Cómo capear la crisis en Sanfermines

 

EN LOS TOROS

 

 

         Hay varias posibilidades en Sanfermines respecto de las corridas de toros. No ir nunca jamás porque uno es antitaurino militante o simplemente porque le aburren, o porque no consigue entradas. Ir alguna que otra tarde, incluso siendo antitaurino o poco devoto, por disfrutar del ambiente se haga o no caso de toros y toreros. O ir todas las tardes del abono, bien por auténtica afición a la fiesta taurina o simplemente a la fiesta.

 

         Dado nuestro propósito de gastar lo mínimo está usted de enhorabuena si pertenece al primer grupo. Resulta casi imposible ir a los toros sin pagar (salvo los cargos agraciados con palco municipal o foral) y dependiendo de la localidad el perjuicio para el bolsillo puede ser notable. Las entradas son bienes escasos muy preciados y que no se regalan. Nueve de cada diez se las llevan los abonados y la restante la mayoría de las tardes suele desaparecer rápidamente de la taquilla y en buena parte reaparecer en la reventa. En Pamplona un abono es un signo de estatus muy codiciado. La semana de junio en que se recogen los abonos las taquillas cuentan con fuerte vigilancia policial; alguno pensará que para evitar un atraco dada la cantidad de metálico manejada (la Meca hasta este año no había descubierto el pago por tarjeta bancaria); error: se trata de evitar el robo de las entradas.

 

         Así que si no tiene intención de ir a los toros puede dedicar la tarde a una actividad muy económica que es la siesta. En cambio, si piensa ir uno o más días, resígnese a pagar. Salvo que sea un auténtico aficionado que necesite estar lo suficientemente cerca como para ver a dónde está mirando el morlaco cuando embiste, lo mejor es obtener las entradas más baratas que son las de sol y entre ellas las de andanada. Se disfruta casi lo mismo y por mucho menos dinero.

 

         La mayor compensación que tendremos si hemos invertido nuestros fondos en una entrada es que podremos comer y beber gratis. Ojo; la empresa no regala nada y los bares y vendedores ambulantes que funcionan oficialmente tienen precios prohibitivos. Pero es tradición arraigada que el público acuda provisto de comida y bebida suficiente como para el doble del aforo y la comparta solidariamente. Habitualmente es recomendable llevar la merienda, individual o en grupo, acompañada de alguna bebida que ayude a sobrellevar el calor veraniego. Pero dado que nos hallamos en esta situación de emergencia mundial causada por la crisis económica en la que imperativamente necesitamos ahorrar, acudiremos sin nada de comer o beber y confiaremos en la generosidad ajena.

 

         Si estamos rodeados de gente conocida, explicaremos ya desde el principio que no hemos podido llevar nada improvisando cualquier excusa; que nos hemos dormido y no hemos tenido tiempo de preparar nada; que íbamos a pasar a recoger la merienda pero nos han liado por la calle; que la hemos olvidado en la villavesa. Eso sí, caso de ir varios días y con la misma gente habrá que renovar los pretextos. Si estamos rodeados de desconocidos, lo mejor es hacerse pasar por forastero y hacer inocentes preguntas a los vecinos sobre las costumbres locales y porqué todo el mundo menos nosotros que no sabíamos nada lleva comida y bebida en abundancia. En cualquiera de ambos casos nuestros compañeros de tendido o andanada se compadecerán de nosotros y nos ofrecerán de lo suyo. En ocasiones, incluso sin abrir el pico y desde el principio del espectáculo, si hemos tenido suerte con los vecinos, nos ofrecerán sangría, vino, cerveza, champán, en los más diversos recipientes. Llegada la trascendental hora de la merienda nos ofrecerán la mitad de un monumental bocadillo, o nos invitarán a picar de una cazuela, o nos pasarán un plato de plástico lleno de paella, o nos pondrán en la mano un langostino o una raja de sandía, o nos ofrecerán un pastel de la caja que va circulando de un lado a otro. Es posible incluso que nos supliquen que ayudemos a acabar con los excedentes repitiendo de todo, misión a la que nos prestaremos de buena gana y agradeciendo en todo momento la oportunidad de ser útiles. Hemos de tener presente en todo momento que en realidad nuestra actitud en absoluto es la de un gorrón; estamos contribuyendo en verdad a una buena causa y haciendo felices a nuestros semejantes. Siempre sobra comida y la que no se consuma durante el espectáculo va a la basura o tiene que ser acarreada de nuevo por sus propietarios al salir, así que les estamos haciendo un favor. De nada.

 

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