Cómo capear la crisis en Sanfermines
COSAS QUE NO NECESITAMOS
Una fórmula expeditiva para ahorrar es
prescindir de gastos que hacemos impulsados por el frenesí consumista propio de
nuestra civilización o por un estado de excitación etílica que nos llevan a
adquirir cosas que ni necesitamos ni nos hacen más felices.
Por ejemplo, a diferencia de antaño o de
otras fiestas, no hace ninguna falta estrenar ropa en Sanfermines. Este año se
lleva el mismo modelo blanco del año pasado. Cierto que la ropa sanferminera
tiene la curiosa tendencia de encoger de una edición para otra; incluso hay
casos en que va apretándonos cada vez más las carnes a lo largo de las fiestas.
Si nos vemos en el caso extremo de tener que gastar en ropa nueva hay que cuidar
de adquirirla dos o tres tallas mayor de lo habitual. De todos modos, si no nos
importa hacer publicidad a una cadena de supermercados, a una marca de cerveza,
a una emisora de radio o a un periódico, suele ser fácil antes y durante las
fiestas hacerse con camisetas, pañuelos y gorros de regalo que nos pueden
servir para actualizar el vestuario (los pantalones hay que comprarlos siempre).
Salvo que seamos muy guarros basta con dos conjuntos de quita y pon que iremos
alternando con los correspondientes pasos por la lavadora y, en su caso, por la
lejía (recordemos que los mozos de la peña La Veleta inventaron el traje de
pamplonica en 1931 aconsejados por uno de ellos, pintor de profesión, conocedor
de las virtudes de la lejía para sacar manchas de la ropa blanca).
Tampoco necesitamos comprar ningún
disfraz, incluso aunque seamos de una peña o un grupo de amigos de los que un
día salen a dar la nota disfrazados todos igualicos. Por supuesto hemos
resistido la tentación presanferminera de comprar uno para competir en el I Concurso
Internacional de Dobles e Imitadores de Ernest Hemingway que promueve el Departamento
de Cultura y Turismo del Gobierno de Navarra. Esta brillantísima iniciativa inspirada
en el Annual Papa Look-Alike Contest
del Sloppy Joe's Bar de Cayo Hueso, Florida (no se diga que no somos
universalistas a la hora de copiar) tiene indudable vocación de convertirse en
el futuro en uno de los principales actos sanfermineros que eclipse incluso al
encierro y una de las claves para que Pamplona sea elegida como capital europea
de la cultura 2016, pero dejaremos que participen solamente los que sin disfraz
ni artificio alguno guarden parecido con el escritor, los que de por sí tengan
la barba blanca y la barriga cervecera imprescindibles.
No necesitamos gastar en transporte.
Salvo si hemos cometido la torpeza de irnos a vivir demasiado lejos de la
ciudad engatusados por una vida en falso contacto con la naturaleza a pie de
autovía, no solo podemos sino que debemos prescindir del automóvil con lo cual
ahorraremos en combustible y sobre todo en aparcamiento. Si vivimos a demasiada
distancia del centro como para ir a pie tenemos el transporte comarcal que en
Sanfermines ofrece servicio 24 horas y un tren chu-chú municipal gratuito. Sólo
en casos de intoxicación etílica grave habrá que recurrir al taxi y en casos de
intoxicación muy grave a la ambulancia (este segundo caso resulta preferible y
más económico ya que paga Osasunbidea).
Sobre todo, no necesitamos gastar nada
con los vendedores ambulantes. Resistiremos cualquier impulso de comprar la
chorrada que esté de moda este año rechazando amablemente todas las ofertas. Sí,
ya sé que nuestra natural generosidad y compasión por el prójimo nos puede
llevar a creer que estamos haciendo una obra de beneficencia con esta gente
venida de China, Marruecos, Camerún o cualquier otro país en vías de subdesarrollo
exportador de emigrantes. Nada más falso. Probablemente estamos incitando una
inmigración no deseable. Si se tratara de traer inmigrantes para trabajar en la
construcción, ese milagroso sector económico al que debemos la prosperidad de
este país lleno de viviendas vacías a precios prohibitivos, o para cuidar de los
niños y ancianos que no tenemos tiempo de cuidar, pues vale. Pero no tiene
sentido traer inmigrantes para que nos vendan cuernos postizos, antenas de
marciano, artefactos luminosos para colgarnos del cuello, collares y pulseras
de un solo uso y chuminadas diversas para hacer la gracia de turno la noche que
las compramos antes de perderlas o romperlas. Mejor hagamos a los pueblos menos
desarrollados el favor de contribuir a que sus hijos no vengan a vendernos esas
cosas y se queden allí para levantar el país.