Las heridas del pasado

    

Por el Foro Iruña: Mikel Armendáriz, José Luis Campo, Ginés Cervantes, Conchita Corera, Reyes Cortaire, Ioseba Eceolaza, Guillermo Múgica, Iosu Ostériz y José Luis Úriz

 

Todas las sociedades tienen su memoria, su imaginario colectivo. Unas veces está más copada por una versión oficial interesada que frivoliza los episodios trágicos, otras sin embargo esta memoria o versión oficial se adecua a los tiempos actuales para, no sin problemas, acercarse también a las voces críticas del pasado. Se hace una especie de puzzle de memorias que facilitan que toda la ciudadanía, o por lo menos la mayoría, se reconozca en esa memoria colectiva que se trasmite, por ejemplo, en el sistema educativo.

 

En nuestra sociedad, tras el franquismo se pasó página sin más, como si nada de lo anterior hubiera pasado. Como si la sociedad española no hubiera sufrido una guerra civil, ni miles de fusilamientos, ni una cruenta dictadura. La naciente democracia colmó la ofensa a las víctimas que comenzó el franquismo.

 

Tras sufrir una larga lista de penurias, a los familiares de los fusilados se les dijo que era necesario olvidar, que era mejor mirar para otro lado, que no convenía abrir entonces heridas. Ahora, desde algunos sectores, se les dice que es tarde ya, que todo ha pasado. Es decir, en la transición era pronto ahora sin embargo es tarde, por eso nosotros y nosotras seguimos reivindicando que es el tiempo de las víctimas, de los olvidados de una historia parcial que dejó a un lado el sufrimiento de unos familiares hartos ya de tener que ocultarse.

 

Reivindicamos por lo tanto una memoria histórica humanitaria, porque son los derechos humanos lo que nos preocupa, porque es la sensibilidad lo que nos ocupa. Por eso consideramos que no podemos cerrar en falso, es necesario cerrar las heridas que aún siguen abiertas, esas víctimas actualizan su sufrimiento permanente durante 70 años porque no se aborda de una vez la reparación, no porque tengan afán de venganza. No es el odio lo que les mueve, es la humana obligación de luchar por la memoria ocultada de los suyos lo que les hace seguir reivindicando.

 

Somos conscientes de que es un tema complejo, por supuesto, y que tiene un componente subjetivo. Pero tenemos claro que la democracia española tiene que deslegitimar para siempre el golpismo y la violencia para fomentar una cultura del respeto al pluralismo ideológico y a la tolerancia. La memoria histórica nos brinda la oportunidad para que la sociedad actual fundamentemos una serie de valores y así asentar la democracia sobre un suelo más estable en lo ético.

 

Consideramos que tenemos una catarsis por hacer, para que el tránsito a la modernidad no siga pendiente. Porque tenemos que liberarnos de las cadenas de un pasado al que no le hemos hecho frente y que nos impide andar con pies de plomo sobre el camino del progreso. Porque ese acto de justicia pendiente es reparador y es un elemento sanador del tejido social.

 

Desde esa visión queremos fijar una serie de criterios que a nuestro entender es necesario tener en cuenta. En primer lugar, como ya se ha apuntado, es necesario construir una memoria histórica humanitaria, desde la solidaridad hacia las víctimas, desde las enseñanzas de esos episodios, apostando por el nunca más y para nadie aquellos horrores, criticando los episodios violentos que, lamentablemente, tuvieron lugar en el bando republicano. Pero sin caer en la equidistancia, por que sabemos que la magnitud de la represión franquista es incomparable, no sólo por el número de fusilamientos, sino sobre todo porque la represión del bando franquista era una represión sistematizada, que se alargó cuarenta años, y que condenó a los familiares de esos fusilados republicanos a una crueldad inhumana, en Navarra por ejemplo sin bandos enfrentados, sin trincheras fueron ejecutadas más de 3.300 personas. De ahí que sea necesario abordar de frente las exhumaciones, la retirada de los símbolos franquistas o las anulaciones de los juicios franquistas, por que es la impunidad lo que sobre todo se opone a la memoria democrática.

 

Frente a la ofensa continuada de una ley de la memoria histórica que no se atreve a hablar claro de lo que ocurrió, reivindicamos el poder de las voces anónimas en la lucha a favor de la justicia social, la libertad y la igualdad. Abanderamos todas esas voces que desde el exilio, interior y exterior, trabajaban por derrocar un régimen dictatorial por ejemplo, con una radio, una troqueladota o una pluma.

 

Nos sentimos cerca de todas esas mujeres que tuvieron que resistir ante un duelo negado, ante los paseos con el pelo rapado o ante los insultos de una sociedad callada y miedosa. Viudas, hermanas y madres que se echaron a la familia a sus espaldas para seguir, aún que sea, sobreviviendo con poco pero con la cabeza alta.

 

Con el coraje y la fuerza de esas mujeres pretendemos alimentar una historia capaz de transmitir la necesaria ética frente a unas víctimas cansadas, tal vez, de recibir una y otra vez apoyos parciales. Por eso, precisamente por eso, escribimos a favor de una Ley de la Memoria Histórica valiente, que no cierre en falso y ya está, por una ley que se arriesgue a favor del futuro, de un futuro sin ese baldón del que nadie se atrevía a hablar hasta hace bien poco. Y en esa tarea todas las instituciones, especialmente el mundo universitario, deben arrimar el hombro para dar luz a cientos de historias personales y colectivas olvidadas en cunetas, montes y archivos.

 

Queremos memoria para rescatar la verdad.

 

 

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