CONSECUENCIAS DE LA CRISIS ECONÓMICA
Por el Foro
Iruña: Fernando Atxa, Iñaki Cabasés, José Luis Campo, Fermín Ciáurriz, Conchita
Corera, Reyes Cortaire, Miguel
Izu, Javier Leoz, Guillermo Múgica,
Iosu Ostériz, y Patxi Zabaleta.
A estas alturas sabemos muchas
cosas de la crisis, sus dimensiones, sus causas, sus efectos, factores que
habría que cambiar e iniciativas que se deberían tomar para cambiar el rumbo de
las cosas. Sin embargo, el problema radica, precisamente, en la ruptura de la
economía respecto a la condición humana como sujeto y destinatario. Esta
desvinculación ha resultado tremendamente funcional sobre todo al capitalismo
neoliberal globalizado y tecnocientífico. También sabemos que, hoy por hoy, los
dirigentes mundiales no han hecho nada sustantivo por cambiar el rumbo de las
cosas.
Las sociedades capitalistas
iniciaban hace años ya una vertiginosa etapa de consumo basada en el
endeudamiento. Se evitaba hablar de crisis estructural, fomentando una demanda
artificial. En estos momentos parece evidente que un crecimiento indefinido no
es sostenible ni en términos energéticos, ni económicos, ni sociales. En el año
2000 la Unión Europea se fijó el objetivo de lograr la primera posición mundial
en una economía dinámica y competitiva. La crisis económica ha frenado los
avances hacia una Europa Social, pero no ha sido la única causa para incumplir
sus objetivos. En realidad, la Unión Europea camina hacia una profundización
del sistema neoliberal, es decir, del capitalismo.
En tiempos de bonanza económica
en el conjunto del Estado y en Navarra, el gasto social se mantuvo en valores
bajos: no hubo desarrollo. España está a 6,5 puntos por debajo de la Unión
Europea en la proporción de gasto social sobre el PIB, por lo que queda un
amplio margen de mejora. En Navarra las desigualdades sociales no son muy
diferentes de las que se dan en otras Comunidades. Las víctimas de la crisis
son los parados. El mayor problema es el que tienen que afrontar las
personas sin empleo. La crisis está
golpeando y castigando con más dureza a los sectores menos favorecidos de la
sociedad, que son además los que no han tenido ninguna responsabilidad de esta
crisis, de orígenes fundamentalmente especulativos y financieros. En el
conjunto de España el número de
personas desempleadas están cercanas a los 4 millones. En Navarra el
desempleo afecta a 40.653 personas. Estar en el paro hace muy difícil, cuando
no imposible, hacer frente a los compromisos económicos y aumenta el riesgo de
llegar a situaciones de pobreza (son los nuevos pobres de los que habla
Cáritas).
Parecemos instalados en el pesimismo, seguros de que la economía
volverá a crecer como ya se está manifestando en bancos y entidades
financieras: crecerá todo menos el empleo. Y ante una situación tan injusta que
afecta a una buena parte de la sociedad, apenas hay reacción, como si no pasara
nada. Y esto es así porque, en parte, la salida de la crisis viene acompañada de una cascada de medidas
que más parecen encaminadas a conseguir la recuperación y volver a la situación
anterior al 2008.
Los agentes sociales, tanto
las administraciones públicas como las organizaciones empresariales,
sindicatos, entidades de participación de toda índole que perciben y
vehiculizan ingentes cantidades de dinero público, deben dar cuenta a la
sociedad no solo de la correcta gestión de tales fondos, sino también de la
eficacia y eficiencia de su empleo. Estamos en una etapa de la historia
desafiante, sugestiva y estimulante por un lado; pero por otro, difícil, espesa
y muy probablemente convulsa. En el futuro los cambios deben priorizar, sin
remilgos, la distribución de la riqueza, trabajo y tiempo con criterios de
justicia y solidaridad. Y para ello, las pautas del empleo social van a ser
imprescindibles en todos los sectores, pero sobre todo en el sector primario,
en relación con el medio ambiente y el ocio; en relación con las políticas
sociales y servicios públicos; en investigación e innovación y su aplicación en
la renovación y reestructuración industrial, comercial, y en general, de
digitalización de las relaciones sociales. Así mismo es el momento de
consolidar una red de prestaciones sociales que posibilite hacer frente a las
necesidades básicas. Esto, que parece suscitar reticencias y dudas, es posible
económicamente y también productivo. Es rentable. Y en tiempos de crisis hay más razones, si cabe, para reforzar la
protección social porque estamos hablando de derechos humanos y de justicia.
Algo se mueve desde hace
años: nuevas iniciativas a las que deberíamos prestar más atención y apoyo
crítico: movimientos por el decrecimiento y modos de vida más austeros,
iniciativas de empresas sociales solidarias, banca ética, comercio justo,
propuestas participativas, propuestas de renta única universal garantizada,
etc. Desde la constatación de la naturaleza estructural, global y plural de
esta crisis, son necesarias propuestas cercanas a las personas tanto en materia
de empleo como de consumo, uso y pautas energéticas. Necesitamos colectivamente
otros valores, otras reglas y otro lenguaje que nos permita pensar y actuar más
allá de lo que nos digan quienes están ejerciendo el poder difundiendo mensajes cuando menos de dudosa credibilidad.
Y, como hemos señalado anteriormente, podemos poner nuestro empeño para avanzar
en políticas en las que la justicia y la solidaridad sean los valores
predominantes.
Para terminar queremos
manifestar que los aquí firmantes nos adherimos a la Declaración de
Pamplona,
documento fruto del trabajo de las recientes Jornadas sobre Exclusión y
Ciudadanía celebradas en la UPNA: Foro pro-positivo para una estrategia
inclusiva.