Gente
a evitar en sanfermines
LA EX PAREJA
Así como la principal causa del divorcio, según Groucho Marx, es el matrimonio, el motivo esencial de tener una o más ex parejas es haber tenido pareja. En la adolescencia, cuando la mayoría se lanza a buscar su media naranja creyendo ingenuamente que el amor, como un diamante, es para siempre, nadie se imagina la pesada carga de ex parejas que se puede ir acumulando a lo largo de la vida. En la madurez, con la sabiduría que da el fracaso repetido y cuando uno ya está suficientemente resabiado, el cálculo de si se está dispuesto a asumir el riesgo de cargar con otra ex más a medio plazo puede ser uno de los factores a analizar antes de aventurarse a una nueva relación.
Claro que, excepcionalmente, existen ex parejas que no generan problema. Hay quienes deciden finalizar su relación sentimental y seguir siendo buenos amigos. Hay incluso parejas que después de un divorcio mantienen una civilizada relación en cuyo seno gestionar pacíficamente los bienes y los hijos en común que les ha dejado el matrimonio. Pero aquí vamos a hablar de la norma general, esto es, esa pareja con la cual se ha roto toda relación años atrás y no se tiene el menor anhelo de volver a verla. Sea porque la ruptura fue muy traumática y dejó una estela de acusaciones y resentimiento que nunca ha desaparecido del todo. Sea porque quien rompió fue la otra parte y, en el fondo, queda algún rescoldo que no se quiere remover porque todavía puede quemar las entrañas. O peor, porque fue uno mismo quien puso fin a la historia con falsas excusas (la verdad era demasiado patética, un día ella apareció con aquel horrible vestido amarillo y sentiste la necesidad compulsiva de salir huyendo de aquella relación súbitamente insoportable), y todavía te sientes culpable. O simplemente porque transcurrido el tiempo ya no se tiene nada en común con esa persona salvo un pasado frustrante que se prefiere olvidar.
En
sanfermines se pueden producir escenas realmente incómodas, mucho más que el
resto del año. Uno se da de bruces con la ex en cuestión sin previo aviso. Hace
años que no has tenido que hablar con ella, la última vez que os cruzasteis
pudiste poner cara de prisa y salvar la situación con un simple saludo. Pero
ahora te ves atrapado. Estás de fiestas y eso quiere decir que andas por la
calle en cuadrilla más o menos extensa. Y ella, claro está, lo mismo. Es muy
posible que algunos de su cuadrilla te conozcan o conozcan a algunos de tu
cuadrilla, y viceversa. Es uno de los inconvenientes de vivir en una ciudad de
éstas donde se dice “aquí nos conocemos todos”, aunque sea mentira y quiera
decir en realidad “aquí nos conoce demasiada gente”. Así que acabáis todos
junticos en el mismo corrillo, o peor todavía, todos junticos en la misma barra
del bar porque alguien ha tenido la genial idea de proponer echar un trago.
Como a uno le cierran toda escapatoria tiene que poner al mal tiempo cara de circunstancias y entablar una embarazosa conversación. ¿Qué tal te va?, preguntas, adelantándote para no tener que contestar primero, aunque en realidad ni tengas ganas de oír lo que te vaya a contar. Que posiblemente ya conozcas, porque siempre hay almas caritativas que espontáneamente se ocupan de recopilar y transmitir al prójimo información sobre la vida de sus ex, y ya sabes que hace poco se divorció de aquel individuo con el que primero te puso los cuernos y luego se casó, y que acabó fugándose con otra llevándose todos los ahorros comunes, y encima cuando te lo contaron ni siquiera fuiste capaz de disfrutar de una mezquina y consoladora sensación de desquite, te dio lo mismo. Así que escuchas fingiendo que no sabes nada para no delatar tus fuentes, y sobre todo para no dar la impresión de que has estado indagando sobre su vida como si todavía tuvieras algún interés, pero al mismo tiempo fingiendo educadamente que te interesa lo que te dice, y no dejando traslucir que sabes que no te está contando toda la verdad. Sales como puedes de las preguntas comprometidas con algún chiste tonto, “¿ya no sigues con aquella chica rubia?”, “no, no, lo dejamos, ahora salgo con la chica de la portada de Elle del mes pasado”, y en cuanto puedes buscas una excusa para poner fin a la conversación con alguna cortés mentira como “ya nos veremos”. “Nos veremos si no puedo evitarlo”, piensas, mientras sonríes hipócritamente, das besos si no hay más remedio y estrechas manos si procede con el alivio de la despedida. Qué eterna se te ha hecho la cerveza.
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