Cómo capear la crisis en Sanfermines

 

DESDE MI CELDA

 

 

         Afortunadamente el juez se ha portado y ha permitido que me traigan a la celda el ordenador portátil, así que puedo escribir y enviar esta crónica y comunicarme con el mundo exterior mientras se tramite el pago de la fianza. Supongo que en uno o dos días me pondrán en libertad, aunque para entonces habrán finalizado las fiestas.

 

         El caso es que algunos hosteleros me han denunciado como presunto inductor de más de veinte mil delitos de estafa del artículo 248 del Código Penal. Ayer cometí la imprudencia de visitar uno de los establecimientos presuntamente afectados (vamos a matizar lo de presuntos para no meterme en más problemas legales) y presuntamente fui reconocido y mi presencia denunciada a las fuerzas y cuerpos de seguridad (no sé si a las fuerzas o a los cuerpos, o a ambos, porque nunca he sabido distinguirlos bien), que vinieron a detenerme y me esposaron tras hacerme colocar las manos contra las vallas del encierro con las piernas separadas. Al ingresar en el calabozo no pudieron quitarme los cordones de los zapatos porque no llevaba (cordones), pero sí la faja roja y el pañuelo. Lo de la faja lo entiendo, supongo que en Sanfermines es práctica habitual con los detenidos al igual que el resto del año con los cinturones (hasta ahora sólo la había experimentado en los aeropuertos, donde aplican fórmulas de privación de libertad parecidas a las de las cárceles), pero suponer que uno se va a ahorcar con el pañuelo sanferminero no sé si es real.

 

         Yo creo que saldré absuelto, para condenarme mis denunciantes deberían probar que las más de veinte mil personas que afirman que se fueron sin pagar de sus bares lo hicieron directamente inducidas por mi artículo del otro día. Ni de globo me habrá leído tanta gente, en esta tierra hay muchos vicios pero el de la lectura no es uno de ellos salvo si contáramos las páginas de deportes, que no es el caso. Además, la técnica de irse sin pagar, el popular “simpa”,  es de conocimiento público, no hacía falta que la aludiese yo en estas páginas como medio de afrontar la crisis para que nadie la pusiera en práctica. Es totalmente injusto que me hagan responsable. La culpa la tiene la crisis económica, esa va a ser una de mis líneas de defensa, se la tengo que explicar a mi abogado cuando venga a verme (he pedido el de oficio por ahorrar). Otra va a ser darle la vuelta a la situación y acusar a mis acusadores. Seguro que no pusieron los medios suficientes para poder cobrar las consumiciones a todos los clientes. Si es que es algo que sabe todo el mundo; cuando los bares están abarrotados, como sucede en fiestas, a veces cuesta más que te hagan caso cuando vas a pagar que lo que te ha costado que te atendieran para pedir las bebidas. Tú te acercas todo lo que puedes a la barra, que quizás no logres pasar de la tercera fila, y tratas de llamar la atención del camarero que te ha atendido para que te cobre agitando ostensiblemente un billete de veinte euros (con menos de eso rara vez te va a llegar). Esperas pacientemente a que se dé por aludido, pero él dale que te pego como una máquina poniendo cañas, vinos, cubatas y calimochos. Al rato te sientes como un gilipollas y tienes serias tentaciones de irte, pero aguantas pacientemente gracias a la esmerada educación que recibiste de tus mayores y que te conduce a querer liquidar puntualmente todas tus deudas. Con mucha paciencia invertida en la operación consigues que el camarero te coja el billete y pregunte “¿Qué era?”, y a lo mejor a veces hasta regresa con las vueltas correctas.

 

         Seguro que toda esa gente que se fue sin pagar lo hizo porque no fue debidamente atendida, porque su educación es un poco menos esmerada de lo debido y no tuvieron paciencia para esperar. Eso sin contar con los que se olvidaron de pagar, probablemente en parte por el estado de confusión mental que les produjeron las bebidas alcohólicas ingeridas. Y claro, la responsabilidad sobre tal estado es achacable a mis acusadores que les proporcionaron esas bebidas y no tuvieron la diligencia suficiente para exigirles el pago antes de entregárselas. Que espabilen y hagan como en esos países civilizados donde primero pagas en caja y luego entregas el tiquet para que te den el producto.

 

         En fin, que creo que tengo una defensa bastante sólida y podré salir de esta. De todos modos, gracias a todo este percance he descubierto otra forma inexplorada de ahorrar en Sanfermines. Aquí en la cárcel no se gasta nada de nada.

 

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