Nuevas tradiciones
LA CHICA YE-YÉ
Se me entienda que me refiero a La chica ye-yé solamente como una de las canciones que se cantan en los tendidos de sol a lo largo de las corridas de la Feria del Toro. Que suelen ser las mismas tarde tras tarde. Aunque no siempre han sido las mismas, porque las canciones “tradicionales” para acompañar una corrida de toros sanfermineros van cambiado con los años. Lo realmente tradicional es cantar. Dicen algunas crónicas nostálgicas que hace años se cantaba solamente entre toro y toro, y que ahora se hace en cualquier momento, a veces molestando a toros y toreros y a quienes desean prestar atención a la faena. Pero también son antiguas, de más de un siglo, las quejas sobre el ruido constante de la plaza y la nostalgia por tiempos anteriores supuestamente más sosegados. Escribió el inolvidable Joaquín Vidal que la única manera de conseguir silencio en la plaza de toros de Pamplona sería echar a la calle a los veinte mil espectadores y cerrar las puertas. Añadía que si en Pamplona se produjera alguna vez el famoso “silencio de la Maestranza” sería señal inequívoca de que había llegado el fin del mundo.
En todo caso, a lo largo de una tarde de toros son unas cuantas las ocasiones en que toda la solanera rompe a cantar, unas veces con acompañamiento instrumental y otras veces a cappella; sea todos al unísono la misma canción o con dos o tres piezas al tiempo compitiendo por hacerse oír.
La chica ye-yé es una de las canciones que va durando más como tradición sanferminera. Aunque es difícil ponerle fecha a estas cosas, porque nadie se ha preocupado de llevar un registro, hace más de veinte años que se interpreta continuamente feria tras feria. No sé si ya se cantó antes, en la época en que la compusieron Augusto Algueró y Antonio Guijarro para que la intepretara Concha (por aquel entonces Conchita) Velasco en la película Historias de la televisión. Fue allá por 1965, los dorados años de los Beatles, los que sin saberlo introdujeron el concepto “ye-yé” cantando aquello de “She loves you, yeah, yeah, yeah”.
Más antigüedad tiene el himno de Eurovisión, que se ejecuta desde los años setenta al inicio del paseíllo en versión tarareo y con los brazos en alto. Cuentan que la primera vez fue un acto reivindicativo-festivo frente a Televisión Española, que no quiso retransmitir el evento. Probablemente muchos no sepan que originalmente se trata de un Te Deum compuesto en el siglo XVII por el músico francés Marc Antoine Charpentier. Ni las generaciones más jóvenes sabrán que hace muchos años sonaba siempre que TVE conectaba con Eurovisión para ofrecer algún acontecimiento, con la pantalla ocupada por un logotipo con las doce estrellas en círculo (el consuelo por no ser admitidos en la Comunidad Económica Europea era ser miembros de Eurovisión y ganar su festival). Hoy las conexiones internacionales son constantes y sin tanta ceremonia; la publicidad no deja espacio.
Otra canción tradicional es El Rey, una ranchera que ha sobrevivido al tiempo y a la desaparición de otras canciones mexicanas, que siempre han gustado mucho por aquí, como Cielito lindo que era frecuente hace quince o veinte años. También se mantiene, cómo no, el Vals de Astráin, y de cuando en cuando Cumpleaños feliz. Pero son muchas las canciones que fueron obligadas durante muchos años y luego decayeron: Qué guapa estás María, Hola, don Pepito, Clavelitos, Ay, Mamá Inés, Tengo un tractor amarillo o Paquito el Chocolatero, que irrumpió con fuerza en los años noventa incluso con coreografía propia. Afortunadamente dejó de cantarse Arriba goma-2 que fue habitual en los años ochenta y noventa entre una parte del público de sol y que no tenía la menor gracia. Y aunque no fuera una canción, es de alabar que desapareciera también la práctica de la ola que se importó en 1986 del mundial de fútbol de México, y que al que suscribe siempre le pareció una completa memez.
En su momento dejó de cantarse Osasuna a la UEFA va o Vamos a subir, en espera de momentos más propicios, igual que el himno del Barça o Tengo una vaca lechera, que se cantaba cuando el astado lidiado dejaba que desear. Después de la retirada de Miguel Induráin del ciclismo profesional también dejó de utilizarse su apellido como estribillo sanferminero. Pero no crean que las canciones de la solanera evolucionan de forma vertiginosa. Es difícil que se empiece a cantar una canción nueva, y las pocas que logran introducirse en el repertorio duran años y años, con la ventaja de que no pagan derechos de autor. Y aquí me callo, no quiero dar malas ideas a la sociedad general de autores o a la Meca.
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