JESÚS EN LA NAVIDAD

 

 

         Jesús de Nazaret regresó a la Tierra, como estaba anunciado, y lo hizo por Navidad. Se presentó nuevamente en Belén, en la Basílica de la Natividad, y viendo la gran concentración de gente que había en la Plaza del Pesebre echó a todos los que vendían y compraban allí, derribando las mesas de los vendedores de recuerdos y los puestos de los guías turísticos y arrancando las luces navideñas. Y les decía: "está escrito: mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones". Fue reducido a golpes por unos monjes ortodoxos y entregado a la policía palestina. Al saberse que estaba detenido un judío fue inmediatamente reclamado por las autoridades israelíes.

 

         Al ser recibido con todos los honores en Jerusalén oeste tomó la palabra para decir: "bienaventurados los pobres de espíritu, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos; bienaventurados los mansos, porque heredarán la Tierra; bienaventurados los que lloran, porque serán consolados; bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados; bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.; bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios; bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Fue inmediatamente abucheado y las autoridades entendieron que semejante discurso pacifista era una crítica a la política israelí y al bombardeo de Gaza que se estaba iniciando y decidieron su inmediata expulsión de Israel por actividades subversivas y antisemitas.

 

         Jesús se dirigió a Roma y se plantó en la Basílica de San Pedro. A quienes acudían a la misa solemne de Navidad con sus mejores galas empezó a decirles: “cuando oréis no hagáis como los hipócritas: les gusta orar de pie en las iglesias y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Os aseguro que ya tienen su recompensa; vosotros, en cambio, cuando oréis, retiraos a vuestra habitación, cerrad la puerta y orad a vuestro Padre que está en lo secreto; y el Padre, que ve en lo secreto, os recompensará”. Dado que estaba generando un tumulto entre el público fue conducido a las dependencias interiores y en presencia de los eminentísimos, excelentísimos y reverendísimos padres y señores que se disponían a oficiar la liturgia afirmó: “no os hagáis llamar maestro, porque no hay más que un Maestro y todos vosotros sois hermanos; a nadie en el mundo llaméis padre, porque no hay sino uno, el Padre celestial; no os dejéis llamar tampoco doctores, porque sólo hay un Doctor, que es el Mesías. El más grande de vosotros será el que sirva, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado", y añadió: "os aseguro que los homosexuales, los laicistas y los excomulgados entrarán antes que vosotros al Reino de Dios”. Ante semejante provocación fue desalojado por la guardia suiza y expulsado del Vaticano.

 

         Siguiendo su peregrinar en busca de un lugar donde fuera escuchado recorrió otras ciudades y las mayores concentraciones humanas que halló por todas partes fue en los centros comerciales donde todos se afanaban en sus compras navideñas. Así que acabó en uno de ellos situándose junto a una sucursal bancaria, tomó la palabra y dijo: “el que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo”; "os aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos. Sí, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos", y siguió diciendo: “nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero”. Los responsables del banco se quejaron de que estaba impidiendo el acceso al cajero automático, varios comerciantes protestaron contra el alboroto que estaba formando y los guardas jurados lo arrojaron a la calle. Allí siguió clamando: “habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, rogad por vuestros perseguidores; así seréis hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si amáis solamente a quienes os aman, ¿qué recompensa merecéis? ¿No hacen lo mismo los pecadores?”. Se concentraron a escucharle varios pordioseros y curiosos que aplaudieron sus palabras. Unos vecinos llamaron a la policía municipal para denunciar la alteración del orden público, el concejal de guardia a raíz de otra llamada de la empresa patrocinadora se preocupó de que aquello interfiriera con los actos de animación navideña y dinamización cultural que estaban programados en el bulevar junto a la zona comercial y que iban a iniciarse con un discurso del alcalde, así que acudieron los agentes municipales para pedir la documentación y preguntarle a Jesús y sus improvisados discípulos si tenía licencia para desarrollar actividades en la vía pública. Al estar sin papeles lo condujeron junto con otros indigentes al cuartelillo donde le leyeron sus derechos y le preguntaron  por su nacionalidad y sobre si tenía familia. Él respondió: "¿Quiénes son mi familia?” Y señalando con la mano a sus compañeros de cautiverio agregó: "Estos son mi familia. Todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre". Lo remitieron a una evaluación psiquiátrica en un centro de internamiento de inmigrantes ilegales mientras se investigaba a qué país se le debía deportar. Como son navidades y muchos funcionarios están de vacaciones, probablemente todavía debe estar esperando que se tramite su expediente.

 

 

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