Gente a evitar en sanfermines

 

LOS DE LA EMPRESA

 

 

         Es conveniente separar el negocio del ocio, que la etimología ya nos dice que son cosas opuestas. Trabajar en un negocio familiar condena a seguir hablando del trabajo en casa y salir con los compañeros de faena, como hacen en las series de la tele, hace que los problemas laborales afecten a los personales y viceversa. Aunque tampoco debe ser muy bueno trabajar en lugares donde sólo veas a los jefes, compañeros y subordinados durante la jornada laboral. No pasa nada, al revés, mejora mucho el ambiente si un par de veces al año la gente del curro se junta para comer y echar unas copas. Se producen revelaciones asombrosas como que los jefes después de unos tragos también son humanos, que ese tipo callado de contabilidad cuando se suelta cuenta chistes graciosísimos, o que el conserje baila el tango como un profesional.

 

         Ahora bien, de ahí a incluir a la gente con la que trabajas en tus planes sanfermineros hay un abismo, un infernal abismo que se puede abrir a tus pies. Vale lo de la cena o el aperitivo presanfermineros, pero después del chupinazo lo ideal es no volver a verles antes del 15 de julio (doy por sentado que hemos tenido la precaución de asegurar las vacaciones). La mayor amenaza puede provenir del exterior si trabajas en una empresa con centros abiertos por todo el mundo o en una institución con instituciones análogas en otras ciudades, regiones o países. Antes o después a alguien (de fuera) se le ocurre que sería buena idea montar algo durante los sanfermines y tener una excusa para venir de visita. Sea la asamblea general, un congreso internacional, una reunión de mandamases o unas jornadas de confraternización corporativa. Algunos desisten cuando se les explica que Pamplona por San Fermín no es como Madrid por San Isidro, que la ciudad no sigue funcionando como si nada, que la actividad productiva se paraliza, que la mitad de la población activa está de vacaciones y la otra mitad con resaca, que no se puede circular, que no hay plazas de hotel disponibles. Pero otros insisten y perseveran. ¿Hotel? No te preocupes, tenemos contactos. ¿Qué día empiezan las fiestas? No hay problema, lo montamos los días cuatro y cinco, y después nos quedamos otro par de días a conocer las fiestas. ¿Problemas de organización? Ya verás los nuestros de logística cómo se lo montan. ¿Demasiado jaleo? Quita, quita, lo que les va a gustar a esos japoneses.

 

         Al final lo hacen. Sólo se consigue que renuncien a la idea de que se modifique a su conveniencia el programa de fiestas cuando les explican que por muy influyentes que sean los jefes el Ayuntamiento no va a ceder, pero persisten en organizar el resto del sarao previsto. Anulan las vacaciones ya concedidas, mudan en laborable el día 7 de julio como si lo que dice el calendario oficial fuera cierto, y poco antes de que empiecen las fiestas ves desembarcar en Pamplona un montón de gente que con la excusa oficial que les han proporcionado vienen a que les enseñes los sanfermines. Renuncia a estar a tu aire. El grado de ensañamiento varía; lo mismo te toca un jefazo al que hay que hacer la pelota a base de bien, que nos jugamos mucho, ya sabes que la fusión está encima, y no se te olvide llevarle al encierro y a los toros, que el hombre es aficionado. O unos colegas a los que no hay manera de mandar a dormir, quieren juerga las veinticuatro horas del día y les tienes que seguir, que oye, acuérdate lo bien que nos trataron ellos en Sevilla por la feria, que estuvimos todo el día en su caseta. O unos suecos interesados en que les lleves un día a las Bardenas, como si en plenos sanfermines fuera normal irte a las Bardenas, y encima se las tienes que explicar en inglés. O unos renanos que han venido con la precisa misión de comprobar cómo funcionan los servicios públicos en situación de caos generalizado, que es lo que interpretan ellos que sucede aquí, y te pasas el día contemplando las pantallas de la sala de control de tráfico de la policía municipal, disfrutando del ambiente que hay en las urgencias del hospital o comprobando cómo se recoge y transporta la basura.

 

         Total, andas con el pañuelo rojo al cuello pero te han arruinado los primeros días de sanfermines, que todo el mundo sabe que son los mejores, y has tenido que sacrificar el ocio al negocio. Lo peor es cuando dicen de repetir todos los años. Consejo para jóvenes indígenas que buscan su primer empleo: asegúrate de que tu empresa no tenga conexiones con el resto del mundo.

 

 

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