GESTO POR LA PAZ, EUSKAL HERRIA Y UNA PANCARTA
Resulta triste que después de quince años de actividad se atribuya ahora a Gesto por la Paz la politización de una pancarta porque figure el nombre que ha venido utilizando siempre: Gesto por la Paz de Euskal Herria.
A quienes rechazan ahora esa denominación habrá que recordarles su origen. Cuando se fundó, entre 1985 y 1986, el nombre de Euskal Herria carecía del significado político que ahora se le atribuye. El nacionalismo vasco, desde Sabino Arana, venía reivindicando el nombre de Euskadi (recordemos: su grito reivindicativo -que inicia incluso el himno del PNV, hoy de la CAV- es "Gora Euskadi", no "Gora Euskal Herria", y ETA significa "Euskadi Ta Askatasuna", no "Euskal Herria Ta Askatasuna"). Euskal Herria era el nombre que identificaba a los diversos territorios donde se hablaba la lengua vasca, o a la comunidad que hablaba esa lengua, plasmado por escrito por Joannes Leizarraga en 1571, una época en que a las teorías nacionalistas les faltaban varios siglos para nacer. Durante varios siglos la expresión Euskal Herria ha carecido de connotaciones políticas, se ha relacionado con un hecho poco discutible, la existencia de varios territorios vinculados culturalmente por el hecho de compartir la lengua vasca -aunque no sea la única que hablen-: Navarra, las provincias vascongadas y el País vasco-francés (según el Diccionario de Autoridades de 1739, y citando a Martín Navarro de Azpilicueta, los "Obispados de Castilla, Navarra y Francia, en que hai Vascongados, y Romanzados", siendo vascongados los que hablan vascuence). Territorios todos ellos que pese a su diferente trayectoria histórica y política participan en 1918 en el primer Congreso de Estudios Vascos, patrocinado por las diputaciones forales de Navarra y Vascongadas y presidido por el rey Alfonso XIII, y en la fundación de la Academia de la Lengua Vasca (Euskaltzaindia) y de la Sociedad de Estudios Vascos (Eusko Ikaskuntza). En esa época una persona tan "sospechosa" de nacionalismo vasco como "Garcilaso", director del Diario de Navarra, califica a la Diputación Foral de Navarra como "la mayor jerarquía de la Euskal Erría" y, aunque es contrario al proyecto de Euskadi, reivindica "una fuerte solidaridad espiritual de toda Euskal Erria" (citado en "Garcilaso, periodista. 60 años de historia de Navarra", de Sánchez Aranda y Zamarbide).
En 1932 el Ayuntamiento de Pamplona, con mayoría tradicionalista, rechaza el Estatuto vasco-navarro argumentando lo siguiente: "En modo alguno podemos admitir la denominación en lengua vasca del País Vasco Navarro. Bien está que se llame Euskalerría o Vasconia, pero no Euzkadi".
En 1977, en el programa del Frente Navarro Independiente, liderado por Tomás Caballero y Víctor Manuel Arbeloa, no muy simpatizantes del nacionalismo vasco, se afirma: "Como navarros que somos, tronco y raíz de Euskalerría, queremos vivir en sólida vinculación con el resto del País Vasco".
En el País vasco-francés, donde hasta los años treinta no aparece un regionalismo no separatista, y prácticamente hasta los años cincuenta un nacionalismo vasco en sentido estricto muy minoritario, la denominación de Euskal Herria ha sido admitida también sin mayores problemas.
Hasta hace unos diez años, pues, la expresión Euskal Herria carecía de significado político; y así es adoptada por Gesto por la Paz, como denominación bajo la que se puede aglutinar tanto a Navarra como a la Comunidad Autónoma del País Vasco, y a sus propios miembros, entre los cuales hay nacionalistas vascos y personas de otras tendencias políticas. En esa época mi amiga Maite Mur, hoy concejala de UPN, vino a buscarme para proponerme ingresar en Gesto por la Paz y no le preocupaba lo más mínimo la denominación. Tampoco suscitaba el menor rechazo en 1993 cuando a Gesto por la Paz de Euskal Herria le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia y desde todos los sectores políticos -menos el del nacionalismo vasco radical- se le dirigían encendidos elogios.
En la última década ha sido el nacionalismo vasco quien ha cambiado su lenguaje. En algunos sectores del nacionalismo vasco, primero del radical y luego también del moderado, se prefiere utilizar la palabra Euskal Herria para referirse a lo que antes llamaban Euskadi. Recordemos que Euskadi es un neologismo creado por Sabino Arana para nombrar a la nación vasca, que en su concepción comprende a los vascos de raza de las siete provincias. Rechaza el uso de Euskal Herria porque, según él, esta expresión comprende sólo a quienes hablan euskera, es decir, a una minoría de la supuesta raza vasca (lo importante es la raza, no la lengua; Arana escribe que es preferible una Vizcaya poblada de vascos de pura raza que hablen castellano a que esté poblada de gentes de otras razas que hablen euskera; lo peor que puede pasar es que los "maketos" aprendan el euskera y se mezclen con los vascos). Esta postura fue ya criticada en su día por Arturo Campión, que rechazaba las teorías racistas de Arana y el término Euskadi; en su lugar, prefería el uso de Euskal Herria para denominar a toda la comunidad vasca, que en su idea constituía una comunidad cultural cuyo rasgo principal era la lengua. A fines del siglo XX, el nacionalismo vasco se aleja de las teorías racistas de Arana y edifica su concepción nacional sobre la lengua, así que decide también cambiar Euskadi por Euskal Herria, siguiendo la propuesta de Campión (sólo en este aspecto, ya que no sigue a Campión en su idea de unión de las regiones vascas dentro de España mediante el pacto foral). Por otro lado, el término Euskadi ya no era exclusivo y distintivo del nacionalismo vasco, había sido admitido por todas las fuerzas políticas y plasmado en el Estatuto de autonomía. En los últimos años, pues, el discurso del nacionalismo vasco va marginando el término Euskadi a favor del de Euskal Herria.
Y ahora resulta que Euskal Herria ya no puede emplearse sin significado político, porque ETA mata en su nombre. Parece que aunque ETA no logre ninguno de sus objetivos, al menos puede conseguir, además de condicionar la agenda política, influir en cómo debemos hablar. Igual que en su día el nacionalcatolicismo franquista logró estigmatizar la palabra España, y aún hoy muchos vacilan en pronunciarla, diciendo Estado español -que no es lo mismo- cuando quieren referirse a España, y otros como reacción se empeñan en decir España incluso cuando debieran decir Estado español, la actividad terrorista de ETA ha conseguido estigmatizar también la expresión Euskal Herria. Gracias a ETA, que contamina todo lo que toca, se va extendiendo en Navarra la convicción de que ser navarro consiste principalmente en no ser vasco, porque ser vasco, en Navarra, es ser nacionalista, y ser nacionalista es prácticamente lo mismo que ser terrorista. En los últimos años los crímenes de ETA, asistidos por la intransigencia de unos y la histeria de otros, van consiguiendo hacer sospechosa hasta la lengua vasca -la misma que hablaba Víctor Pradera, el padre del navarrismo, que en 1918 se refería a Navarra "y las demás provincias vascongadas"- y a generalizar la fobia antivasquista. Gracias también a ETA la exigencia de autodeterminación, una exigencia democrática aunque sujeta a diversas interpretaciones, incorporada al programa del PSOE en 1918 y reivindicada en un determinado sentido incluso por Del Burgo ("Autodeterminación para Navarra", titulaba un artículo suyo en enero de 1977) también se ha hecho aborrecible, mencionarla siquiera para discutir sobre ella le hace a uno sospechoso de nacionalismo cuando no de cómplice del terrorismo.
¿Qué más será estigmatizado en un futuro próximo por su relación con ETA? ¿El chistu, ese aurresku que se baila en los homenajes a los etarras caídos por la patria, la boina o los nombres propios en euskera? O quizás algún día, ya que ETA pretende hablar en nombre de la libertad y de la democracia -aunque sea una particularísima versión de "democracia vasca"- tengamos también que renunciar a reivindicar éstas.
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