GUENDULÁIN
VERSUS MENDILLORRI
Idoia Saralegui, candidata de IUN-NEB a la Alcaldía de Pamplona, y Miguel Izu, expresidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona
Es costumbre en este país
que la derecha acuda al demagógico argumento del todo o nada, conmigo o contra
mí. O te tragas todo lo que proponen sin posibilidad de discrepar, o eres
condenado ipso facto como peligro público. Si no compartes a pies
juntillas una determinada visión nacional de España, estás en contra de España.
Si tu idea de Navarra no es la misma del navarrismo gobernante, te acusarán de
estar compinchado con los enemigos externos. Si no participas de una
determinada política antiterrorista, estás con el terrorismo. Si no tragas una
construcción europea plasmada en un determinado texto constitucional, resultas
tachado de contrario a Europa. Y así sucesivamente, buscando marginar cualquier
discrepancia.
Ahora
es el Consejero Burguete quien utiliza esta técnica para responder a las
críticas recibidas por el desatinado proyecto de edificar 19.000 viviendas en
Guenduláin. Sugiere que quien critica el proyecto de Guenduláin en realidad no
quiere que se hagan viviendas protegidas. Y siguiendo con la demagogia, invoca
el precedente de Mendillorri: si se le hubieran hecho las mismas críticas nunca
se hubieran construido las viviendas.
Sucede
que entre Guenduláin y Mendillorri hay una gran distancia, en el tiempo y en el
espacio. Repasando las diferencias es precisamente donde se comprueban las
razones que avalan el rechazo de la propuesta sobre Guenduláin.
1. La
Plaza del Castillo está a la misma distancia de Mendillorri que del Parque de
Yamaguchi (dos mil metros). Por eso, Mendillorri con sus 4.600 viviendas y
menos de 10.000 habitantes se ha integrado, de hecho y de derecho, sin grandes
problemas como un barrio más de Pamplona. Guenduláin está cinco veces más lejos
del centro de Pamplona y se está proponiendo la creación de un núcleo de 19.000
viviendas y cerca de 50.000 habitantes. Si se sigue adelante con el proyecto
significa crear la segunda ciudad de Navarra, fuera de la trama urbana de
Pamplona. Una nueva ciudad que desequilibra el desarrollo que hasta ahora ha
seguido la comarca.
2.
Mendillorri fue una iniciativa del Gobierno de Navarra sobre terrenos de su
propiedad. Nadie dio ningún pelotazo allí. Guenduláin es una iniciativa de los
promotores y constructores, cuyo interés es ganar el máximo dinero construyendo
cuantas más viviendas mejor. Interés legítimo pero que no coincide con el
interés general, que debe tener en cuenta otras muchas variables relativas a la
ordenación del territorio. El Gobierno de Navarra ha comprado los terrenos
presuntamente como reserva de suelo, pero en realidad con una pesada hipoteca
política: tiene que satisfacer la necesidad de los vendedores de construir
pronto y cuanto más mejor.
3.
Mendillorri es una iniciativa de hace casi veinte años. La estructura social y
demográfica de la comarca de Pamplona ha cambiado mucho en ese tiempo. No es un
argumento decir que como con Mendillorri se creó una zona residencial de
calidad y no un gueto, en Guenduláin tampoco se va a crear un gueto. El perfil
actual de los demandantes de vivienda protegida no es el de hace veinte años.
Por destacar lo más evidente: entonces prácticamente no había inmigración, hoy constituye
la décima parte de nuestros vecinos. Una concentración tan brutal de la
vivienda protegida en un solo entorno tendrá el efecto añadido de expulsar
hacia allí a buena parte de los inmigrantes y de las personas más
desfavorecidas que busquen vivienda. Tenemos desgraciados ejemplos en otros
países europeos de lo que sucede si se fomentan ciudades o barrios dormitorio
con una presencia apreciable de minorías: exclusión social, marginación,
desarraigo y conflictividad.
4.
Después de casi dos décadas, en Mendillorri todavía no se han completado todas
las dotaciones comprometidas y los vecinos se han tenido que movilizar para
exigirlas. En Guenduláin se pretende que en unos pocos años se levante una
ciudad sobre campos de cereal, lejos de todas las infraestructuras y
dotaciones. ¿Tendrían los futuros vecinos garantizados todos los servicios
cuando fueran a vivir allí? La experiencia de lo que sucede con urbanizaciones
nacidas de la nada en zonas periféricas de tantas ciudades nos confirma que no.
No estaría de más que si se llegan a construir esas viviendas en Guenduláin a
los adjudicatarios se les entregue una pancarta en blanco y un juego de letras
adhesivas. Las van a necesitar para poder reivindicar tantas dotaciones
necesarias (centro de salud, escuela infantil, colegio, instituto, centro
cívico, biblioteca, etc.).
5.
Además de dotaciones, construir desde la nada la segunda ciudad más grande de
Navarra apartada de otros núcleos supondrá, inevitablemente, altos costes
económicos destinados a llevar infraestructuras básicas como agua,
electricidad, recogida de basuras, saneamientos, así como nuevos accesos.
6. La
construcción de Mendillorri implicó la ralentización de otros proyectos.
Especialmente la del Plan Parcial de Rochapea, cuya ejecución todavía no se ha
completado. La urbanización y construcción masiva de viviendas en Guenduláin
supondría desviar muchos recursos en detrimento de la promoción de otros planes
de construcción de vivienda a lo largo y ancho de toda la comarca. Planes, por
otro lado, con incidencia mucho más positiva en un desarrollo más ordenado y
equilibrado tanto social como urbanísticamente.
7. Por
mitad de Mendillorri no pasaba ninguna autovía recién inaugurada. En
Guenduláin... ya sabemos.
Confiamos en que una propuesta tan irracional como la de Guenduláin no siga adelante. El futuro Gobierno de Navarra y los futuros ayuntamientos que salgan de las elecciones del 27 de mayo deben tomar las medidas para que el desarrollo de la comarca de Pamplona pase, no por satisfacer determinados intereses económicos, sino por satisfacer los intereses de todos, compatibilizando la promoción de vivienda protegida con el equilibrio social y territorial. Necesitamos un desarrollo urbano equilibrado de la comarca de Pamplona, una estrategia comarcal consensuada y que defienda realmente los intereses de la gente, algo que no puede darnos la derecha unida. Necesitamos una nueva cultura del territorio que provea un marco adecuado para el buen funcionamiento del mercado pero, a la vez, corrija, en beneficio de la comunidad los excesos privados y haga prevalecer los valores de la sostenibilidad ambiental, la eficacia funcional y la equidad social. Y, finalmente, es necesaria y urgente la creación de una entidad metropolitana en la comarca de Pamplona que, entre otras competencias, desarrolle el urbanismo y la vivienda con una visión de conjunto y el objetivo claro de defender los intereses colectivos.
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