas, las comunicaciones administrativas, la información a la ciudadanía, se hará siempre en español. Se hará también en inglés u otras lenguas cultas en las zonas turísticas o en servicios que utilicen también los ciudadanos extranjeros.

 

6. Todos los representantes políticos, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán únicamente en sus funciones institucionales la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero.

 

Se invita a todos los españoles de bien hartos de paños calientes, eufemismos y sutilezas, amantes de decir las cosas claras, a adherirse a esta iniciativa.

 

(Este texto publicado en el Diario de Noticias no ha sido comprendido por algunos lectores que se han indignado con su contenido. La intención del autor, en tono de ironía, era hacer una versión paródica del “Manifiesto por la lengua común”. Parece que erró el tiro y que hay gente dispuesta a tomarse en serio cualquier salvajada).

 

 

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