Cosas que faltan a los sanfermines
LA CÁTEDRA
Hoy en día cualquier asunto con la más mínima trascendencia social tiene alguna institución dedicada a su estudio. Dejemos aparte las que se ocupan de temáticas generales, los centros de estudios turísticos, económicos, jurídicos, geográficos, históricos, sociales. Y los que se dedican al conocimiento general de un territorio en particular, los diversos institutos de estudios altoaragoneses, bercianos, ceutíes, zamoranos, turolenses o riojanos. Nosotros también tenemos de éstos, además por partida doble: la Sociedad de Estudios Vascos y la Sociedad de Estudios Navarros, para que cada uno adopte el punto de vista que prefiera a la hora de conocer nuestro auténtico ser.
Junto a estas instituciones de investigación y estudio de temas más o menos amplios, hay una infinidad de organismos hiperespecializados en una materia concretísima. Desde el Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet, dedicado en exclusiva a este autor, aragonés o navarro según qué fuentes manejemos (me temo que el citado instituto, radicado en la localidad oscense de Villanueva de Sigena, secunda la tesis aragonesa), pasando por la Sociedad de Estudios Templarios y Medievales o la Sociedad de Estudios del Cáñamo de Aragón, ésta centrada en los derechos de los consumidores de cannabis, hasta el Instituto de Estudios de Ocio, la Sociedad de Estudios Leibnizianos o el Instituto de Estudios del Huevo (precisemos, para evitar malentendidos, que éste tiene el propósito de fomentar la investigación sobre el huevo en el contexto de la nutrición y la salud).
Sorprende que, rodeados como estamos de organismos especializados en el estudio de casi todo, no exista ningún centro de estudios sanfermineros. Cierto es que gracias a algunos francotiradores sin ayuda oficial que, empezando por el doctor Arazuri y su historia de los sanfermines, han trabajado por afición y empeño personales en el análisis y la divulgación de nuestras fiestas, muchos de sus aspectos nos son bien conocidos. Pero va siendo hora de que la labor de investigación se sistematice. Aún son muchas las cosas que ignoramos: ¿quién fue el primer guiri que se lanzó desde la fuente de Navarrería? Y sobre todo: ¿porqué lo hizo? ¿Porqué vienen más australianos que ingleses, si hay muchos más ingleses que australianos y viven más cerca? ¿Qué año se empezó a esparcir cola-cao en el chupinazo? ¿Qué probabilidad hay de que no llueva durante la Feria del Toro? ¿Cuál es la composición química del calimocho consumido en sanfermines, y cuál la cantidad exacta que provoca daños neurológicos irreversibles? ¿Por qué no llevamos boina, para sorpresa y decepción de quienes visitan por primera vez los sanfermines?
En fin, son muchas las cuestiones que merecerían un estudio más detenido y preferentemente desde un ámbito universitario que diera mayor rigor científico a esta disciplina, la sanferminología, hasta ahora cultivada desde el más estricto amateurismo.
Quizás sea un salto demasiado vertiginoso pasar de la nada en que hemos vivido hasta el presente a crear un Instituto de Estudios Sanfermineros o un Centro Superior de Investigaciones Sanfermínicas. Por eso propongo una iniciativa algo más limitada pero igualmente ambiciosa: la creación de la Cátedra San Fermín, encargada del impulso de la investigación en esta materia. Su titular, que deberá ser un científico pamplonés de reconocido prestigio y vastos conocimientos teóricos y prácticos sobre los sanfermines, podrá formar paulatinamente a través de la dirección de tesis y tesinas y la concesión de becas de estudio un amplio y pluridisciplinar equipo de investigadores que en el futuro integren esa institución especializada que merecen nuestras fiestas.
Otras materias, cuya importancia no minusvaloro pero que tampoco podemos poner por encima de las fiestas más internacionales del mundo, tienen una cátedra en alguna de nuestras universidades. Ahí está la Cátedra Jorge Oteiza, sostenida por el Gobierno de Navarra, o la Cátedra de Energías Renovables que financia Energía Hidroeléctrica de Navarra, SA, ambas en la UPNA; y en la universidad privada la Cátedra de Calidad Volkswagen Navarra, adivinen quién pone la pasta, y la Cátedra Félix Huarte de Estética y Arte Contemporáneo, financiada por la Fundación Beaumont. ¿Qué menos que el Ayuntamiento de Pamplona dedique unos euros de su presupuesto a crear la Cátedra San Fermín?
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