ANTOLOGÍA APÓCRIFA DE LOS SANFERMINES
Sigmund Freud y los sanfermines
El toro como símbolo de la libido. El ser atropellado es un símbolo del coito (1925). Fragmento del sueño de un periodista norteamericano traumatizado después de un viaje por España.
"Es verano y estoy de visita en Pamplona. He llegado en tren y apeado en la estación. Salgo solo a la calle; todo el mundo lleva puesto un pañuelo rojo alrededor del cuello. Voy andando por una calle larga y estrecha llena de gente que corre. De pronto aparece una manada de toros que viene hacia mí. Yo también echo a correr. El toro más grande me persigue, es de color negro brillante y tiene unos enormes cuernos de color blanco (al llegar aquí se detiene un momento el sujeto como si vacilase en continuar su descripción). Trato de huir de él pero me embiste y me lanza por los aires. Oigo crujir mis huesos. Me quedo tendido en el suelo y me palpo buscando sangre, pero me tranquilizo pensando que no estoy herido. Me levanto pero entonces veo otro toro que también viene a embestirme. Consigo esquivarlo pero tropiezo y pese a agarrarme de uno de sus cuernos vuelvo a caer. Cuando me levanto estoy en medio de la plaza y me doy cuenta de que en realidad no me ha derribado un toro sino una vaquilla con los cuernos embolados, y que la gente que me rodea se está riendo de mí".
Análisis. No es fácil dar aquí una interpretación completa de este sueño, pues forma, con otros varios, un ciclo onírico y no puede ser comprendido sino en relación con ellos, dada la imposibilidad de reunir de otro modo el material necesario para el esclarecimiento del simbolismo. El paciente opina que el viaje en ferrocarril puede ser interpretado históricamente como alusión a su partida de un sanatorio de heridos de guerra de Italia donde estuvo ingresado y donde se enamoró de una enfermera. En su fantasía, el salir solo a la calle significa no tener relación sexual alguna (coire = ir juntos), abstinencia a la que se resiste. El pañuelo rojo en el cuello es un símbolo de la sangre y por extensión de las heridas de guerra.
La escena donde el sujeto es perseguido por toros pertenece a una categoría de los sueños «típicos», donde es frecuente el retorno del mismo contenido manifiesto en sujetos distintos, como avanzar a través de estrechas callejas, escapar a través de una serie de habitaciones, huir perseguidos por animales furiosos o bien amenazados con cuchillos, puñales o lanzas, etc. Estos sueños son característicos de los individuos que padecen de angustia. La presencia de toros que le persiguen es también reveladora. La elaboración onírica simboliza con animales salvajes los instintos apasionados -del soñador o de otras personas- que infunden temor al sujeto. De aquí a la representación del temido padre (según propia confesión, su padre se manifestó en su adolescencia como especialmente castrador) por animales feroces, representación que nos recuerda el totemismo, no hay más que un paso. Pudiera decirse que los animales salvajes sirven para representar la libido, temida por el yo y combatida por la represión.
El toro me era conocido como símbolo onírico desde mucho antes de este caso. Por otros ejemplos menos transparentes creo poder aceptar que también es susceptible de representar los genitales masculinos, en particular por el detalle de los cuernos erectos. En este sueño no aparece patente que el ser atropellado por toros simbolice el comercio sexual, y no sería posible concluirlo de él si no lo supiéramos ya por otros muchos casos más evidentes. Ser embestido y derribado por un toro simboliza claramente el temor ante la propia potencia sexual, o quizás el miedo a ser castigado por el vicio de jugar con el propio miembro (agarrar los cuernos). La transformación final de los toros en simples vaquillas cuyos cuernos (genitales) han sido manipulados para reducir el peligro es una forma de combatir esos temores, que subsisten sin embargo en el hecho de que los demás se ríen del sujeto.
La actitud del paciente después del análisis es interesantísima. Retira su descripción del toro y pretende no haber dicho que sus cuernos eran de color blanco. Pero yo estoy demasiado seguro de haber oído bien para dejarme inducir a error y me mantengo firme. Entonces permanece algún tiempo en silencio y explica otra teoría: «No creo que el sueño simbolice nada de eso, simplemente son recuerdos de cosas que me sucedieron en la realidad». Me dice que en la ciudad que aparece en el sueño es costumbre soltar toros por las calles y que la gente corre ante ellos. La escena de la cogida del sujeto por un toro la presenció él personalmente, aunque el atropellado era otro. Y después de la carrera ante los toros por la calle, dice que se celebra un juego con vaquillas en una plaza, y que él fue derribado por una. Trato de convencerle de que su explicación carece de lógica; en ningún sitio los toros corren por las calles detrás de la gente, excepto en los sueños. Él insiste en su explicación y asegura que todo lo sucedido en el sueño es real. Ante mi sugerencia de que es importante que se esfuerce en distinguir el sueño de la realidad se enfurece, da gritos y se niega a seguir con la sesión.
* VOLVER A LA PÁGINA INICIAL DE MIGUEL IZU