COMO
SI NO EXISTIERA EL AMEJORAMIENTO
Resulta paradójico que la misma semana
en que el Gobierno de Navarra monta un acto institucional de celebración del
veinticinco aniversario del Amejoramiento del Fuero convoque una manifestación
“en defensa del estatus político de Navarra, reflejado en el Amejoramiento del
Fuero y en el marco de la Constitución Española, que rechaza cualquier
componenda o acuerdo que pase por pagar un precio político que satisfaga las
demandas históricas de la banda terrorista y su entorno”. Parece que lo que más
preocupa a los convocantes es el silencio de Rodríguez Zapatero ante las
propuestas de Batasuna sobre Navarra.
Es ya
una paradoja que se exija con tanta vehemencia un pronunciamiento del
Presidente del Gobierno de España sobre algo que la propia declaración del
Gobierno de Navarra dice que sólo a los navarros nos toca decidir
democráticamente. A uno le parece más bien que, no siendo el señor Rodríguez
Zapatero navarro, que guarde silencio sobre el futuro de Navarra es la postura
más prudente. Si tomara partido al respecto es cuando habría que pedirle que se
callara.
Otra
paradoja es que se mantenga que la defensa del Fuero pase por sacar a los
navarros a la calle como si estuviéramos de nuevo en tiempos de la Gamazada.
Que no estamos en aquellos tiempos lo prueba, precisamente, que estemos
celebrando los veinticinco años del Amejoramiento del Fuero. Si en 1893 hubiese
existido tal norma no hubiera sido necesaria ninguna Gamazada porque tampoco
hubiera sido posible que el ministro Gamazo planteara las propuestas que
desataron el conflicto.
Desde
1841 y hasta 1978 Navarra sólo tuvo, como instrumento legal para defender su
autonomía, la Ley de modificación de fueros más conocida como “Ley Paccionada”.
Por mucho que se haya mitificado y sacralizado, era una garantía bien endeble.
Una ley ordinaria, sin un expreso basamento constitucional (ninguna de las
constituciones españolas, hasta la de 1978, se preocuparon de mencionar ni los
fueros ni el régimen singular de Navarra), en riesgo de que en cualquier
momento fuera modificada por las Cortes. Esa intención tuvieron varios
gobiernos de la Restauración, tanto con Cánovas como con Sagasta, modificar la
Ley de 1841 a través de las leyes de presupuestos o, lo que es peor pero
sucedió, a través de un simple Real Decreto. A falta de lo que hoy denominamos
una “garantía institucional” la resistencia debía canalizarse a través de
constantes gestiones de la Diputación Foral ante el Gobierno y, en algunos
casos como en la Gamazada, apoyadas por la movilización de las instituciones o
la ciudadanía de Navarra.
A
partir de 1925, con el pacto sobre la aplicación del Estatuto Municipal a
Navarra, el Estado aceptó el principio de la inmodificabilidad unilateral del
régimen foral y lo plasmó en diversas normas. Pero siguió estando ausente una
auténtica garantía para que se respetase el principio, y de hecho hubo más de
una decisión unilateral del Estado que incidía sobre los contenidos del régimen
foral contra las que las protestas de la Diputación fueron ineficaces (por
poner un ejemplo conocido, la privación por Decreto-Ley de las competencias
sobre tráfico en 1961).
Esto
es lo que cambió, precisamente, con la Constitución de 1978 y el Amejoramiento
del Fuero de 1982. Por primera vez, un reconocimiento constitucional del
régimen foral (Disposición Adicional Primera), complementado con una
descripción detallada del alcance de sus competencias (contenida en el
Amejoramiento). Un ataque a las competencias de Navarra es inconstitucional y puede
ser combatido acudiendo al Tribunal Constitucional. Por otro lado, el principio
de inmodificabilidad unilateral del Amejoramiento y la exigencia de
procedimiento pactado de reforma (art. 71 del propio Amejoramiento), así como
el contenido de la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución, aseguran
que toda decisión sobre el futuro institucional de Navarra está en manos de los
ciudadanos y ciudadanas de Navarra a través de su Parlamento y, en su caso, de
un referéndum. Rodríguez Zapatero, como cualquier otro Presidente del Gobierno,
ya no está en la situación de Cánovas, Sagasta, Primo de Rivera o Franco.
Navarra no es negociable, no porque lo diga una declaración del Gobierno de UPN
y CDN y lo apoye una manifestación en la calle, sino porque constitucionalmente
no cabe que nadie negocie a sus espaldas.
No
cabe mayor contradicción que cantar las loas del Amejoramiento (que tiene
méritos indudables, pero también carencias de las que ahora no es momento de
hablar), y al tiempo actuar como si no existiera, como si estuviéramos todavía
a merced de las decisiones caprichosas de cualquier gobernante que desde Madrid
pueda condicionar el futuro de Navarra. Mostrarse como los máximos defensores
del marco institucional y confiar tan poco en su solidez y en las garantías que
ofrece a Navarra no resulta coherente.
La
contradicción sólo se entiende, y se entiende perfectamente, desde el interés
preelectoral. Desde la insistencia del Gobierno de UPN y CDN de patrimonializar
todo lo navarro en su favor; de comportarse no como administradores sino como
propietarios de Navarra; de hacer uso partidista de las instituciones que son
de todos; de mostrarse ellos solos como los buenos navarros que defienden a
Navarra, y a todas las demás opciones políticas como sospechosas de traición,
doblez o cuando menos debilidad; de atemorizar, en suma, a la ciudadanía ante
amenazadores gigantes que a lo mejor sólo son molinos de viento. Sembrar la
alarma siempre es provechoso para quien se ofrece de inmediato como el
salvador. Algo en lo cual tiene una gran experiencia UPN, con más de un cuarto
de siglo viviendo del miedo a que vengan los vascos. Menor trayectoria en este
sentido la del CDN, que nació como fuerza supuestamente renovadora frente a un
navarrismo excluyente y ha acabado siendo su apéndice.
Se
pretende que cuando los ciudadanos vayan a votar en mayo no se acuerden de que
lo que eligen es un Parlamento y un Gobierno; de que lo que está en cuestión no
es la identidad de Navarra sino las políticas en materia de educación, salud,
bienestar social, empleo, vivienda, fiscalidad, cultura. Que hay
afortunadamente más opciones que la de “o yo, o el caos”. Mejor que no se hable
de nada de eso, que los votantes no caigan en el vicio de pensar, comparar y
decidir libremente, que voten aterrorizados a quienes se ofrezcan con más
convicción como salvadores de la patria (patria, cuando la oigo nombrar me echo
la mano a la cartera, que dijo aquél).
Flaco homenaje se ofrece en su aniversario al Amejoramiento del Fuero precisamente por quienes más se llenan la boca con él.
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