INDÍGNATE CON LOS GUIRIS
Lejos de mí cualquier atisbo de xenofobia. No practico la aversión
hacia cualquiera simplemente por ser foráneo, algo totalmente antisanferminero.
Por el contrario, tenemos extranjeros que han sido canonizados civilmente en
Pamplona por su aportación a la fiesta, como Hemingway, recibimos con ilusión a
distinguidos visitantes que vienen allende los océanos, hay extranjeros
abonados a la Feria del Toro que son socios de peña y cada vez más tenemos
entre nosotros vecinos que vinieron de otros países a buscarse la vida y que
hay que integrar entre todos. No, no hablo de extranjeros sino de guiris,
guiris sanfermineros, esos sujetos rosáceos que aparecen aquí en manada a
primeros de julio mostrando todas las piernas bajo unos pantalones cortos, da
igual que sean ellos o ellas, ataviados con camisetas y escuetas sandalias y
que en vez de adornarse con pañuelo y faja lo hacen con una mochila. Dejan poco
dinero, la única utilidad apreciable del guiri, ya que se alojan en un camping
fuera de Pamplona o directamente tirados por algún parque, comen bocatas, hacen
botellón o van solo a los bares más baratos, y se limitan a hacer bulto, a
molestar y a ensuciar.
Lo
peor y más indignante es que no entienden nada de nuestras tradiciones y tratan
de pervertirlas añadiendo algunas bárbaras costumbres de su cosecha, como ese
deporte de saltar desde la fuente de Navarrería o esa manía de algunas guiris
de enseñar las tetas al público como si estuvieran en el carnaval de Nueva
Orleáns. Supongo que es cuestión de tiempo que descubran la pasarela de Labrit
e inventen algún atroz pasatiempo como hacer puenting o tratar de saltar
al techo de las villavesas que pasen por debajo.
Para
colmo, que gasten poco no quiere decir que sean pobres; a veces entrevistan a
un guiri y resulta que está recién graduado en Yale y viaja por todo el mundo
pasándolo en grande antes de entrar a trabajar en Wall Street desde donde se
dedicará a hundir a países como el nuestro.