Cómo capear la crisis en Sanfermines
GRATIS TOTAL
La fórmula más obvia para pasar unas
buenas fiestas gastando lo menos posible es acudir a los festejos gratuitos que
organiza el Ayuntamiento. Aclaremos que son gratuitos para los forasteros y los
indígenas que defrauden sistemáticamente al fisco municipal, para los demás
vecinos son sólo relativamente gratuitos porque los hemos pagado por anticipado
con nuestros impuestos. Pero a nuestros efectos vamos a darlos por gratuitos
porque no nos van a pedir desembolsar más dinero por acudir y por ello nos van
a resultar casi indoloros. Desde luego resulta más recomendable, dado nuestro
propósito ahorrador, disfrutar unos espectáculos que ya tenemos pagados, lo
queramos o no, que huir de Pamplona como hacen algunos y gastar en otros lares.
Los Sanfermines, en cuanto a lo que
aquí nos ocupa, tienen una gran ventaja y una gran desventaja. La ventaja es
que hay un enorme número de actos gratuitos a los que uno puede acudir no sólo
de la mañana a la noche, sino incluso de la mañana a la mañana del día
siguiente. No es exagerado decir que la fiesta, incluso en cuanto a actos que
no cobran entrada, dura las veinticuatro horas del día. Ya desde el primer acto
oficial de las fiestas podemos empezar a gozar gratis. No hay que pagar nada
por ver el chupinazo sea en la propia Plaza Consistorial, sea por la tele en
una pantalla gigante o enana en la calle o en cualquier bar, y tampoco si lo
vemos en casa. Tampoco hay que hacer ningún desembolso por ver el festival folclórico
de la Plaza de los Fueros, todas las salidas de la Comparsa de Gigantes y
Cabezudos, el simulacro del extinto Riau-Riau, las Vísperas, los fuegos
artificiales, los alardes de gaiteros y txistularis, las verbenas y conciertos,
ni siquiera el encierro. Sin pagar un euro se puede bailar delante o detrás de
las charangas de las peñas o de otras bandas de música, se pueden ver la
procesión de San Fermín, la Octava, el encierrillo, el toro de fuego, el
desfile de las mulillas, las becerradas matinales, el deporte rural, los
festivales de jotas y bertsolaris, las dianas, la feria de ganado, el Pobre de
Mí y alguna cosa más. También son gratis espectáculos que no organiza el Ayuntamiento
sino otras entidades como el Struendo o Gora Iruñea o las televisiones locales
con sus platós en la calle.
Por supuesto, es gratis el ambiente,
esa cosa indefinible que está por todas partes protagonizada por visitantes y
lugareños. Los visitantes nos observan a los indígenas y nuestro típico atuendo
festivo, que tratan torpemente de imitar. Los nativos observamos a los
forasteros y su inequívoco aspecto de forasteros por mucho que lo traten de
disimular, y también nos observamos los unos a los otros, quién viene y quién
va, y sobre todo con quién viene o con quién va. Recorremos las calles para ver
dónde está el ambiente y poder quejarnos de los lugares donde hay demasiada
gente y agobian y de los lugares donde hay demasiado poca y aburren.
Comprobamos las novedades, los bares que han abierto y los que han cerrado, los
puestos de venta, los músicos callejeros y las estatuas humanas, y toda esta
contemplación del ambiente también es gratis.
La gran desventaja de los Sanfermines
es que hay mucho que mirar sin daño para la cartera y en cambio poco o nada que
comer y beber de balde. Otras fiestas patronales contienen abundantes
oportunidades de catar, sin ningún esfuerzo presupuestario personal, paellas y
cocidos populares, calderetes populares, chistorradas, empanadas y tortillas
populares, sangrías colectivas, degustaciones de vino y sidra y un largo
etcétera de actos en la calle donde es el erario público el que se hace cargo
de la manduca y el bebercio y donde, si te descuidas, incluso quieren batir
algún record de comensales y animan la participación todo lo que pueden. Hasta
tal punto es tan normal que existe una página web (www.comerporlapatilla.com)
que ofrece información suficiente como para patearse toda la piel de toro de
fiesta en fiesta papeando de gorra. En Pamplona por San Fermín, no. Aquí el
condumio sólido y líquido siempre corre por cuenta particular. El panem et circenses de los romanos (pan y circus dicen algunas víctimas del
declive de la cultura clásica) se queda sólo en circenses. Así que para acompañar debidamente las actividades
recreativas (sin comer y beber en abundancia toda fiesta deviene light, descafeinada, desnatada, desaborida)
o hay que gastar pasta, o bien hay que imaginar soluciones alternativas.