CURSO DE TAUROMAQUIA SANFERMINERA
Primera lección:
Generalidades
Quizás lleva usted años yendo a los toros con el abono de la familia, esa disputadísima herencia compartida con hermanos, cuñados, primos y tíos, o incluso tiene el privilegio de ser titular de su propia localidad. Pese al tiempo que hace que acude a la monumental de Pamplona (ni se le pasa por la imaginación ir a otras plazas o en otras fechas que no sean los sanfermines, como a la inmensa mayoría de los pamploneses) está harto de no poder contestar adecuadamente al molesto vecino que no para de hacer comentarios durante toda la corrida porque no acaba de entenderle cuando dice "seguro que repucha", "se nota el encaste de Murube", "este toro pide a gritos la suerte contraria", y otras expresiones igualmente ininteligibles. O quizás sólo va muy de cuando en cuando, y al leer el día siguiente la crónica de la corrida no sabe si el cronista estuvo en la misma función; donde usted cree recordar una buena faena jaleada por el público él habla de la "triste faena del unipase"; la estocada que tanto aplaudió se convierte en un "habilidoso sablazo en las zonas innobles"; la oreja que pidió agitando el pañuelo resulta que fue "de regaliz" producto de la incompetencia o mala fe del presidente, y el torero cuyo nombre fue coreado por el respetable resulta que es un "pegapases" que abusa del "toreo de pico".
Ha tratado de entender un poco más tragándose algún programa taurino en la televisión, esos que junto con las películas buenas y las tertulias literarias ponen de madrugada, pero tampoco ha entendido gran cosa, y ha llegado a la conclusión de que sólo está al alcance de unos pocos privilegiados poder opinar del tema con conocimiento de causa. Así que, aunque piensa mantener la tradición de acudir a la Feria del Toro, ha renunciado a comportarse como en el fútbol, donde todo es mucho más fácil y puede opinar sin complejos ante los vecinos de localidad; un gol es un gol, una falta es una falta y un penalty es un penalty (siempre y cuando sea a favor del propio equipo, en caso contrario es una cagada del árbitro). Cuando se sale del estadio uno tiene muy claro si ha ganado, perdido o empatado.
Y sin embargo le gustaría saber un poco más de toros, porque en esta ciudad, si bien de forma breve y sólo durante la primera quincena de julio, mola hacer creer que uno es no sólo aficionado sino entendido en la materia. Probablemente es la única ciudad donde políticos y gente distinguida en general pueden optar por declararse ante los medios de comunicación como consumados aficionados o simples espectadores de ocasión, pero nunca fervientes antitaurinos. Hasta miembros de partidos que en otras ciudades rechazan la fiesta de los toros no tienen el menor reparo en aparecer en los tendidos, en los palcos oficiales e incluso presidir las corridas y dejarse entrevistar para hablar de sus toreros y toros favoritos. Y muchos ciudadanos de a pie se esfuerzan ante los numerosos visitantes foráneos en explicarles los misterios de la fiesta como si se hubieran leído todos los tomos del Cossío (para quien no lo sepa, la más prestigiosa enciclopedia taurina, editada por Espasa Calpe desde los años cuarenta y que quien quiera hacerse pasar por enterado debe colocar bien a la vista en su biblioteca; desde hace pocos años dispone de una edición abreviada en dos tomos de bolsillo que permite hacerlo con menos estantería y por un precio razonable).
Pues bien, aparentar estar versado en materia taurina no es difícil. Bastan unos pocos conocimientos elementales que iremos desarrollando en las siguientes lecciones y un poco de aplomo (o un poco de jeta, si se prefiere el término popular). Como cualquier otra disciplina, la tauromaquia dispone de un complejo vocabulario inventado a lo largo de varios siglos principalmente para que los no iniciados no se enteren de nada. La jerga taurina es patrimonio de los críticos, cronistas y tertulianos que pululan en el entorno de la fiesta; más raramente los toreros, ganaderos y mayorales la emplean en público. No hace falta dominar toda su complicada terminología para poder hablar de toros, igual que no hace falta hablar un perfecto y fluido inglés de Oxford para coger un taxi en Trafalgar Square o facturar el equipaje en el aeropuerto de Sydney. Con manejar algunos conceptos y unas pocas expresiones básicas y prescindir de lo que no se conoce o entiende se puede pontificar con tranquilidad en el tendido y hasta llegar más lejos. Hay quien con poco más participa con total desparpajo en tertulias radiofónicas o televisadas y logra dar el pego. Quien siga con interés y aprovechamiento estas lecciones estará en condiciones de hacer lo mismo.
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