La Pasión en el Evangelio de Juan

(en 15 Charlas)

                        

18,1 Dicho esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto; allí entró él, y sus discípulos.
2 Pero también Judas, el que lo entregaba, conocía el sitio, porque muchas veces se había reunido allí Jesús con sus discípulos.
3 Así, el tal Judas, cogiendo el batallón y, además, guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, fue allí con faroles, antorchas y armas.
4 Jesús, entonces, sabiendo todo lo que se le venía encima, salió y les dijo: ¿A quién buscan?
5 Le contestaron: A Jesús el Nazareno. Les dijo: Soy yo. Y Judas, el que lo entregaba, estaba también presente con ellos.
6 Al decirles: "Soy yo", retrocedieron y cayeron a tierra.
7 Les preguntó de nuevo; ¿A quién buscan? Ellos dijeron: A Jesús el Nazareno.
8 Replicó Jesús: Les he dicho que soy yo; pues si me buscan a mí, dejen que se marchen éstos.
9 Así se cumplieron las palabras que había dicho: "De los que me entregaste, no he perdido a ninguno".
10 Entonces, Simón Pedro, que llevaba un machete, lo sacó, agredió al siervo del sumo sacerdote y le cortó el lóbulo de la oreja derecha. El siervo se llamaba Maleo.

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11 Jesús le dijo a Pedro: Mete el machete en su funda. El trago que me ha mandado beber el Padre, ¿voy a dejar de beberlo?
12 Entonces, el batallón, el comandante y los guardias de las autoridades judías prendieron a Jesús y lo ataron.
13 Lo condujeron primero a presencia de Anas, porque era suegro de Caifas, que era sumo sacerdote el año aquél.
14 Era Caifas el que había persuadido a los dirigentes judíos de que convenía que un solo hombre muriera por el pueblo.
15 Seguía a Jesús Simón Pedro y, además, otro discípulo. El discípulo aquél le era conocido al sumo sacerdote y entró al lado de Jesús en el palacio del sumo sacerdote.
16 Pedro, en cambio, se quedó junto a la puerta, fuera. Salió entonces el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, se lo dijo a la portera y condujo a Pedro dentro.
17 Le dice entonces a Pedro la sirvienta que hacía de portera: ¿No eres también tú discípulo del hombre ése? Dijo él: Yo no.

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18 Como hacía frío, los siervos y los guardias, que tenían encendidas unas brasas, estaban de pie y se calentaban, Y estaba también Pedro con ellos, de pie y calentándose.
19 Entonces, el sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
20 Jesús le contestó: Yo he venido hablando públicamente a todo el mundo; yo siempre he enseñado en reuniones y en el templo, donde todos los judíos acuden, y no he dicho hada a ocultas.
21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han estado oyendo lo que yo les decía. Ahí los tienes, ésos saben lo que he dicho.
22 Apenas dijo esto, uno de los guardias presentes dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así le contestas al sumo sacerdote?
23 Le replicó Jesús: Si he faltado en el hablar, declara dónde está la falta; pero, si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?
24 Entonces Anas lo mandó atado a Caifas, el sumo sacerdote.
25 Estaba Simón Pedro de pie calentándose. Le dijeron: ¿No eres tú también discípulo suyo? Lo negó él diciendo: Yo no.
26 Le dijo uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente del otro a quien Pedro cortó el lóbulo de la oreja: ¿No te he visto yo en el huerto con él?
27 De nuevo negó Pedro y, en seguida, cantó un gallo.
28 Condujeron entonces a Jesús de casa de Caifas a la residencia del gobernador. Era por la mañana temprano. Ellos, sin embargo, no entraron en la residencia del gobernador, para no contaminarse y poder celebrar la cena de pascua.
29 Salió Pilato fuera adonde estaban ellos y les preguntó: ¿Qué acusación presentan contra este hombre?
30 Le respondieron: Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado.
31 Les dijo entonces Pilato: Llévenlo ustedes y júzguenlo conforme a su Ley. Le dijeron entonces las autoridades judías: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie.
32 Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando la clase de muerte con la que iba a morir.
33 Entró de nuevo Pilato en la residencia, llamó a Jesús y le dijo: ¿Tú eres el rey de los judíos?
34 Contestó Jesús: ¿Piensas tú eso o te lo han dicho otros de mí?

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35 Replicó Pilato: ¿Acaso soy yo judío? Tu propia nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
36 Contestó Jesús: La realeza mía no pertenece al orden éste. Si perteneciera al orden éste la realeza mía, mi guardia personal habría luchado para impedir que me entregaran a las autoridades judías. Ahora que la realeza mía no es de aquí.
37 Le preguntó entonces Pilato: Luego ¿tú eres rey? Contestó Jesús: Tú lo estás diciendo, yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto estoy en el mundo, para dar testimonio en favor de la verdad. Le dice Pilato: ¿Qué es eso de "verdad"?
38 Dicho esto, salió de nuevo adonde estaban las autoridades judías y les dijo: Yo no encuentro ningún cargo contra él,

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39 pero tienen por costumbre que les suelte a uno por Pascua. ¿Quieren que les suelte al rey de los Judíos?
40 Entonces insistieron dando gritos: A ése no, a Barrabás. Y Barrabás era un bandido.

 19,1 Entonces tomó Pilato a Jesús y lo mandó azotar.
2 A continuación, los soldados trenzaron una corona de espino y se la pusieron en la cabeza; lo vistieron con un manto color púrpura
3 y, acercándose a él, le decían: ¡Salud, rey de los judíos! Y le daban bofetadas.
4 Salió otra vez fuera Pilato y les dijo: Miren, se lo traigo fuera para que sepan que no encuentro ningún cargo contra él.
5 Salió entonces fuera Jesús, llevando la corona de espino y el manto color púrpura. Pilato les dijo: Miren al nombre.
6 Pero apenas lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, se pusieron a dar gritos: ¡A la cruz! ¡A la cruz! Les contestó Pilato: Llévenlo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro cargo contra él.
7 Le replicaron las autoridades judías: Nosotros tenemos una Ley, y, según esa Ley, debe morir, porque se ha hecho hijo de Dios.
8 Cuando Pilato oyó decir aquello, le entró más miedo.

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9 Entró de nuevo en la residencia y preguntó a Jesús: ¿De dónde procedes tú? Pero Jesús no le dio respuesta.
10 Entonces le dijo Pilato: ¿Te niegas a hablarme a mí? ¿No sabes que está en mi mano soltarte y está en mi mano crucificarte?
11 Le replicó Jesús: No estaría en tu mano hacer nada contra mí si Dios no te dejara. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.
12 Desde aquel momento Pilato trataba de soltarlo, pero las autoridades judías daban gritos diciendo: Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey se declara contra el César.
13 Al oír Pilato aquellas palabras, sacó fuera a Jesús y lo sentó en un escaño, en el sitio que llamaban "El Enlosado" (en la lengua del país, Gábbata).
14 Era el día de los preparativos de Pascua, hacia mediodía. Dijo Pilato a las autoridades judías: Miren a su rey.
15 Ellos entonces se pusieron a dar gritos: ¡Quítalo, quítalo de en medio! ¡Crucifícalo! Pilato les dijo: ¿A su rey voy a crucificar? Replicaron los sumos sacerdotes: No tenernos más rey que el César.
16 Entonces, al fin, sé lo entregó a ellos para que fuese crucificado.

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17 Con eso, tomaron por su cuenta a Jesús "y cargando él mismo con la cruz, salió para un lugar que llamaban la Calavera (en la lengua del país, Gólgota);
18 allí lo crucificaron y, con él, a otros dos, a un lado y a otro; en medio, a Jesús.
19 Pero, además, Pilato mandó escribir un letrero y fijarlo en la cruz; estaba escrito: " JESÚS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDÍOS".
20 Muchos judíos del .sistema leyeron este letrero, porque el lugar donde crucificaron a Jesús estaba cerca de la ciudad. Estaba escrito en hebreo, latín y griego.
21 Dijeron entonces a Pilato los sumos sacerdotes de los judíos: No dejes escrito: "El rey de los judíos", sino pon: "Este dijo: Soy rey de los judíos".
22 Replicó Pilato: Lo que he escrito, escrito lo dejo.
23 Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su manto y lo hicieron cuatro partes, una parte para cada soldado; además, la túnica. La túnica no tenía costura, estaba tejida toda entera desde arriba.
24 Se dijeron unos a otros: No la dividamos, la sortearemos a ver a quién le toca. Así se cumplió aquel pasaje: "Se repartieron mi manto y echaron a suerte mi ropa”. Fueron los soldados quienes hicieron esto.

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25 Estaban de pie junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena.
26 Al ver a su madre y a su lado al discípulo a quien él quería, dijo Jesús: Mujer, mira a tu hijo.
27 Luego dijo al discípulo: Mira a tu madre. Y desde aquella hora la acogió el discípulo en su casa.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo quedaba terminado, para que se cumpliese aquel pasaje, dijo: Tengo sed.
29 Estaba allí puesto un jarro lleno de vinagre. Sujetando a una caña de hisopo una esponja empapada con el vinagre, se la acercaron a la boca,
30 y cuando tomó el vinagre, dijo Jesús: Queda terminado. Y, reclinando la cabeza, entregó el Espíritu.

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 31 Los dirigentes judíos-como era el día de preparativos, para que no se quedasen en la cruz los cuerpos durante el sábado, pues era grande aquel día de sábado- le rogaron a Pilato que les quebrasen las piernas y los quitasen.
32 Fueron, pues, los soldados, y les quebraron las piernas primero a uno y luego al otro de los que estaban crucificados con. él.
33 Pero, al llegar a Jesús, viendo que estaba ya muerto, no le quebraron las piernas;
34 sin embargo, uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y salió inmediatamente sangre y agua.
35 El que lo ha visto personalmente deja testimonio -y este testimonio suyo es verdadero, y él sabe que dice la verdad- para que también ustedes lleguen a creer.
36 Pues estas cosas sucedieron para que se cumpliese aquel pasaje: "No se le romperá ni un hueso"
37 Y todavía otro pasaje dice: "Mirarán al que traspasaron"
38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero clandestino por miedo a los dirigentes judíos, le rogó a Pilato que le dejase quitar el cuerpo de Jesús; Pilato lo autorizó. Fue entonces y quitó su cuerpo.
39 Fue también Nicodemo, aquel que al principio había ido a verlo de noche, llevando unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe.
40 Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, como acostumbraban a dar sepultura los judíos.
41 En el sitio donde lo crucificaron había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde aún nadie había sido puesto.

 

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42 Como para los judíos era día de preparativos y el Sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

20,1 El primer día de la semana, muy de mañana, cuando aún estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio la losa quitada del sepulcro.
2 Fue corriendo adonde estaba Simón Pedro con el discípulo a quien quería Jesús y les dijo: Han quitado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.
3 Salió entonces Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro.
4 Echaron a correr los dos juntos, pero el otro discípulo se adelantó, corriendo más deprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
5 Asomándose al sepulcro, vio puestos los lienzos, pero no entró.
6 Llegó también Simón Pedro siguiéndolo, entró en el sepulcro, y contempló allí los lienzos puestos
7 y el sudario, que había cubierto su cabeza, no puesto con los lienzos, sino doblado aparte, en un sitio.
8 Entonces por fin entró el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro, y vio y creyó.
9 Porque hasta entonces no habían entendido lo que dice la Escritura, que tenía que resucitar de la muerte.
10 Los discípulos se volvieron a casa.

 

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 11 María se había quedado junto al sepulcro, fuera, llorando. Sin dejar de llorar se asomó al sepulcro
12 y vio dos ángeles vestidos de blanco sentados uno a la cabecera y otro a los pies, en el lugar donde había estado colocado el cuerpo de Jesús.
13 Le preguntaron ellos: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
14 Dicho esto, se volvió hacia atrás y ve a Jesús allí presente, pero no se daba cuenta de que era Jesús.
15 Jesús le preguntó: Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dice: Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré.
16 Le dice Jesús: María. Ella se volvió y le dijo en su lengua: Señor mío (que equivale a "Maestro").
17 Le dijo Jesús: Suéltame, que aún no he subido con el Padre para quedarme. En cambio, ve a decirles a mis hermanos: "Estoy subiendo a mi Padre que es vuestro Padre, que es mi Dios y vuestro Dios".
18 María fue anunciando a los discípulos: He visto al Señor en persona. Y contaba lo que le había dicho.

 

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19 Por la tarde, aquel día primero de la semana, estando atrancadas las puertas del lugar donde estaban los discípulos, por miedo a los dirigentes judíos, llegó Jesús, se puso en el centro y les dijo: Paz con ustedes.
20 Y dicho esto les mostró las manos y el costado. Se alegraron mucho los discípulos de ver al Señor.
21 Les dijo de nuevo: Paz con ustedes. Igual que el Padre me ha enviado a mí, les mando yo también a ustedes.
22 Y dicho esto sopló y les dijo: Reciban Espíritu Santo.
23 A quienes declaren libres de los pecados, quedarán libres de ellos; a quienes se los imputen, les quedarán imputados.

 

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24 Pero Tomás, es decir, Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
25 Los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor en persona. Pero él les dijo: Como no vea en sus manos la señal de los clavos y, además, no meta mi dedo en la señal de los clavos y meta mi mano en su costado, no creo.
26 Ocho días después estaban de nuevo dentro de casa sus discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús estando las puertas atrancadas, se puso en el centro y dijo: Paz con ustedes.
27 Luego se dirigió a Tomás: Trae aquí tu dedo, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel.
28 Reaccionó Tomás diciendo: ¡Señor mío y Dios mío!
29 Le dijo Jesús: ¿Has tenido que verme en persona para acabar de creer? Dichosos los que, sin haber visto, llegan a creer.
30 Hay que saber que Jesús realizó todavía otras muchas señales en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro.
31 Pero éstas quedan escritas para que lleguen a creer que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y, creyendo, tengan vida unidos a él.

 21,1 Algún tiempo después, se manifestó de nuevo Jesús a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se manifestó de esta manera:
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (es decir, Mellizo), Natanael el de Cana de Galilea, los de Zebedeo y otros dos discípulos suyos.
3 Les dijo Simón Pedro: Me marcho a pescar. Le contestaron: Vamos también nosotros contigo. Salieron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

 

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4 Al llegar la mañana, se presentó Jesús en la playa, aunque los discípulos no se daban cuenta de que era Jesús.
5 Les preguntó Jesús: Muchachos, ¿tienen algo de pescado para acompañar? Le contestaron: No.
6 EI les dijo: Echen la red al lado derecho de la barca y encontrarán. La echaron y no tenían en absoluto fuerzas para tirar de ella por la muchedumbre de los peces.
7 El discípulo a quien quería Jesús le dijo a Pedro: Es el Señor. Simón Pedro, al oír que era el Señor, se ató la ropa a la cintura, pues estaba desnudo, y se tiró al agua.
8 Los otros discípulos fueron en el bote (no estaban lejos de tierra, sino a unos cien metros de la orilla) arrastrando la red con los peces.
9 Al saltar a tierra vieron preparadas unas brasas, un pescado puesto encima y pan.
10 Jesús les dijo: Traigan algunos peces de los que han pescado ahora.
11 Subió entonces Simón Pedro y tiró hasta tierra de la red repleta de peces grandes, ciento cincuenta y tres. A pesar de ser tantos, no se rompió la red.
12 Jesús les dijo: Vengan, almuercen. A ningún discípulo se le ocurría ponerse a preguntar: "¿Quién eres tú?", sabiendo bien que era el Señor.
13 Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo repartió, y lo mismo el pescado.
14 Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos resucitado de la muerte.
15 Después de almorzar, le preguntó Jesús a Simón Pedro: Simón de Juan, ¿me amas a mí más que a éstos? Le respondió: Señor, sí, tu sabes que te quiero. Le dijo: Lleva mis corderos a pastar.
16 Le preguntó todavía por segunda vez: Simón de Juan, ¿me amas? Le respondió: Señor, sí, tú sabes que te quiero. Le dijo: Sé pastor de mis ovejas.
17 Le preguntó por tercera vez: Simón de Juan, ¿me quieres? Pedro se puso triste porque le había preguntado por tercera vez: "¿Me quieres?", y le contestó: Señor, tú lo sabes todo, tú conoces que te quiero. Le dijo Jesús: Lleva mis ovejas a pastar.
18 Sí, te lo aseguro: Cuando eras más joven tú mismo te ponías el cinturón e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos y otro te pondrá el cinturón para llevarte adonde no quieres.
19 Esto lo dijo indicando la clase de muerte con la que iba a manifestar la gloria de Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.
20 Se volvió Pedro y vio que lo seguía el discípulo a quien quería Jesús, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: "¿Señor, quién es el que te va a entregar?"
21 Pedro, al verlo, le preguntó a Jesús: Señor, y éste, ¿qué?
22 Le respondió Jesús: Y si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme a mí.
23 De ahí que se corriera la voz entre los hermanos de que el discípulo aquél no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué te importa?"

 

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24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito, y sabemos que su testimonio es digno de fe.
25 Pero hay además otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales, si se escribiesen una por una, pienso que los libros que se escribieran no cabrían en el mundo.

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