Nuevas tradiciones
LA FUENTE DE
NAVARRERÍA
De entre las nuevas tradiciones sanfermineras, la de la fuente de Santa Cecilia o de Navarrería tiene la particularidad de que no la hemos inventado ni la practicamos los pamploneses. Es un invento guiri y para guiris. Creación de los australianos que en unión de neozelandeses, sudafricanos, yanquis y otros visitantes anglófonos toman la plaza de Navarrería durante las fiestas. Y dado su origen recibe denominación extranjera. Posiblemente a muchos forasteros atraídos por ella ni les suene el nombre de la Navarrería. Igual que no dicen que vienen a los sanfermines de Pamplona sino a “the Pamps”, muy probablemente preguntarán por el “Fountain Diving” o incluso por la “Fountain of Death”.
La fuente de Navarrería mide unos seis metros de alto y fue diseñada por Luis Paret junto a otras que todavía subsisten, la de Neptuno Niño en la plaza del Consejo o la de la plaza de Recoletas, y a otra que desapareció de la plaza del Castillo, la de la Beneficencia o de la “Mariblanca”. Todas ellas se construyeron cuando a finales del siglo XVIII se hizo la traída de aguas a Pamplona desde el manantial de Subiza y las primeras obras de alcantarillado. Doscientos años después algunos guiris animados por la festiva ingestión alcohólica comenzaron a trepar a lo alto y a lanzarse al vacío. Es difícil poner fecha exacta, pero parece que fue a mitad de los años ochenta. La primera referencia que he encontrado en la prensa local es de 1986; una turista extranjera había resultado herida en una nueva moda que ya había tenido lugar el año anterior. En 1987 se recoge en fotografía lo que va siendo costumbre y los guiris preguntan por la “famosa fuente”, hasta entonces territorio de los punkies. Desde 1988 aparecen en los periódicos locales reportajes que contribuyen a la definitiva conversión en tradición.
El rito es sencillo. Se trata de escalar la fuente y saltar como si se estuviera haciéndolo desde un trampolín. La mayor parte de las veces, tal como espera, el saltador aterriza en los brazos entrelazados del público participante del espectáculo, que amortiguan su caída y lo depositan cuidadosamente en el suelo. Pero en algunos casos los recogedores fallan y el artista da con sus huesos contra los adoquines. Los partes sanfermineros de accidentados acogen desde hace veinte años, junto a los corneados o pisoteados por los toros y a otra larga serie de heridos y contusionados, a los saltarines de la fuente. En algún caso las lesiones han sido graves y el afectado ha quedado parapléjico. Hasta la fecha nadie ha fallecido por un salto desde la fuente, pero circulan allende nuestras fronteras leyendas que equiparan su mortalidad con la del encierro.
Las probabilidades de que el saltador resbale de entre las manos de los receptores y caiga al suelo aumentan cuando lo hace en pelotas. Porque esta es otra modalidad, saltar sin ropa o en top less, con más posibilidades de practicarse cuanto más alcohol recorre las venas de los participantes.
El Ayuntamiento trató de poner fin a este pasatiempo en 1990 desmontando la fuente antes de las fiestas y guardando sus piezas en un almacén. Inútil; la tradición ya estaba tan arraigada que los guiris trepaban al balcón más próximo o formaban sobre la base de la fuente una torre humana, al estilo de los castellers catalanes, y se tiraban desde lo más alto. Los responsables municipales decidieron que en años sucesivos no merecía la pena mover las venerables piedras de su sitio.
En otros tiempos, esta costumbre no pasaría de ser considerada como una gamberrada que está durando demasiado. Es lo que piensa la mayoría de los pamploneses. Pero estamos en la época de la globalización y la feria ya no es totalmente nuestra. Miles de visitantes de otros países vienen al reclamo de este espectáculo y si no participaran en él se irían de Pamplona tan defraudados como si se hubieran perdido el encierro. Hay agencias de viajes especializadas en reunir a guiris de todo el planeta y colocarlos cada seis de julio en Pamplona provistos de guías turísticas con el “Fountain Diving” en lugar destacado como uno de los principales atractivos de nuestras fiestas. Algunos hasta creen que es una antigua costumbre indígena. Y claro, la pela es la pela. Los sanfermines ya no son sólo nuestras fiestas patronales sino un motivo de atracción turística. Así que resignación y al negocio. En el futuro museo o centro temático de los sanfermines que impulsa el Ayuntamiento no habrá más remedio que colocar una reproducción de la fuente de Navarrería para que salten los visitantes. Eso sí, rodeada de colchonetas.
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