IMPULSEMOS
EL PROCESO DE PAZ EN NAVARRA (II)
Por
el Foro Iruña: Helena Berruezo, Iñaki Cabasés, Ginés Cervantes, Fermín
Ciáurriz, Reyes Cortaire, Miguel Izu, Javier Leoz, Guillermo Múgica, Iosu
Ostériz y José Luis Úriz.
Navarra,
la ciudadanía navarra, no puede estar ausente del proceso de paz. La violencia
nos ha golpeado igual que ha golpeado en otros territorios; hemos sufrido la
misma ausencia de libertad y los mismos conflictos generados en torno al
terrorismo. Compartimos la misma necesidad de que avance un proceso de
pacificación y de normalización de nuestra convivencia. No es un problema de
otros, no es una cuestión ajena.
Navarra,
como ámbito político, como espacio de convivencia, y como escenario también de
confrontación de diversos proyectos políticos, debe estar presente y debe
participar en ese proceso. No como sujeto pasivo o paciente, ni como precio de
ninguna transacción. Debe reivindicar su participación en la misma medida que
otros actores también afectados y debe hacerlo para evitar que sean otros
quienes tengan la tentación de decidir por nosotros, da igual en qué sentido.
Todas
las fuerzas políticas navarras han coincidido en reclamar el derecho al
autogobierno de los navarros y las navarras, aunque discrepen luego en la forma
en que deba ser ejercido ese derecho a decidir sobre los asuntos que les
afectan. No cabe invocar la personalidad de Navarra, basada precisamente en sus
instituciones de autogobierno, para poner un límite ficticio a las
posibilidades de decidir de la ciudadanía navarra. Los ciudadanos de nuestra
comunidad tienen derecho, a través de sus instituciones y de sus
representantes, y en su caso directamente en las urnas, a participar en el
proceso de paz. Tienen derecho a opinar y tienen derecho a tomar parte en las decisiones
que se puedan adoptar para afianzar la normalización política. Tienen derecho a
decidir su futuro y a definir libremente las relaciones que quieran mantener
con sus vecinos. Si nosotros no decidimos, tenemos el riesgo de que otros
decidan en nuestro lugar.
No
debemos tener miedo a que se hable de Navarra en cualquier ámbito en el cual se
debata sobre el proceso de paz. Sea en las Cortes Generales, en el Parlamento
Europeo o en cualquier otro foro. Que se hable, que se hable de todo lo que
haya que hablar y por todos quienes tengan que hablar. El diálogo, sin
imposiciones y sin límites, es la base de la democracia. Pero al final, la
decisión sobre Navarra únicamente nos puede corresponder a los navarros. Más
valdrá que estemos presentes allá donde se trate del proceso de paz para
mantener este principio irrenunciable.
Y no
debemos permitir que se siembre el miedo en Navarra en unos momentos en que
debiera sembrarse la esperanza. Resulta paradójico que, cuando en unos meses
los navarros por primera vez en la historia parece que van a poder votar para
elegir sus representantes sin sufrir la amenaza próxima y directa del
terrorismo, van a acudir a las urnas tras cuatro años sin muertes por el
terrorismo, haya quien esté empeñado en el discurso del miedo. Alguien puede
estar tentado de creer que debe temerse más al fin del terrorismo que a su
pervivencia.
Navarra
debe enfrentar su futuro con optimismo en relación al proceso de paz. Nos
interesa más que a nadie que en los próximos años podamos debatir en paz y
libertad qué queremos ser y cómo queremos vivir. Qué gobernantes queremos
elegir para que trabajen por nuestra comunidad. Sin imposiciones ni amenazas
por parte de nadie. Que podamos confrontar pacíficamente los diversos proyectos
políticos que existen entre nosotros, y que podamos buscar las mejores
soluciones para asegurar la convivencia de las distintas manifestaciones de la
identidad plural y diversa de Navarra.
Por todo ello creemos que, también en Navarra, debemos impulsar el proceso de paz. Todas las fuerzas políticas, todas las instituciones, y la ciudadanía toda, porque es mucho lo que está en juego.
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