Cómo capear la crisis en Sanfermines

 

DE BAR EN BAR

 

 

         Una de las actividades primordiales de los Sanfermines es recorrer bares. Lo mismo para celebrar que acaban de disparar el chupinazo, que para tomar el aperitivo, que para beber algo después de comer, que para pasar la tarde porque no vamos a los toros, que para hacer tiempo después de la corrida y antes de la cena, que en lugar de la cena porque hemos merendado mucho, que para tomar unas copas nocturnas antes, durante, después o en lugar de cualquier espectáculo, que por hacer tiempo hasta el encierro, que para desayunar después del encierro, que para descansar después de seguir a los gigantes, que para volver a tomar el aperitivo. Se comprenderá que este continuo peregrinar de bar en bar constituye una fuente de gasto constante que necesitamos convertir en ahorro. No tenemos intención de dejar de ir a los bares y de consumir pero sí de gastar.

 

         Hay dos posibilidades: ir en cuadrilla y conseguir que paguen otros (de la que trataremos mañana) o ir a solas o en pequeño grupo de dos o tres y conseguir que no pague nadie. En otras palabras, irse sin pagar.

 

         Quizás usted haya sido educado en la idea de que uno debe pagar por todo aquello que compra o consume y tenga reparos morales ante la idea de hacer frente a la crisis económica escabuyéndose de los bares sin pagar. Tranquilícese. No hará daño a nadie. Las empresas hosteleras ya han calculado que algunas consumiciones no les serán abonadas por despiste, por accidente con derramamiento de líquidos, por liberalidad de los dueños o empleados hacia familiares, amigos y clientes, o por fuga premeditada del cliente. Esas pérdidas están previstas y debidamente compensadas en el balance y tenidas en cuenta para el tradicional y sanferminero incremento de precios; lo único que queda por determinar es a quién corresponderá la ganancia, y ese puede ser usted simplemente tomando oportunamente la decisión.

 

         Por otro lado, el hecho de pagar y contribuir a las ganancias de las empresas tampoco le garantiza la tranquilidad de conciencia que proporciona un obrar perfectamente moral. Vaya a saber a dónde irá a parar ese dinero. En el mejor de los casos será depositado en un banco y puede acabar a través de cualquier fondo de pensiones o inversiones en sufragar hipotecas subprime de las que han originado la crisis económica, o puede servir para mantener los restos de la burbuja inmobiliaria que ha urbanizado masivamente este país, degradado sus costas y multiplicado el desempleo. En el peor de los casos se convertirá en dinero negro, no declarado a hacienda, y en forma de billetes de 500 euros viajará a algún paraíso fiscal y servirá para financiar operaciones de tráfico de drogas, armas, negocios que esclavizan niños tercermundistas o mujeres destinadas a la prostitución. Es lo que tiene la globalización, un perverso efecto mariposa, el euro que hoy gastamos en Pamplona mañana se vuelve a gastar lo mismo en las Islas Caimán que en Abu Dabi y a saber en qué.

 

         Así que dejémonos de escrúpulos que no llevan a nada y vamos a lo práctico. Las mejores oportunidades para beber de balde están, es tan obvio que no hace falta decirlo, en los bares más concurridos y en las horas punta. Pediremos nuestra consumición al camarero y nos retiraremos de la barra con aire de seguridad sin el menor ademán de pagar. La inmensa mayoría de las veces el camarero será de inmediato asediado por los siguientes clientes y olvidará reclamarnos nada. Unas pocas veces cantará el precio esperando que le paguemos antes de atender a los siguientes. Aquí es donde hay que utilizar alguna de las diversas excusas que llevaremos preparadas; “espera, ahora vuelvo, voy a por el fondo”; “espera, luego te pago todo, que vamos a pedir más cosas”; “espera, que ahora viene el que va a pagar”. Nos alejamos de la barra –preferentemente camino de la calle para perdernos entre la multitud- dejando que espere; que espere eternamente, nos cuidaremos de volver pero podemos confiar en que pronto seremos olvidados. Es muy improbable que seamos perseguidos y localizados; pero si así sucede no hay problema, al ser abordados por el camarero que nos reclama el pago hay que poner cara de inocente sorpresa y preguntar: “Ah, pero ¿no hemos pagado aún?”. Echaremos mano del fondo de emergencia que llevamos preparado y liquidaremos la cuenta. Dada la confusión reinante estas ocasiones serán mínimas y nos supondrán un coste razonable para el consumo total que vamos a hacer durante las fiestas.

 

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