GANEMOS NAVARRA

 

 

          Aunque la novedad política más comentada en los últimos meses haya sido la exitosa irrupción electoral de Podemos, y no faltan razones para ello, me parece igual de interesante y, quizás, incluso más, el incipiente fenómeno Ganemos, esa serie de candidaturas populares o ciudadanas todavía en proceso de elaboración que, siguiendo el ejemplo inicial de Guanyem Barcelona (Ganemos Madrid, Ganemos Málaga, Ganemos Valladolid…), pretenden aglutinar el voto transformador, la “rebelión democrática” a que alude su manifiesto original, en diversas ciudades en las elecciones municipales de 2015. La insatisfacción ciudadana con el régimen político que padecemos –una sistemática degradación de la democracia avanzada a que alude la maltratada e incumplida Constitución de 1978-, la indignación expresada a partir del 15-M, las ansias de regeneración política que viene mostrando la ciudadanía, exige algo más que la aparición de nuevos partidos políticos o el declive de otros. La sustitución de unos políticos por otros, de unas élites por otras, la modificación de algunas formas externas o el maquillaje de los programas políticos asumiendo algunas de las reivindicaciones populares (en algún caso, de forma tramposa como pretende hacer el PP con la elección directa de alcaldes) supondría un fraude a las esperanzas de renovación que se vienen expresando tanto a través de las encuestas como de las movilizaciones ciudadanas y de las urnas.

 

          Otra forma de hacer política, propósito que antes o después enuncian todos los partidos políticos y todos los candidatos para quedar casi siempre defraudado, quiere decir exactamente eso. Que no se puede seguir haciendo lo mismo, o casi lo mismo. Y dentro de lo mismo hemos de considerar mantener el sistema electoral, el sistema de partidos que se retroalimenta de él, las costumbres y convenciones que hacen funcionar el régimen político, el marco institucional y, en última instancia, el marco constitucional. Pretender una regeneración del maltrecho sistema democrático –poco democrático o de una democracia de baja calidad- sin tocar nada de eso, o limitarse a unos ligeros retoques en aspectos secundarios, no es sino apostar por que nada cambie, por esperar simplemente a que escampe.

 

          Dado que nuestros gobernantes no parecen decididos a emprender las reformas políticas necesarias para regenerar el sistema político por mucho que presuman de su ánimo reformista (concretado solo en desmantelar el Estado de Bienestar conforme a los dogmas neoliberales y en laminar el Estado de Derecho lo suficiente para controlar el proceso), tan solo pretenden apuntalarlo para seguir disfrutando del poder, el impulso tiene que venir desde abajo, desde la ciudadanía y desde las organizaciones sociales y políticas que sí tengan propósito transformador. Puesto que, en un primer momento, no está al alcance de estas fuerzas promover una reforma constitucional (proscrita a la iniciativa popular por la Constitución vigente), ni siquiera del sistema electoral, conviene que empiecen a abrir una brecha por donde es posible hacerlo, a través de los procesos electorales. Aboliendo la práctica de que estos queden monopolizados por los partidos políticos ya constituidos, de que estos funcionen como una empresa que garantice la promoción de sus miembros a través de los cargos públicos y su indefinido mantenimiento en ellos, corrigendo el efecto perverso de las listas cerradas y bloqueadas de dejar en la práctica la designación de los representantes de los ciudadanos a la cúpula de los partidos. Es decir, como sucede en otros países, irrumpiendo en los procesos electorales con programas y candidaturas no elaborados por partidos políticos sino por plataformas ciudadanas amplias, en su caso con apoyo de partidos políticos pero de funcionamiento abierto y participativo. Convirtiendo esas candidaturas en lo que todas afirman ser –pero pocas lo son en realidad-, la suma de ciudadanos dispuestos a trabajar por los intereses de su ciudad, de su comunidad o de su país. Convirtiendo a la ciudadanía en protagonista y no sólo en sujeto pasivo de decisiones que tomen unos pocos. E irrumpiendo en las instituciones municipales o autonómicas con otros esquemas de funcionamiento interno que aseguren otras formas de gestión y participación.

 

          La formación política en la que milito, Izquierda Unida, así como las coaliciones Izquierda Plural o Izquierda-Ezkerra, en Navarra, ya vienen trabajando en ese sentido. Pero todavía nos quedamos cortos, hay que avanzar mucho más, la ciudadanía nos lo exige a nosotros y a todas las fuerzas políticas. Pienso que las próximas elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015 son una oportunidad que no se debería desperdiciar para que en todos los municipios donde sea posible, en todas las comunidades autónomas donde se celebran elecciones, exista una candidatura ciudadana, con el nombre de Ganemos o cualquier otro, que aglutine a todas las personas, partidos y movimientos sociales que realmente estén por la regeneración democrática, por la defensa de las políticas sociales, del Estado de Bienestar, por la lucha contra la corrupción, contra la desigualdad, contra el fraude fiscal, a favor del acceso a la vivienda, a la educación, a la sanidad o a una renta mínima como derechos garantizados a todos, que plante cara a los grandes lobbies financieros y a las políticas de austeridad de la Troika. Echo de menos que todavía no se hayan puesto en marcha iniciativas como Ganemos Pamplona, Ganemos Tudela, Ganemos Barañáin, Ganemos Tafalla, Ganemos Navarra (o Irabazi Nafarroa). Ojalá que en el próximo inicio del curso político se fueran dando pasos en esa dirección. Y confío en que IU e Izquierda-Ezkerra trabajen activamente, con otras fuerzas, sin ánimo de protagonismo, hegemonía ni dirigismo por parte de nadie, para hacer posible tales candidaturas y programas electorales de elaboración colectiva y participativa.

 

          Quiero recordar lo que decía el Manifiesto a la Izquierda que se debatió en la Asamblea de Refundación de 2010: “El camino de la refundación de la izquierda en nuestro país en un proceso constituyente, es ya irreversible. Desde Izquierda Unida estamos totalmente comprometidos a llevarlo a buen puerto. Se trata de impulsar un bloque social alternativo que tenga una precisa expresión política. Para sumar convergiendo, fuerza social, política, institucional y cultural suficiente para construir otro sistema económico y social alternativo al del capitalismo. Por tanto es algo más que la mera construcción de una organización. Y ya sabemos que esa refundación no será un Partido político al uso, sino un movimiento político y social organizado”. No sabíamos entonces cual sería el resultado final y seguimos sin saberlo porque debe ser un proceso abierto. Pero a ese movimiento, quizás, ahora mismo, debamos llamarlo Ganemos. Como decía también aquel manifiesto, “las cosas, en tan poco tiempo, han cambiado y mucho. Nosotros y nosotras no deberíamos cambiar menos”.

 

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