AZNAR Y EL MOTÍN DEL CAINE

 

 

            Entre las más memorables interpretaciones de Humphrey Bogart, de las muchas que tuvo, está la del capitán Phillip Queeg en El motín del Caine, la película dirigida en 1954 por Edward Dmytryk y por la cual fue nominado para un Oscar (el premio de ese año se lo acabó llevando Marlon Brando por La ley del silencio).

 

            Como recordarán los lectores, la película cuenta cómo el capitán Queeg es relevado del mando del destructor Caine por sus subordinados que dudan de su salud mental ante las órdenes impartidas durante una tempestad en la cual el buque se halla en riesgo de naufragar. En el consejo de guerra a que se somete al segundo oficial que ha sustituido al capitán Queeg, éste muestra al declarar un acceso de delirio paranoide en el cual culpa a toda la tripulación, a todas las tripulaciones a las que ha mandado durante su carrera militar, de conspirar contra él para que fracasara en su misión. Su comportamiento psicótico (inolvidable el juego frenético con las bolas de acero en la mano) convence a los jueces de lo justificado de la destitución de Queeg y absuelven al acusado.

 

            A la comparecencia de Aznar ante la comisión parlamentaria que investiga los sucesos del 11-M sólo le faltó la música de Max Steiner para convertirse en una reedición del testimonio del capitán Queeg. En su versión, todos los acontecimientos investigados se resuelven aceptando la existencia de una monstruosa conspiración dirigida a apear al Partido Popular del Gobierno. Los conspiradores son múltiples y variopintos, unidos únicamente por su pérfida intención de trastocar los resultados de las elecciones generales de marzo de 2004. El perverso contubernio une a la Cadena SER con los terroristas de Al Qaeda, a ETA con el PSOE, a todos los partidos de la oposición con la trama asturiana de traficantes de explosivos, a los manifestantes ante las sedes del PP con jueces y policías que no quieren investigar los hechos hasta sus últimas consecuencias. Todos mienten “a sabiendas” (uno siempre ha creído, por aquello de que mentir es decir a sabiendas lo contrario de lo que se piensa, que no hay otra manera de mentir), todos han manipulado los hechos, todos son malvados, todos han actuado por aversión al gobierno y al partido presididos por el propio Aznar, que casualmente son los únicos que han dicho la verdad y han mostrado una conducta intachable. Resulta de todo ello que los atentados del 11-M han tenido como objetivo y víctima principal a José María Aznar. Nada como crearse enemigos descomunales para engrandecerse uno mismo. Sólo faltó para redondear la megalomanía acusar al pueblo español en su conjunto de dejarse engañar por los conspiradores y entregarles el Gobierno.

 

            Menos mal que destituyeron al capitán Queeg del mando a tiempo de que no se hundiera el barco.

 

 

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