Gente a evitar en sanfermines

 

LOS FANES

 

 

         He tenido que documentarme para el título, dudaba entre fans y fanes. Ya sé que suena raro, fanes. Pero también es plural de fan, que está admitido por la Academia con el significado de “admirador o seguidor de alguien”. Una vez en el diccionario el plural habría que hacerlo como con pan o flan. Pan, panes, flan, flanes, fan, fanes. Estamos tan anglofonizados, aunque no hablemos inglés, que nos suena mejor fans que fanes. La Academia acepta ambas formas pero recomienda fanes.

 

         Tampoco voy a presumir de tener club (otro anglicismo) de fanes. No me da para tanto, pero algún que otro seguidor tengo. Me refiero en esta pequeña faceta mía de escribidor (tengo más facetas, en una de ellas he perdido a la mitad de mis votantes en cuatro años, mejor ni mencionarla). Modestia aparte, alguna vez me ha saludado alguna persona totalmente desconocida para mí y me ha dicho que lee todo lo que publico y que le gusta. Y unas pocas personas conocidas también de vez en cuando me dicen lo mismo. Que no es verdad, claro, no han leído mis trabajos sobre la jurisprudencia constitucional en materia de protección civil o sobre el Tribunal Administrativo de Navarra, y dudo que si llegaran a leerlos les gustaran. Porque a veces también escribo de cosas de esas que sólo interesan, si es que interesan, a unos pocos especialistas. Interpreto que lo que leen y dicen que les gusta a esos pocos seguidores de mi modesta producción escrita son los artículos que publico en este periódico. Y aquí tengo que decir que me siento muy halagado de tener lectores fieles (incluso infieles, no me importa que me pongan los cuernos leyendo también a otros) y que me lo digan.

 

         Ahora bien, hay una especie de fanes en particular que resulta bastante latosa, y que suele manifestarse precisamente por estas fechas, por los sanfermines. Son gente que, al parecer, no encuentra suficientes motivos de diversión en los sanfermines propiamente dichos y pierde el tiempo leyendo el periódico, en concreto esta sección, y elucubrando sobre ella. Y que luego tropiezan conmigo en la calle. Unas veces nos conocemos ya, y otras yo no les conozco, pero por culpa de la fotografía que el periódico acostumbra a insertar con mi artículo ellos sí pueden identificarme. Son personas cargadas de buena intención, las mismas ciegas buenas intenciones que tantas catástrofes han provocado en la historia de la humanidad, y cargadas también con el contenido etílico propio de las fechas. Su frase mágica comienza con “tengo una idea para tu artículo de mañana”. Y te la sueltan. Que por qué no escribo sobre el zezenzusko, algo tan nuestro. Que podría hablar de por qué les pagan a los naranjitos si en realidad no hacen nada. O que nadie ha escrito nunca sobre los que imprimen los boletos de la tómbola. Que a ver si explico por qué el chupinazo es a las doce del mediodía y no de la noche, que sería más lógico.

 

         Les tengo que explicar que yo, para el día siguiente, no tengo la menor intención de escribir nada de nada, que en sanfermines no escribo, me dedico a otras cosas. Que mis artículos sanfermineros están enlatados, escritos meses antes y entregados todos en el mismo paquete en junio. Que sí, que mi artículo de ayer parecía que se refería a lo que sucedió anteayer mismo, pero que en sanfermines todos los años suceden las mismas cosas y es muy fácil jugar a ser como el calendario zaragozano, predecir frío en invierno y calor en verano.

 

         El problema es que el auténtico fan se siente con la misión cósmica de contribuir de alguna manera a tu obra  y no renuncia, sino que incluso descubre más amplias posibilidades. ¿Y de qué vas a escribir el año que viene?, te dice. Porque claro, su idea para un artículo de pronto se le ha revelado como propicia para toda una serie. Llegado ese momento estás impaciente por deshacerte de él (o ella) porque la gente con la que ibas se te ha perdido ya dos o tres bares más lejos, y probablemente llevándose el fondo, y además no te interesa lo más mínimo pensar en qué escribirás el año que viene, incluso si escribirás nada más el resto de tu vida. Así que te despides y sales huyendo como puedes, que no siempre es fácil, porque hay fanes de los que se agarran para hablar.

 

         Claro que el peor fan es ése que te tiene media hora larga exponiéndote el tema del que debieras tratar en tu artículo del día siguiente, y cuando tú por cambiar de tema le preguntas qué le ha parecido el de hoy te dice ah, no sé, no lo he leído, no suelo leer el periódico.

 

 

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