20 años de Amejoramiento: los retos de futuro
Mikel Armendáriz, Victor Aierdi, Iñaki Cabasés, José Luis Campo, Ginés Cervantes, Fermín Ciáurriz, Reyes Cortaire, Jokin Elarre, Miguel Izu, Manuel Ledesma, Iosu Ostériz, Ramón Peñagaricano, José Angel Pérez-Nievas, Pedro Romeo, Javier Sánchez Turrillas, Andoni Santamaría, Patxi Zabaleta
Han pasado veinte años desde la promulgación del Amejoramiento del Fuero de Navarra como norma reguladora del régimen foral o de autogobierno de los navarros y navarras. Una manera positiva y constructiva de hacer balance es apuntar las áreas y oportunidades de mejora, específicamente desde el punto de vista de la convivencia socio-política. Las dinámicas de mejora permanente tienen especial sentido y justificación en los asuntos de la vida pública, tanto para prevenir la autocomplacencia como para superar la crítica destructiva.
La salida de la dictadura franquista hacia un régimen democrático, en el seno del Estado español, al amparo de los derechos históricos, y en el clima de ebullición y convulsión socio-política de la Transición, marcó las actuales reglas de juego político en Navarra. En estos veinte años de Amejoramiento, Navarra ha conocido importantes progresos en institucionalización, así como en desarrollo, nivel y calidad de vida. Pero al mismo tiempo, sigue arrastrando problemas de convivencia no resueltos, propios de sociedades con profundas divisiones políticas, en nuestro caso, sobre la identidad, la lengua, el autogobierno o el sentimiento de pertenencia como comunidad.
Desde la perspectiva de avance permanente, los próximos aniversarios del Amejoramiento suponen varios retos pendientes: conseguir la normalización política plena, consensuar la política lingüística, reiniciar relaciones con los territorios vecinos con vínculos especiales, consolidar los derechos históricos y las competencias en el ámbito europeo, así como completar la integración de los nuevos navarros y navarras.
Conseguir la normalización política plena
Más de dos décadas después de la Transición, Navarra todavía no es una comunidad plenamente normalizada, entendiendo por tal aquella que aborda sus conflictos de acuerdo a principios y procedimientos compartidos, con respeto tanto a la decisión de la mayoría como a los derechos de las minorías. Indicadores de este déficit de normalización son la ausencia de una situación de paz y de respeto de todos los derechos humanos de todas las personas, y también la coexistencia no resuelta satisfactoriamente de las tradiciones políticas mayoritarias y minoritarias, e incluso la falta de consenso en cuanto a la regulación de las opciones de cambio. Esta falta de normalización política plena se manifiesta cíclicamente en las frecuentes disputas públicas sobre cuestiones de carácter fundante de la convivencia, como los símbolos, la política lingüística, las relaciones institucionales con la Comunidad Autónoma Vasca y los conflictos de competencias con el Estado, asuntos todos ellos que por su calado requieren consensos sociales y políticos más amplios.
Un gran paso en la normalización de Navarra sería que se lleve a cabo, a partir de la situación presente, un proceso de revisión y mejora del estatus actual con el fin de alcanzar un nuevo acuerdo social y político, que incluya a toda la diversidad de tradiciones políticas, que establezca unas reglas de juego compartidas por todos y, en consecuencia, haga posible la integración, identificación y vertebración de todos los sectores de la sociedad navarra en un régimen de convivencia democrático. Esta mejora del Amejoramiento debe propiciar que las grandes tradiciones políticas de Navarra, sean mayoría o minoría, perciban que sus derechos, aspiraciones y temores son tenidos en cuenta mediante un gran compromiso recíproco.
Este proceso de normalización política plena de Navarra y de incremento del consenso sobre el marco de convivencia aconseja unos hábitos políticos de reconocimiento mutuo de la pluralidad de identidades, de no exclusión, de negociación y transacción, especialmente recomendables en una comunidad tan compleja como la nuestra. Asimismo, el cierre de un proceso de estas características, e incluso la posibilidad de desbloqueo en caso de un hipotético estancamiento, debe contemplar la posibilidad del posicionamiento directo y expreso de la población en consulta directa. Esta es la fórmula auténticamente democrática de legitimación social de un nuevo estatus y también una manera de subsanar déficits del pasado. En este sentido, el traspaso de la competencia sobre consultas populares a la Comunidad Foral de Navarra es un interesante recurso democrático de utilidad normalizadora. Igualmente, la exploración de nuevas e innovadoras formas de soberanía y gobernabilidad pueden facilitar mayores y más amplias adhesiones.
Consensuar la política lingüística
Las declaraciones sobre la diversidad y pluralidad solo son auténticas y creíbles si el respeto hacia las minorías es escrupuloso. En la actualidad, este no es, precisamente, el caso de la política lingüística en Navarra. La minoría vascohablante no está conforme con la atención a sus derechos. La comunidad vascófona no es tenida en cuenta a la hora de consensuar las políticas lingüísticas, lo cual no es justo ni aceptable. Además, la mayoría social (de ambos idiomas) se muestra partidaria, en los diferentes sondeos de opinión, de otro trato a la lengua minoritaria, el euskara, entre otras razones porque es un patrimonio y signo de identidad de toda la sociedad navarra. Es, por ello, necesario un replanteamiento a fondo de la cuestión lingüística como aspecto fundamental de la convivencia en una comunidad cada vez más plurilingüe.
Reiniciar relaciones con los territorios vecinos con vínculos especiales
Ni la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución Española, que prevé el procedimiento para una posible incorporación de Navarra en la Comunidad Autónoma Vasca, ni los Acuerdos de cooperación con la CAV, previstos en el Amejoramiento, han llegado a ponerse en práctica. Suponer que el asunto está zanjado, o condicionar cualquier avance al final de la violencia, no parecen soluciones sostenibles. En cambio, explorar nuevas relaciones políticas e institucionales, sobre la base de la igualdad y el respeto mutuo de la autonomía respectiva, así como fórmulas de asociación voluntaria para una vecindad cooperativa, son iniciativas que contribuirían a la identificación de todos los navarros con el marco institucional y de convivencia de Navarra.
Consolidar derechos históricos y competencias en el ámbito europeo
Hay también algunos vacíos en el Amejoramiento en cuestiones sencillamente no presentes en la escena pública hace veinte años, pero que actualmente tienen una importancia indudable por su repercusión en la vida cotidiana. Uno de ellos es el proceso de construcción europea, que afecta directamente a la sociedad navarra. Cuestiones clave del régimen de autogobierno, como por ejemplo, las competencias fiscales o la política agraria, se dirimen en la actualidad, y cada vez más en el futuro, en instancias eurocomunitarias. Queda por resolver el anclaje jurídico de los derechos históricos y las competencias expresamente reconocidas o atribuidas por el Amejoramiento a la Comunidad Foral de Navarra, por un lado, con su ejercicio en el nuevo espacio eurocomunitario, por otro, de cara al pleno desarrollo del autogobierno de Navarra.
Completar la integración de los nuevos navarros y navarras
Ciudadanos y ciudadanas navarros son también las miles de personas que han venido de otros países y continentes (Latinoamérica, Magreb y Este de Europa, principalmente) en los últimos años a trabajar y vivir en esta tierra, atraídos por sus oportunidades y su nivel de vida y que, previsiblemente, van a permanecer aquí en el futuro, además en proporción creciente. Su integración en la sociedad navarra es también un reto de primer orden. Ello demanda nuevas normas, recursos y políticas que atiendan sus derechos y fomenten su aportación a la diversidad cultural de Navarra, desde el respeto mutuo entre las culturas de acogida y de llegada.
En definitiva, si se aspira a que Navarra en el futuro inmediato sea una comunidad diversa pero bien avenida, es decir cohesionada y respetuosa con su pluralidad, hay cuestiones básicas, de peso, a mejorar. Principalmente, crecer en inclusión, en convivencia y en adaptación a un mundo cambiante, interdependiente y globalizado. Esta mejora permanente significa en la práctica una saludable tensión, negociación y adaptación de las normas legales a las circunstancias socio-políticas en las que deben aplicarse y entre ellas, especialmente, la conformación de la voluntad popular.
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