DISCURSOS DE QUITA Y PON
En los últimos años se ha extendido la costumbre entre algunos políticos –generalmente, los que mandan- de utilizar dos atuendos oficiales para ejercer sus funciones. Creo yo que lo inventaron los del PSOE en los primeros años ochenta. Al llegar al poder, o sus aledaños, abandonaron los vaqueros y la ropa de pana y se empezaron a vestir con trajes de Armani o Adolfo Domínguez. Eso cuando iban a las Cortes, a la Moncloa, o a sus ministerios; porque en las reuniones del partido, en la calle Ferraz, o en los mítines, y sobre todo en las campañas electorales, aparecían de nuevo con la pana, para que se notara que seguían siendo rojos. El PP empezó a copiarles con Aznar. Fraga aparecía con traje de exministro de Información y Turismo lo mismo en el Congreso que en los mítines –y hoy sigue haciéndolo- pero Aznar y sus chicos se compraron unas cazadoras en Cortefiel para sustituir el traje y corbata en los mítines y en las excursiones de fin de semana y demostrar a las claras que ya no son de derecha sino de centro, es decir, que están cerca del pueblo. Creo que los del PNV siempre han tenido esa costumbre: traje y corbata en Ajuria Enea y en el Parlamento, atuendo popular –en su caso, kaiku en vez de cazadora- en Sabin Etxea y para las homilías dominicales de Arzalluz en alguna de esas campas en que gustan congregarse. En otras fuerzas políticas la costumbre no ha arraigado; Pujol siempre va vestido de presidente perpetuo de Cataluña (incluso en la cima del monte donde convocó las últimas elecciones por teléfono móvil me lo imagino con corbata) y los de HB suelen mantener el mismo aspecto rústico –representación del feliz país de baserritaras, arrantzales y aitzkolaris en el que aspiran a vivir algún día- en todas las ocasiones.
Pero el colmo de la sofisticación política es la de aquellos que igual que cambian de atuendo pueden cambiar de discurso según las circunstancias y las estaciones. Los maestros en esta técnica son de nuevo los del PSOE, y entre nosotros el primero es Lizarbe. Entre semana y durante el curso político, traje y corbata, visitas al Palacio de Navarra para firmar pactos con UPN, y discursos en el Parlamento apoyando la estabilidad institucional. Fines de semana y campañas electorales –aunque en este país las elecciones se van encadenando unas a otras y de la campaña se pasa directamente a la siguiente precampaña, así que saber cuándo se está en campaña en más cuestión de horario que de calendario- cazadora y discurso sobre la unidad de la izquierda y la necesidad del cambio.
El señor Lizarbe ha demostrado en los últimos meses qué fácil y con cuánta naturalidad se pueden hacer esos cambios de atuendo ideológico; en campaña electoral, gratuidad de la Autopista; después de las elecciones, explicación de porqué no puede establecerse la gratuidad de la Autopista hasta que él no sea presidente del gobierno. En campaña electoral, gobierno de progreso; después de las elecciones, gobierno de UPN que es lo mejor que le puede pasar a esta Comunidad. Ahora que estamos ya en la siguiente precampaña, de cara a las próximas elecciones generales –las primeras o las últimas del milenio, según que uno acostumbre contar con los dedos empezando por el primer dedo o por el dedo cero, quien lo tenga- el PSOE saca de nuevo un traje de pana que lleva incorporado el lema de unidad de la izquierda. Pero si en otros momentos unidad de la izquierda significaba fusión de partidos –"la casa común"-, en otros programa común –como en Francia-, en Cataluña ha significado coalición electoral, ahora unión de la izquierda es "voto útil" para el PSOE. Es decir, que IU no se presente para que sus votos vayan al PSOE, o si IU se empeña en presentarse, que sus votantes prefieran votar al PSOE, según el llamamiento que hizo Lizarbe.
A mí el llamamiento al "voto útil" –no hay elecciones donde alguien no lo haga- me recuerda a las pescaderías. "Esta merluza, ¿está buena?", pregunta el ama de casa; "¡Buenísima!", contesta el pescatero; "¿Y estas sardinas?"; "¡Estupendas!". Por supuesto, no he oído a ningún pescatero decir "Mire, la merluza no está fresca, y las sardinas del puesto de enfrente son mejores", ni a ningún partido que el voto a sus listas no es útil y que es mejor votar a otros.
Evidentemente, el voto más útil para el PSOE es el voto al PSOE; y, en Navarra, el voto al PSOE tiene la virtud de que también es el voto más útil para UPN. O sea, que el votante que quiera sacar doble utilidad a su voto puede votar tranquilamente al PSOE. Ahora bien, si el votante se considera de izquierda, a lo mejor quiere que su voto sea útil para algo en particular; parafraseando a Lenin, quizás se pregunte "Utilidad, ¿para qué?". Puede que para hacer una política de izquierda, y en este caso puede que el juicio sobre la utilidad de su voto cambie. Afortunadamente, como dijo hace pocos días Jordi Pujol –me refiero al de Las noticias del guiñol, no al que subtitulan en los telediarios- "la gente no es tonta, saben perfectamente que en campaña electoral les engañamos".
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