Personajes y protagonistas
GENTE QUE SE HA
HECHO PROTAGONISTA
Uno de los cambios más evidentes producidos en los sanfermines durante las últimas décadas ha sido la multiplicación de los protagonistas. Allá a inicios del siglo XX, cuando Hemingway llegó a nuestra ciudad e introdujo sus fiestas en la literatura universal, apenas existían tales personajes. La gente, la multitud festiva era la protagonista colectiva que se comía la relevancia de los sujetos individuales. El propio escritor norteamericano acabaría convirtiéndose en uno de los protagonistas, pero eso no sucedería hasta los años cincuenta, en sus últimas visitas, y sobre todo a partir de la última en que ya era Premio Nobel. En realidad, Hemingway como estrella sanferminera lo ha sido sobre todo a título póstumo y en efigie. En “Fiesta” (“The sun also rises”) no hay personajes sanfermineros con nombre propio. En su época se reducían a los toreros, principalmente las figuras que tomaban parte en la feria taurina. Matadores como Espartero, Guerrita o Manolete han llegado a ser retratados en el cartel de fiestas.
Otro personaje que también fue retratado en los carteles de fiestas más de una vez fue Sarasate, un precursor en lo de convertirse en protagonista imprescindible de los sanfermines. Pero en su tiempo y mucho después se trataba de una excepción que confirmaba la norma: el protagonista de las fiestas era el pueblo soberano.
El factor decisivo para la proliferación de los personajes sanfermineros ha sido la conversión de las fiestas de suceso popular en acontecimiento mediático. Hasta mitades del siglo XX la única forma de participar en las fiestas era vivirlas. O estabas, o no estabas. La experiencia que tenía cada cual de las fiestas era la que había sufrido en carne propia, o si se trataba de un conocimiento indirecto era a través del relato de los testigos presenciales. Desde entonces hasta ahora nos hemos convertido en seres mediáticos que la mayor parte de lo que vivimos no lo hacemos en vivo y en el lugar de los hechos sino retransmitido por la prensa, el cine, la televisión, la radio, y últimamente por internet. Sin haber pisado jamás Nueva York conocemos perfectamente Central Park y Times Square; sin haber asistido nunca al carnaval de Río de Janeiro lo sabemos todo acerca de sus escuelas de samba y su sambódromo. Sin haber estado nunca en la Puerta del Sol cuando tañen las campanadas del año nuevo nos sabemos de memoria cómo suenan los cuartos y cómo suenan las horas.
Lo mismo ha pasado con los sanfermines. Incluso los indígenas vemos el chupinazo por televisión, sin apretujarnos en la Plaza Consistorial y sin percibir el olor a pólvora. El encierro también lo vemos por la tele y sin oler a toro. De lo que va sucediendo por las calles cada día de fiestas nos enteramos por los periódicos. Y así sucesivamente.
La sociedad mediática precisa protagonistas, estrellas, ídolos, héroes, en todo caso personajes individuales. Las multitudes están bien como telón de fondo, pero el objetivo de la cámara necesita enfocar enseguida un rostro reconocible. Varios miles de personas pueden participar en el mismo acto, pero la crónica requiere imperativamente nombres propios y el relato en primera persona de algunos de los asistentes. Y todo hay que contarlo desde el lugar de los hechos. El periodista tiene que situarse donde se está produciendo la noticia, pero no basta con su relato sino que tiene que acercar la alcachofa o la grabadora a quienes le rodean para recoger sus impresiones. Aunque no tengan nada que decir, aunque no se les entienda nada porque acaban de ganar el Gordo de Navidad y están medio bolingas, o aunque acaben diciendo alguna obviedad como “el fútbol es así”.
Los sanfermines modernos están llenos de periodistas y de medios de comunicación. Allá donde sucede algo aparece la legión de cámaras, fotógrafos y plumillas, allá donde está previsto que vaya a pasar algo hay que reservarles espacio y hay que ordenar su avalancha repartiendo pases de prensa. En cuanto llegan, todas las cámaras y todos los micrófonos se suelen dirigir hacia las mismas personas. Los medios deciden quién es el protagonista en cada caso, quién aparecerá ese mismo día o al día siguiente en los informativos, en los periódicos, en las fotografías. Así se eleva al altar de la gloria sanferminera a una serie de personajes que, a fuerza de repetir, se convierten en imprescindibles. De algunos de ellos hablaremos en los próximos días.
* VOLVER A LA PÁGINA INICIAL DE MIGUEL IZU