BELENES Y COMUNISTAS

Los políticos decimos muchas tonterías, y además a menudo amplificadas al ser recogidas por los medios de comunicación. Por eso es aconsejable no hacer demasiado caso de todo lo que se lee o escucha en boca de los políticos, y mucho más no contestar a todo lo que se dice en el ámbito de la política.

De ahí que normalmente no hubiera contestado a la rueda de prensa que algunos prohombres de UPN dieron sobre el manido asunto de la cesión de locales dotacionales en la calle Zolina. Pero si me he decidido a escribir estas líneas es por unas afirmaciones del Sr. Jaime que me tocan alguna zona sensible. Literalmente fueron éstas: "A lo mejor resulta que algunas de éstas [asociaciones favorecidas por la cesión] no gustan a la señora Biurrun por su condición y por ser de Izquierda Unida y en Izquierda Unida mandar el Partido Comunista. A lo mejor no les gustan los belenes y a lo mejor no les gustan que vaya la Asociación de Belenistas, que van a todos los belenes de Pamplona, que ayudan a todas las asociaciones, a todos los ciudadanos que van, que ayudan en todas las parroquias y que alegran la vista, alegran la situación y dan información sobre lo que es la Navidad a todos los ciudadanos de Pamplona".

No sé si a mi compañera Lidia Biurrun le gustan o no los belenes, pero evidentemente no es ese el tema; lo malo del comentario del Sr. Jaime es mezclar en la misma frase la Navidad, los belenes y los comunistas. Este es un tema recurrente de UPN: que si el urbanismo de Pamplona está en mano de los comunistas; que los que mandan en el Ayuntamiento son los comunistas; que si a los comunistas no les gustan los belenes.

En UPN saben (o deberían saber) que en el Ayuntamiento de Pamplona no hay ningún concejal del Partido Comunista. También saben que en Izquierda Unida de Pamplona no manda el Partido Comunista, sino su Asamblea local, en la cual participan miembros del Partido Comunista pero en minoría; y saben que lo mismo pasa en Izquierda Unidad/Ezker Batua de Navarra. Y saben que Izquierda Unida no se define como una organización comunista, aunque en ella participe el Partido Comunista de España, sino de izquierdas y pluralista (hay socialistas, republicanos, comunistas, ecologistas, feministas, etc.). Pero les da lo mismo porque les encanta hablar de comunistas.

Y el problema no es que la referencia sea inexacta; no nos molestaría a los miembros de Izquierda Unida que no pertenecemos al Partido Comunista si simplemente reflejara ignorancia. Pero lo que en el comentario del Sr. Jaime se adivina es un mensaje que se puede resumir en la siguiente ecuación: Izquierda Unida = Comunismo = Ateísmo = Persecución religiosa. Esto es lo que tiene en el inconsciente el Sr. Jaime al mezclar belenes y comunistas, o a lo que quiere apelar en el inconsciente del electorado (no sé qué es peor, si se lo cree o si lo dice pese a no creerlo).

Este mensaje desde luego no es original. Al contrario, tiene una larga tradición de dos siglos, la misma que el más rancio pensamiento reaccionario. Desde el siglo XVIII los sectores políticos más conservadores acusan de enemigo de la religión a cualquier movimiento renovador. Primero lo hicieron con la Ilustración, luego con los liberales, más tarde con los demócratas, a continuación con los socialistas y finalmente con los comunistas; y cuando convenía se mezclaba también a los masones y a los judíos. Todos ellos conjurados para destruir el orden natural establecido por Dios. Da igual que los propios reaccionarios con el tiempo asimilaran algunas ideas liberales, o posteriormente democráticas; siempre encontraban un nuevo enemigo que encarnara posiciones infernales.

Por supuesto, han existido persecuciones religiosas; pero achacárselas exclusivamente a un bando conjurado a través de los siglos para acabar con la religión no tiene el menor fundamento histórico. Las persecuciones responden a grupos intolerantes y dogmáticos que desgraciadamente aparecen en todas las épocas y dentro de todas las corriente ideológicas. Acusar de las purgas de Stalin a todos los comunistas es como culpar a todos los liberales del Terror de Robespierre o a todos los católicos de la expulsión de los judíos en 1492.

La mentalidad reaccionaria tiene mucho que ver con la formación de las dos Españas (aunque no es un pensamiento español, sino importado de la contrarrevolución francesa). Una de ellas siempre se considera defensora del Trono y del Altar frente a las doctrinas revolucionarias, y batallará incansable contra cualquier reforma de la estructura social y política. El enfrentamiento culmina en la guerra civil de 1936, proclamada por uno de los bandos como Cruzada contra los enemigos de la religión, y en la que se llegó a fusilar a unos por ser sacerdotes y a otros por no ir a misa.

El régimen franquista no solo es confesional y reaccionario, sino que tiene la suerte de coincidir con la guerra fría, que se convierte en una nueva cruzada contra el comunismo. El mundo se divide en dos; de un lado los defensores de la civilización cristiana, y de otro lado sus enemigos ateos y comunistas encabezados por la Unión Soviética (y se entendía por comunistas a todos los que no participaran con entusiasmo de las ideas del primer bando). Conocida es la cruzada interior contra el comunismo que se desarrolla en los Estados Unidos, sobre todo de la mano del senador Mac Carthy y su caza de brujas. De esta manera el pensamiento reaccionario puede sobrevivir en un ambiente propicio por lo menos hasta que cae el muro de Berlín. No obstante el franquismo, más papista que el Papa, se lleva en sus últimos años un gran susto cuando el Concilio Vaticano II lo deja fuera de juego. A toda velocidad debe promulgar una ley de libertad religiosa en la que se hacen arriesgados malabarismos para conciliar ésta con la confesionalidad del Estado.

Tras cuarenta años de nacional-catolicismo, todos pensábamos que con la transición hacia la democracia, y sobre todo a partir de la Constitución de 1978, la cuestión religiosa había quedado resuelta. Después de dos siglos en que fuera uno de los obstáculos para la convivencia pacífica y democrática, por fin se establecía la tolerancia religiosa, algo que otros países europeos habían logrado mucho antes. La Iglesia y el Estado quedaban separados; política y religión ocupan cada una su propio ámbito (al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios). La libertad religiosa y el pluralismo político pueden convivir sin ningún problema. Ningún partido político se identifica con posturas religiosas o antirreligiosas, ni ninguna confesión religiosa se identifica con ninguna opción política. Todas las fuerzas políticas practican la tolerancia religiosa tanto hacia el exterior como en su interior, incluidos los comunistas. Por eso incluso en una fuerza comunista como Izquierda Unida puede haber creyentes, como es el caso del autor de estas líneas.

Pero he aquí que algunas mentes privilegiadas mantienen viejos esquemas reaccionarios, cuya constante es la instrumentalización de la religión por determinados intereses políticos.

Desde el punto de vista político me parece peligroso que reaparezcan estas actitudes; ¿comparte el electorado de UPN ese esquema ideológico maniqueísta del Bien contra el Mal, de la Iglesia contra el Anticristo, ellos en el primer apartado y los demás en el segundo? ¿Siguen creyendo en las conspiraciones judeomasónicas?

Desde el punto de vista religioso y como cristiano me resulta bastante triste comprobar que todavía hoy se pretendan manipular en Navarra sentimientos religiosos con fines políticos.

 

 

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