LO QUE ES Y LO
QUE NO ES
Cuentan que el mapa del tiempo de ETB vuelve a cambiar, en su primer encuadre se limitará a la Comunidad Autónoma del País Vasco y luego la cámara ampliará el zoom y aparecerá el territorio de Navarra y demás comunidades limítrofes. Dicen que se trata de borrar definitivamente la anterior imagen de los siete territorios y hacer una reafirmación de lo que es la Comunidad Autónoma y de lo que no es (loable propósito, así se inicia la sabiduría, aprendiendo a distinguir lo que es de lo que no es). Otro cambio polémico por cuestiones que no tienen que ver sólo con la meteorología.
¿Cuál es el ámbito
territorial sobre el que hay que ofrecer la información meteorológica? Sería
lógico referirlo a la geografía física, a las regiones climáticas, y uno tiene
un vago recuerdo de que hace muchos años en TVE daban un mapa dividido más o
menos por cuencas hidrográficas, la mayor parte de Navarra quedaba en el valle
del Ebro y la zona noroeste en la región cantábrica. Parece que las cosas no
van por ahí y se impone la geografía política; así que en cualquier medio de
comunicación el territorio de Navarra aparece perfectamente delimitado y
separado de los territorios vecinos al tiempo que interiormente unido, por más
que sepamos que la previsión meteorológica de Bera no suele tener nada que ver
con la de Cortes y poco con la de Pamplona, que en Betelu tendrán un tiempo
similar al de Lizartza, mientras que en Viana se parecerá mucho al de Logroño y
en Sangüesa al de Sos del Rey Católico.
Usualmente
nos ofrecen unos mapas perfectamente fragmentados con criterios políticos por
no decir nacionales o nacionalistas; lo que queda dentro de unas determinadas
fronteras o límites aparece convenientemente provisto de nubes, soles y grados
centígrados, y lo que queda fuera queda en blanco, como si allí no existieran
fenómenos meteorológicos. Claro que la realidad se impone; después del mapa
políticamente correcto en función de la cosmología identitaria de quien lo
traza, perfectamente ajustado a los límites de la provincia/territorio
histórico/herrialde (táchese lo que no interese), la comunidad
autónoma/nación/nacionalidad/región (táchese lo que no interese) o el
Estado/nación/país (táchese lo que no interese), no queda más remedio que abrir
el zoom para ver qué hay más allá. Podemos dejar en blanco la zona del mapa
donde está Portugal, pero los vientos, las lluvias y los anticiclones tienen la
mala costumbre de venir desde las Azores para aquí. Como los navarros a falta
de playas propias solemos ir a las guipuzcoanas o a las de Francia/Iparralde
(táchese lo que no interese), nos viene
bien que nos hagan el zoom por esas zonas. Y como a los españoles/ciudadanos
del Estado (táchese lo que no interese) a veces nos da por viajar tampoco nos
va mal un zoom para saber qué tiempo va a hacer en París, Londres o Roma.
El
primer encuadre, por tanto, no sirve tanto para que nos informen del tiempo que
hace y hará sino sobre lo que es y lo que no es; lo que es la entidad política
a la que se vincula el medio de comunicación por razón de titularidad, de
concesión, de subvención, de tributación o de vasallaje. Y ya el segundo
encuadre nos permite tener toda la información meteorológica, incluida la que
afecta a lo que no es. En suma, se trata de una importante función pedagógica
ejercida con notable entusiasmo por unos y por otros. En lo que afecta al mapa
de ETB, antes por quienes creen tan firmemente en la realidad nacional de una
Euskal Herria constituida por siete territorios perfectamente distinguible de
los Estados español y francés adyacentes/invasores que consideraban su deber
hacérselo saber así al resto del mundo delimitándola con claridad en el mapa, y
ahora por quienes creen no menos férreamente en la realidad de una Comunidad
Autónoma española perfectamente distinguida y distinguible de las comunidades
autónomas y provincias españolas vecinas y de los departamentos franceses
también vecinos e igualmente se consideran no menos obligados a comunicarlo a
los cuatro vientos (y nunca mejor dicho ya que hablamos, aunque no sólo, de la
meteorología).
Algo
parecido que con los mapas sucede con las palabras. Lo que es debe ser
designado por una palabra; lo que no es no merece contar con un vocablo que lo
describa. Y a la inversa; lo que tiene nombre es, lo que no tiene nombre no es
(izenik ez duena ez da, es un dicho
vasco). Por eso algunos se niegan a que exista la expresión Euskal Herria. No
existe tal cosa, es una entelequia, no debe utilizarse para que quede claro que
nunca ha habido ni habrá una nación vasca que absorba a Navarra. Así que si el
Gobierno Vasco se empeña en utilizarla en sus libros de texto hay que
impugnarlo para que los tribunales ordenen su expurgación de la realidad. Da
igual que incluso gente poco sospechosa de separatismo como el PP del País
Vasco o el PSE-PSOE pretendan que sólo tiene un sentido cultural. Eliminada la
palabra, se elimina el riesgo de que cobre realidad cualquiera de las cosas que
pueda representar. Es una actitud que refleja como en un espejo –al revés pero
con toda fidelidad- la de quienes se niegan a utilizar la palabra España. La
mejor manera de negar que exista España, que haya habido o haya una nación
española, es no nombrarla. Así que mejor decir Estado español, o solamente el
Estado (porque español no quiere decir otra cosa que “de España”, así que es
otra forma de mencionar la bicha).
Pero, como con los mapas, la realidad impone hacer zoom. Se puede desterrar la palabra que no gusta porque encierra, o puede encerrar, o hay riesgo de que encierre, un significado que se rechaza. Pero la cosa que designa, o al menos una de las cosas que designa, sigue ahí. Se puede abolir el significante, pero ello no extingue el significado. Euskal Herria originalmente nombraba el país o las tierras donde se hablaba la lengua vasca y la gente que lo hacía. Esas tierras siguen ahí, aunque haya menguado el porcentaje de población que hable la lengua, y los hablantes también están ahí. Algún nombre habrá que darles, incluso por quien no crea que constituyan una nación con derecho a constituirse en Estado independiente. Tampoco nadie supone que el conjunto de tierras y personas que habla la lengua castellana/española (táchese lo que no interese) constituya una nación, pero hay que denominarlo de algún modo, y para eso se inventó el término Hispanidad. Lo propio sucede con la lengua francesa y la Francophonie, la portuguesa y la Lusofonia, y hasta para la lengua inglesa que se hallaba huérfana de una expresión equivalente se ha inventado en las últimas décadas la Anglosphere. Las tierras que los romanos llamaron Hispania hace muchos siglos también tienen vocación de seguir ahí una temporada más, haya un Estado constituido sobre ellas, no lo haya o haya varios. Sustituir España por Estado español para cualquier uso es inexacto e impreciso; lo primero es un país o territorio, lo segundo una organización política y administrativa. Decir los abogados del Estado para no decir los abogados españoles es confuso; los primeros son unos funcionarios públicos que trabajan para la organización estatal, los segundos son unos profesionales que ejercen en el territorio español, pero no trabajan necesariamente para el Estado. Tampoco es lo mismo decir montes de España que montes del Estado; los primeros son todos lo que están situados por designio de la madre naturaleza en el territorio español; los segundos únicamente aquellos cuya titularidad dominical corresponde al Estado y son administrados por sus autoridades. Y así sucesivamente. Claro que para evitar los términos abominados podemos decir “montes de titularidad privada en el territorio del Estado español”, igual que podemos decir “territorios de la Comunidad Autónoma del País Vasco y de la Comunidad Foral de Navarra en España y del Departamento de los Pirineos Atlánticos en Francia donde históricamente ha habido población que habla vascuence”. Perfecto, salvo que para comunicar con quienes practiquen tan firmes convicciones identitarias habrá que tener mucho tiempo disponible para largas conversaciones y estar dispuesto a leer extensísimos textos. Todo sea por proclamar que España/Euskal Herria (táchese lo que no interese) no existe.