POLÍTICA ENGELANTE
El lunes pasado el Gobierno de Navarra advirtió mediante la correspondiente nota oficial que se acercaba una borrasca en forma de “lluvia engelante”, y tuvo el detalle de explicar que “la lluvia engelante es un fenómeno meteorológico poco frecuente en el que el agua de la lluvia se congela casi instantáneamente al entrar en contacto con el suelo o un objeto”. Los medios de comunicación social reprodujeron inmediatamente la información y los ciudadanos que jamás habíamos oído hablar de lluvia “engelante” incorporamos una nueva palabra a nuestro vocabulario.
Tan
nueva es que no aparece noticia alguna sobre ella ni el diccionario de la Real
Academia Española ni en ninguna de sus bases de datos, ni en el Corpus de
Referencia del Español Actual ni mucho menos en el Corpus Diacrónico del
Español, y eso que entre ambos acumulan más de 410 millones de registros. En la
web de la Fundación Español Urgente tampoco han oído hablar del nuevo término.
En cambio Google ofrece unos 12.100 resultados con este palabro (no son muchos
para su colosal capacidad de búsqueda), eso sí, siempre vinculado a lluvia,
niebla y otros desagradables fenómenos meteorológicos. Deduzco que es un
vocablo recientemente inventado por meteorólogos hispanoparlantes (los
angloparlantes, menos creativos, se limitan a decir freezing rain, y los francófonos
pluie verglaçante, según he comprobado en la Wikipedia, llevándome a la
perplejidad de a quién habremos copiado esta vez), para no decir lluvia helada
o lluvia congelada, que es una vulgaridad al alcance de cualquiera por más que
parezcan expresiones más ajustadas a la realidad y a la lengua. Porque el
significado de “engelante” debiera ser “que engela”, aunque el verbo “engelar”
tampoco exista. Pero resulta que esa lluvia no “engela”, ni congela, ni hiela;
lo que sucede es que se congela o se hiela una vez caída, o sea, que en todo
caso “se engela” ella misma. Así que dando por supuesto que se hubiera
inventado el verbo “engelar” (como sinónimo más distinguido de congelar o
helar) deberíamos decir “lluvia engelada”, en participio, por el momento
expresión de uso minoritario (en cambio, chuva
congelada dicen en portugués con muy buen criterio, el mismo que lleva a
decir euri izoztua en
euskara/vascuence).
En
fin, son elucubraciones éstas totalmente ociosas ya que gracias al carácter
acrítico, replicante y multiplicador de los medios de comunicación y al gusto
de los hablantes por los neologismos que no aporten nada mejor, una
característica del neoespañol tan
bien descrito por el añorado Lázaro Carreter, doy por hecho que se impondrá la
expresión de lluvia engelante. Y si hay algún otro ámbito, además del
periodístico, donde gustan las novedades idiomáticas y el lenguaje ostentoso, e
incluso ostentóreo, que decía Gil, es
en la política, así que ya asumo desde ahora que pronto la expresión dará el
salto. Quizás Rajoy pueda acusar a Zapatero de que sus medidas económicas son
engelantes, que según llegan al suelo quedan tan inertes como si se congelaran,
o Sanz a Cervera de que su aterrizaje como líder del PPN es igualmente
engelante, o Barkos a Barcina de que su política lingüística es especialmente
engelante con el euskara/vascuence. Al tiempo.