Nuevas tradiciones

 

CÓMO SE INVENTAN LAS TRADICIONES

 

 

         Una opinión muy manida sobre los sanfermines es que forman parte de nuestras más venerandas tradiciones. Las propias fiestas y, dentro de ellas, la celebración de todos y cada uno de sus actos. La idea de tradición va espontáneamente unida a la de antigüedad. Las tradiciones, para el vulgo y también para la Real Academia Española, son cosas que se vienen repitiendo desde tiempo inmemorial. Tradición: “Transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación”. Y aún podríamos añadir, son cosas que no sólo se repiten sino que deben repetirse, deben mantenerse y transmitirse de forma obligatoria. Si se produce la catástrofe colectiva de que se pierda una tradición sus más sagradas leyes exigen que se recupere cuanto antes. Ahí está el paradigmático caso del Riau-Riau y su recuperación pendiente, herida sangrante en la memoria festiva de nuestra ciudad.

 

         Por eso nos vanagloriamos de que la procesión de San Fermín se venga celebrando más o menos igual desde el siglo XVI. Digo más o menos porque a lo largo de los siglos le hemos ido añadiendo cosas, desde la comparsa de gigantes hasta los uniformes de los y las munícipes, pasando por los representantes de las peñas. O quitando, como la escolta militar que tuvo hasta 1977. Afirmamos que una nueva plaza de toros, de edificarse algún día, debe ocupar necesariamente el mismo solar que la actual porque el encierro requiere que se desarrolle por su recorrido tradicional. Lo mismo que sabemos que el chupinazo se debe disparar indefectiblemente desde el balcón principal de la casa consistorial, por muchas sugerencias que hagan algunos sobre otras ubicaciones que permitieran congregar más público.

 

         Espero no ser considerado un aguafiestas si advierto que las tradiciones no dejan de nacer, de transformarse y de desaparecer, y que algunas no se trasmiten de generación en generación porque no llegan a durar lo suficiente. En realidad eso lo sabemos todos. Lo que sucede es que la idea de que las tradiciones son eternas reside en uno sólo de los lóbulos cerebrales que usamos cuando nos interesa mientras las neuronas del otro permanecen en absoluto reposo. La certeza de que todos hemos sido testigos antesdeayer mismo del nacimiento de tradiciones que ya son “de toda la vida” reside en el otro lóbulo, que sólo funciona cuando previamente hemos dejado fuera de servicio al primero. No sé si algún neurólogo ha desarrollado ya esta teoría, pero estoy convencido de que explica porqué los seres humanos somos capaces de convivir sin demasiados problemas con ideas y conceptos perfectamente contradictorios e incompatibles entre sí que manejamos alternativamente según convenga. En este y sucesivos escritos, por tanto, me voy a dirigir a ese área cerebral de los lectores que sabe que las tradiciones duran sólo un poco más que las modas. Durante su lectura hagan el favor de dejar inactiva su restante masa encefálica.

 

         “Los sanfermines cambian”, tituló hace cuarenta años un artículo suyo el doctor Arazuri, cuya historia de los sanfermines, que sigue siendo la sagrada escritura en la materia, contiene un amplio repertorio de actos tradicionales que, cuando se compuso el libro allá por los años ochenta del siglo XX, ya estaban “en desuso” (no quiso darlas por desaparecidas, la tradición nunca muere). En otros apartados documenta cuándo aparecieron tradiciones que nos parecen “de toda la vida” pero que rara vez han cumplido el siglo. Ahí está el caso del chupinazo, que no data de antes de 1941; del Riau-Riau, nacido allá por la primera guerra mundial y fenecido (salvo inesperada resurrección) con la primera guerra del Golfo Pérsico sin llegar a celebrar sus bodas de diamante; del atuendo sanferminero, adoptado el republicano año de 1931 y sólo generalizado a partir de los sesenta; del Struendo de Iruña, que festejó hace pocos años los cuarenta y se encamina hacia la cincuentena.

 

         Pero como la historia se acelera, en los últimos años se han creado (hemos creado, todos colaboramos) una buena cantidad de nuevas tradiciones sanfermineras. Tantas que el origen de la mayoría de ellas pasa desapercibido y ya parecen de las “de toda la vida”. Por últimos años me refiero a esos de los que tenemos memoria quienes de ninguna manera somos ya candidatos ni a la tarjeta joven ni a la hipoteca joven, pero tampoco tan viejos como para ver próximo el descanso de la jubilación. Vamos a repasar cómo se han inventado las nuevas tradiciones surgidas en las dos o tres últimas décadas; que haberlas, haylas en abundancia.

 

 

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