MALOS HUMOS

 

 

Afortunadamente el Gobierno de España parece que va a corregir el tremendo error que cometió hace cuatro años con la ley del tabaco. Se abandonará esa idea majadera de que puede haber bares y restaurantes para fumadores y bares y restaurantes para no fumadores, y se prohibirá fumar en todos, que es lo que debiera haber hecho desde el principio.

 

A la idea ya se han opuesto con un fervor digno de mejor causa los hosteleros. Parece que están empeñados en convertirse en la reserva espiritual del tabaquismo en Occidente. Alguno de sus argumentos tiene cierto fundamento, como su queja por las inversiones que tuvieron que hacer para adaptarse a la ley y separar espacios y que con la anunciada reforma dejarán de tener sentido. Efectivamente; esa mínima proporción de hosteleros que hicieron las obras deberían ser indemnizados después de una operación de búsqueda e identificación (¿alguien conoce algún bar de Pamplona que separó espacios? Por favor, díganmelo para ir a conocerlo antes de que desaparezca). Tampoco nos va a salir muy caro a los contribuyentes. Pero la mayoría de sus argumentos carecen de la más mínima base. Las enormes pérdidas económicas y la desaparición masiva de puestos de trabajo ya fueron anunciadas por otros agoreros en los países que han ido introduciendo la medida en los últimos años. Luego resulta que no ha pasado nada; que los bares en Irlanda, Reino Unido o Italia siguen funcionando igual o mejor.

 

Me da que los hosteleros, de tanto trajinar al otro lado de la barra, no se enteran de lo que sucede a este otro lado, el de la clientela, como no se enteraron nuestros legisladores con esa idiotez de dividir los locales. Parecen creer que nuestra sociedad se compone de familias de fumadores y familias de no fumadores; las primeras cuando salen a celebrar un cumpleaños van a un restaurante con zona de fumadores; las segundas hacen lo propio en un comedor para no fumadores; y todos tan felices. También las cuadrillas de amigos se dividen con tan sabio criterio; las cuadrillas de fumadores que han quedado para tomarse unos potes acuden a los bares de fumadores, donde se encuentran con otras cuadrillas compuestas exclusivamente por fumadores, y disfrutan todos ellos en común del placer de crear y compartir un cálido ambiente con su buena concentración de nicotina y monóxido de carbono. En cambio las cuadrillas de no fumadores acuden a los bares de no fumadores, donde se relacionan con otras cuadrillas de su especie, y todos juntos disfrutan de respirar únicamente oxígeno y nitrógeno sin humo de tabaco. Por otro lado, los fumadores trabajan en empresas donde todos son fumadores. Así que cuando salen a echar ese café de media mañana, o esa caña después del trabajo, o cuando celebran una comida o cena prenavideña, no tienen problema en elegir una cafetería, un bar o un restaurante para fumadores. Los no fumadores trabajan en empresas de no fumadores, y no tienen problemas en hacer otro tanto acudiendo a locales sin humo.

 

Efectivamente, estimado lector, todo esto es una sandez y la realidad no es así. La realidad es que los fumadores están infiltrados en casi todas las familias, las cuadrillas de amigos y centros de trabajo, hasta tal punto de que los no fumadores prácticamente no existen, lo que existen son fumadores y fumadores pasivos, porque los que no queremos fumar no tenemos más remedio que hacerlo de vez en cuando al compartir espacios con humo. Y esa es la razón del fracaso de esa ley que pretendía que los locales de hostelería optasen entre ser para fumadores o para no fumadores. Los bares que pretendieron la segunda opción fracasaron; pero no porque, como parecen creer en su ignorancia los jerifaltes de los hosteleros, su clientela fuera mayoritariamente de fumadores que desertaron ante la imposibilidad de fumar. En realidad, como dicen las estadísticas oficiales la mayor parte de la población y la mayor parte de la clientela de la hostelería está constituida por sufridos fumadores pasivos que desean ser no fumadores. Lo que sucede es que los fumadores tienen mucho morro. Exigen acudir a bares donde se pueda fumar; a restaurantes donde se pueda fumar; a cafeterías donde se pueda fumar; y exigirían ser tratados en hospitales donde pudieran fumar si se les diera la opción.

 

Los fumadores pasivos somos blandos. Con tal de no romper la amistad, o el compañerismo, o los lazos de sangre, transigimos. Les acompañamos a beber a los bares de fumadores y a comer a los restaurantes de fumadores. Soportamos que en la aplicación de la ley del tabaco (una ley hecha supuestamente para protegernos) nos tomen por el pito de un sereno. Soportamos cosas como que (lo que viene a partir de aquí son hechos rigurosamente reales) si vamos a cenar un grupo de amigos donde los fumadores son exigua minoría, estos reserven en el comedor de fumadores sin dar la mínima opción a discutirlo. Soportamos que si no les ha funcionado la jugada y estamos cenando en un comedor de no fumadores, la camarera les autorice a fumar después de la cena con la excusa de que casi no queda nadie en el restaurante. Soportamos reservar mesa en el comedor de no fumadores y que al llegar el camarero nos informe que esa noche, como había poca clientela, solamente han abierto el comedor de fumadores. Soportamos reservar en el comedor de no fumadores y conseguir ocupar nuestra mesa, y que nuestros amigos fumadores se pongan a fumar con el argumento de que los camareros no les han dicho nada. En todos esos casos soportamos; renunciamos a pedir la hoja de reclamaciones en el restaurante,  renunciamos a montar un escándalo que nos impedirá volver, renunciamos a denunciar a nuestros amigos ante la autoridad competente, renunciamos a romper con los amigos.

 

Así que nos han obligado a ello. Para poder seguir manteniendo la amistad, o las buenas relaciones y el compañerismo con los colegas del curro, o las buenas maneras con el resto de la familia, nos hemos amotinado. Aprovechando que la mayoría de los votantes, que la mayoría de nuestros representantes, somos o queremos ser no fumadores, vamos a hacer una ley prohibiendo fumar en los espacios compartidos. No tendremos que cabrearnos más y salvaremos nuestras relaciones sociales.

 

Hosteleros, tranquilos. Ahora serán ellos, los fumadores, los que se tengan que resignar. Algunos refunfuñarán y se resistirán (otros son inteligentes y educados y aceptan la ley), y a lo mejor los primeros días dicen que prefieren quedarse en casa, pero seguirán yendo a los bares y a los restaurantes. Y, sobre todo, los que más de una vez nos hemos ido de un bar porque no aguantábamos el humo, nos quedaremos y haremos más gasto; y mucha gente que no va a los bares porque no aguanta el humo, empezará a ir; y  muchos padres que no van porque no quieren ahumar a sus niños, también. Y lo que os vais a ahorrar en ceniceros...

 

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