LITERATURA PREDILECTA
(tan sólo, sugerencias)

       Pero si hay una de las artes por excelencia, esa es la de la letra impresa. Llevamos un rato largando sobre la guerra y las grandes respuestas que no existen al puñado de las grandes preguntas que todos nos hacemos. Nos queda una más: si la gente leyera un poco más, escuchando a esa vocecilla que le traduce a nuestras entendederas aquello que tratan de evocar las palabras, ¿no le iría mejor al mundo?


El Corazón de las Tinieblas, de Joseph Conrad , escrita entre 1898 y 1899. E, igualmente, les recomiendo  toda su obra en mayor o menor medida.
Pero en particular, esta pequeña novela es para el tío Wally lo que Blade Runner a sus predilecciones cinéfilas: un descenso inigualable a los abismos que separan al hombre de aquello que se empeña en cambiar; el mundo que lo rodea y la parte que le toca de la infame condición humana.
   Les recomiendo encarecidamente que lean este libro lenta y relajadamente, y encontrarán numerosos referentes en mucha de la iconografía actual, aún cuando fuera escrita hace tiempo.
    Pero, para variar, como muestra un botón; y díganme si les suena …

En aquella cara de marfil vi la expresión del orgullo sombrío, del poder despiadado, del terror pavoroso; de una desesperación intensa y desesperanzada. ¿Estaba acaso viviendo de nuevo su vida en cada detalle de deseo, tentación y renuncia durante aquel momento supremo de total conocimiento? Gritó en susurros a alguna imagen, a alguna visión; gritó dos veces, un grito no más fuerte que una exhalación: "¡El Horror! ¡El horror!"

    De hecho, y regresando inevitablemente al referente audiovisual que impera en estos tiempos, un siglo después de publicada aquella novela, Coppola haría un refrito con aquella novela y le saldría su estupenda Apocalypse Now, con su particular río de perdición, pero esta vez ubicando al profundo Kurtz en el delta vietnamita, en lugar de corazón del África más profunda. ¿Les sigue sonando.
   Lo dicho, si el tío Wally tiene una preferencia literaria absoluta, es esta… pero ya saben; nada es absoluto.

Así habló Zaratrustra, del poco comprendido, por espeso, Frederick Nietzsche. Si este filósofo inconmensurable hubiera sido capaz de alcanzar un lenguaje más asequible para las entendederas del público en general, toda su obra debería de estar presentes en los libros de texto de los niños de primaria, en adelante. Tengan por seguro que el mundo nos sonreiría con más bonanza y los hijos de nuestros hijos nos lo agradecerían. Pero el bueno de Freddy siempre fue muy suyo, y si se proponen leerlo les recomiendo música de Wagner muy ambiente (bajito, bajito), silencio escénico, y paciencia, mucha paciencia. Merece la pena, pero es todo un ejercicio de aguante intelectual.

Todos y cada uno de Los Episodios Nacionales, de don Benito Pérez y Galdós. Sí, sí; las lenguas sajonas y demás habrán dado mucho de sí; pero nada como la lengua del bueno de Cervantes.  Y como muestra, sólo muestra, porque hay mucho, largo y tendido en nuestra lengua de lo que sacar buena tajada, el tío Wally les sugiere encarecidamente se lean al menos los cuatro primeros episodios (Trafalgar, el primero, los enganchará, estoy seguro). No sólo pasaran un buen rato de lectura, fin último de tan deseable afición, sino que se acercaran casi sin darse cuenta a la Historia con mayúsculas (la de los libros de texto y las enciclopedias) y a la historia con minúsculas (la de los hombres que con su piel y sus huesos hacen posible la primera), de esta nuestra buena y poco valorada España, camisa blanca de nuestra esperanza, a veces madre, y siempre madrastra …

Y ahora, por variar, demos buenos saltos en el registro literario … de la literatura de los pesos pesados, a los grandes de un género que según dicen algunos expertos es hoy lo que el género de aventuras fue para nuestros abuelos: la Ciencia Ficción.
Neuromante, de Ian Gibson: premio Nébula, Hugo y Dick de 1984. Y sus secuelas o mundos parejos: Conde Cero y Mona Lisa Acelerada, que cierran la primera trilogía abierta con Neuromante, e Idoru, Luz Virtual, etc, etc... Las fuentes de las que bebe toda la estética cyberpunk que circula hoy por ahí: matrices de datos (¿Matrix?) y los jinetes del hielo, fantasmas en la red,  megacorporaciones, iconografia neonipona, y mucho más. Y ello incluyendo, lógicamente, la película de cabecera del tío Wally, Blade Runner.
Dune, de Frank Herbbert. Una obra magistral de familias y sagas imperiales cuyo poder e intrigas giraran siempre alrededor de la especia melange y su planeta productor, Arrakis. Un canto a la ecología y las epopeyas heróicas, los mesias, y demás. Recomiendo, pero como siempre, sólo es una opinión, la primera novela tan sólo: el eje central de la saga. El resto … buf, hay que tomárselo con calma. Espesito, el bueno de Frank.