Cosas que faltan a los sanfermines

 

EL ESPÓNSOR

 

 

         Reconozcamos que nos estamos quedando un poquito obsoletos. Los sanfermines son una de las fiestas más conocidas internacionalmente, pero se le notan demasiado sus orígenes provincianos. Si queremos presumir de unas fiestas que se puedan vender a todo el mundo (y en estos tiempos en que impera el mercado, si no te vendes no eres nadie) hay que ir renovando con más decisión de lo que se ha hecho hasta ahora, e incorporar algunos elementos que son habituales en cualquier evento de impacto mundial y que por aquí todavía apenas nos hemos planteado.

 

         Es imperdonable que el Ayuntamiento todavía no haya buscado un buen espónsor para las fiestas. Me permitirán que utilice este anglicismo adecuadamente castellanizado por la Real Academia, ya que sugiere mucha más modernidad y espíritu mercantil que el término patrocinador que recomienda el departamento de español urgente de la Agencia Efe. Miremos a nuestro alrededor: los Juegos Olímpicos, los Mundiales (me refiero a los de fútbol, que son los mundiales más mundiales de todos los campeonatos del mundo), el Dakar, las exposiciones universales, el Fórum de Barcelona, la guerra de Iraq. Cualquier acontecimiento planetario comparable con los sanfermines suele tener, no una, sino incluso varias empresas patrocinadoras.

 

         Sí, ya sé que este año el Ayuntamiento sacó un concurso para que las empresas interesadas patrocinaran –esponsorizaran, si prefieren- algunos actos sanfermineros. Pero no es lo mismo, y así de poco éxito ha tenido la iniciativa. Hay una diferencia entre poder decir “Cervezas San Gabriel, patrocinadoras del Fórum de Barcelona”, que “Cervezas San Gabriel, patrocinadoras de una exposición de coches antiguos en el Fórum de Barcelona entre el 15 de junio y el 7 de agosto”. O entre “Leche Talcual, patrocinador de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004”, y “Leche Talcual, patrocinador de la prueba de 200 metros libres masculinos de natación de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004”. Lo primero vende, lo segundo no mola nada.

 

         Está claro que a nadie le apeteció poder anunciarse como “patrocinador de la verbena de Antoniutti de los Sanfermines”, lema con el cual posiblemente en Cartagena o Santa Cruz de Tenerife no vendes ni una escoba. En cambio, publicitarse como “Hibernia Seguros, patrocinador de los Sanfermines 2004” permite abrir nuevos mercados desde California hasta Nueva Zelanda.

 

         Déjese el Ayuntamiento de planteamientos miopes. Lo que procede es buscar un buen espónsor en exclusiva, que ponga una buena cantidad de pasta sobre la mesa para ser el único que pueda presentarse en todo el mundo como patrocinador de toda la fiesta y explotar su imagen. Para hacer rentable la inversión su logotipo aparecerá en el cartel anunciador de los sanfermines, en los pañuelos rojos que imponga la corporación municipal a los visitantes ilustres, presidirá la fachada consistorial en el momento del chupinazo, lucirá en los capotes de paseo de los toreros que actúen en la Feria del Toro y, por supuesto, dispondrá de abundantes paneles publicitarios a todo lo largo del recorrido del encierro.

 

         Algunos dirán que eso es vender las fiestas al mejor postor. Gente caduca  que no entiende el espíritu de los tiempos. En una ciudad donde ya se subastó el mejor solar del centro urbano y al adjudicatario se le regalaron, además, las calles adyacentes y un planeamiento a la medida; donde cada vez más sectores del subsuelo en las plazas y calles más céntricas se están vendiendo por entregas a sociedades privadas para que exploten el negocio de aparcamiento; donde los canales forales de televisión pública van a ser gestionados por empresas mercantiles mediante concesión; donde los principales servicios públicos están en manos particulares, ¿acaso las fiestas son el único servicio que deba mantener a rajatabla la titularidad pública?

        

         Incluso no sería malo que alguno de los importantes grupos empresariales que ya están demostrando su eficacia y eficiencia en nuestra ciudad fuera adjudicatario también, mediante concurso internacional, del monopolio para utilizar publicitariamente nuestras fiestas, por eso de la economía de escala y la concentración de recursos productivos. E imaginen el gozo que sentiríamos si ya a principios de abril, mediada todavía la escalera sanferminera, pudiéramos oír en la radio un eslogan como “Ya son sanfermines en El Porte Inglés”.

 

 

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