Ramon Llull: Un laico del siglo XIII y su entorno sociopolítico y religioso.

Ramón Llull: Un laico del siglo XIII y su entorno sociopolítico y religioso.

Después de múltiples contiendas y auténticas batallas entre lulistas y antilulistas a lo largo de estos casi setecientos años, parece que, tras períodos de acercamiento o rechazo a su obra, en estos últimos años va tomando solidez la venerable figura del Mestre Ramón, avalada por el culto inveterado que le rinde su propia tierra y por las últimas investigaciones del Dr. Perarnau, en las que se demuestra que todas y cada una de las tesis catalogadas de heterodoxas por el inquisidor Nicolau de Eimerich son puras ficciones o malas interpretaciones del dominico.

En estos momentos en que finaliza la centuria, franciscanos, dominicos, el Obispo de Mallorca y la sociedad mallorquina están uniendo esfuerzos para postular en Roma un nuevo proceso a fin de clarificar definitivamente la figura y obra de nuestro Beato y otorgarle, si es decisión de la Iglesia, su merecido culto oficial tras tanto años de controversias e indecisiones. Quisiera que las palabras de hoy sirvieran para sumarnos a esa voluntad, y que fueran lo suficientemente esclarecedoras para comprender la pasión vital de este laico de aproximar la verdad de Cristo, su Amado, a todos los que lo desconocían y de entregar, si hubiera sido preciso, su último aliento de vida.

Intentaré exponer a su consideración dos momentos de la vida de Ramón Llull: en primer lugar, el período que abarca el entorno de su conversión, ocurrida en octubre de 1264, cuando contaba alrededor de cuarenta años y en el que siguiendo, su autobiografía titulada Vita Coetánea1, quisiera desgranar algunos de aquellos hechos o actitudes propias comparándolos con la mentalidad del reformismo de la época. En segundo lugar, analizar brevemente el contenido y log ideales de una de sus últimas obras, el Liber de Civitate mundi2, escrito en la ciudad siciliana de Mesina en 1313, cuando contaba casi ochenta años. Ambos períodos nos permitirán contemplar los ideales de este laico mallorquín, desde el momento de su conversión hasta casi el final de sus días. Momentos de ímpetu, de fuerza, de acción en 'ésa etapa inicial; momentos de abatimiento, de cansancio, de desconsuelo en la etapa final.

1 Las citas utilizadas corresponden a la Vita Coetanea, seguida de la numeración del capítulo. Obres Essencials (OE), (Barcelona, 1957-60)

2 Ramon Llull. Raimundi Lulli Opera Latina (ROL) Palma y Turnholt, 1959 y ss.

Les ruego que me permitan citar algunas frases en la lengua vernácula en que está escrita su autobiografía, para que su espíritu y su palabra estén más presentes entre nosotros y por ser un catalán que, aunque antiguo, puede ser comprensible, mientras que obviaré cualquier cita del Liber de Civitate Mundi, porque está redactado en lengua latina.

 La vida mundana de Ramón está sustentada en dos sólidos cimientos: la preparación y desarrollo de la vida cortesana, y, por otra, la disponibilidad per l’ art d’ atrobar e compondre cançons para sus damas.

La vida cortesana de Ramón está salpicada de hechos que parecen excepcionales, y, aunque lo son, no lo parecen tanto en el ambiente y la época en que sucedieron. Hay que figurarse que la educación que recibió fue la propia de un caballero de la alta alcurnia, dados los cargos o empleos que llegó a ostentar en la corte. El oficio de paje en el séquito de Jaime el Conquistador marca el inicio de esta ascensión, coronada más tarde por el nombramiento de preceptor y, tal vez, la consecución del cargo de senescal e majordom en la corte de Jaime de Mallorca.

 

El interés en la composición de canciones poéticas dirigidas a las damas deja entrever el dominio en la técnica, en el lenguaje y en la temática de los trovadores, aunque se mantuvo a distancia del auténtico espíritu trovadoresco. En resumen, todo hace pensar que conocía profundamente los modos y las formas de la corte y que a través de ellas podía conseguir provechosas ganancias en bienes terrenos y mundanos.

El matrimonio con Blanca Picany, del que nacerían sus hijos Domingo y Magdalena, no cambió sus directrices encaminadas a la consecución de amor y bienes mundanos, antes al contrario, más de una vigilia la pasó con el pensamiento atraído por un amor vil o por vanas glorias.

Mientras estaba ofuscado en estas banales ocupaciones, las repetidas apariciones de Cristo crucificado le hicieron considerar un cambio en el rumbo de su vida: la idea de abandonar el mundo y entregarse por completo al servicio de Cristo, su Amado. Tal cambio es lo que se conoce con el nombre de conversión, Ramón decide cambiar de vida, pero ¿qué debía hacer? ¿Era un hecho extraordinario? ¿Había otros laicos que habían decidido un cambio parecido? ¿Cómo debía llegarlo a término?

Ofrecer una rápida visión de lo, que en aquellos momentos acontecía entre los laicos o seglares puede ayudar a valorar las decisiones que en cada momento adoptó Ramón.

Veamos cómo actuaban un primer grupo, denominados conversos, que o bien vivían con sus familias o bien vivían solitariamente como eremitas, toda vez que habían cambiado el rumbo a sus vidas: renunciaban a las funciones administrativas, judiciales y militares; dejaban de practicar el comercio; adoptaban el hábito penitencial o sayal; exteriorizaban un descuido en la barba y en el recorte de pelo; acogían la vida retirada y la prohibición de asistir a fiestas populares; practicaban la continencia sexual absoluta, incluidos los casados; y, la sobriedad en la comida y bebido presidían la mesa. Buscaban la perfección en la dedicación a las obras de caridad, en el servicio a los hospitales y en la ayuda a la construcción de iglesias, en la intensificación de la oración y en la práctica de la peregrinación para la absolución de sus pecados a lugares tan significativos como Santiago de Compostela, Jerusalem o Roma, utilizando distintivos propios de penitentes o bien visitando santuarios marianos. Debemos recordar precisamente que la. cruzadas `fueron concebidas cómo peregrinaciones penitenciales para liberar Tierra Santa y proteger a los peregrinos que deseaban llevar a término su voto. Este conjunto de prácticas como forma penitencial fue adoptado en, Narbona, Tolosa, el Languedoc e incluso en el Sur de los Pirineos.

Fijémonos en cómo discurrían los beguinos, otro movimiento laico que tuvo mucha influencia en Italia, Provenza, Languedoc y Cataluña, que fueron condenados más tarde - muerto ya Ramón- por quien fue, primero, obispo de Pamíers, después de Mirepoix y cardenal, el papa Benedicto XII. Destacamos, pues, aquellos rasgos que en el marco cronológico que nos ocupa, tenían la vigencia y la legalidad que les otorgaba la discutida y discutible personalidad de Arnau de Vilanova: llevaban una vida fraternal y de piedad sincera; defendían nuevas formas de abstinencia -pan y agua- y de penitencia severísima -silicio y flagelaciones, fundamentándolo todo en la devoción a Cristo crucificado, en la imitación de la Virgen María y en la devoción a san Francisco; algunos cultivaron la virginidad y la castidad, a través del voto, usurparon el oficio de la predicación de la palabra de Dios; se reunían en las domus paupertatis (casas de pobreza) para la lectura de opúsculos que habían sido escritos para este fin concreto y que estaban enfocados a gente humilde y redactados en lengua vulgar, a fin de que por tradición oral -de oído a oído- pudieran ser difundidas sus ideas; la plegaria individual, contemplativa y solitaria era una realidad en las comunidades de Italia y Provenza; manifestaban que el final de los tiempos estaba próximo a la vez que reconocían a Pere-Joan Olivi como una gran doctor, el más útil tras los apóstoles y evangelistas; mantuvieron una proximidad con los espirituales y aceptaron sus teorías sobre la pobreza y la dificultad de entrar en el cielo sin previa renuncia a la propiedad; pobreza aplicada a la propiedad y al dinero, pobreza que implica marginalidad de la vida social, que aspira en el campo de la ciencia al rechazo del saber doctoral, que desprecia los cargos, las órdenes e incluso el ascenso en la misma Iglesia. El evangelio y la regla franciscana era, pues, expresión de una misma idea: convivencia fraternal, aceptación del sufrimiento y la marginalidad y asumpci6n convencida de una pobreza estricta.

Otros movimientos, tras una primera indecisión, adoptaron las siguientes actitudes: renuncia al mundo y sus riquezas, reforzamiento de la penitencia y del ayuno; defensa de una ideal de castidad perpetua; consagrar su vida a la enseñanza, a la predicación y al debate con los herejes, y el marcado interés por las obras sociales y de misericordia en orfelinatos, refugios y hospitales.

Para acabar estos movimientos laicos, formulamos las propuestas de vida de los humiliati, es decir, grupos de penitentes de Lombardía, que se agrupaban en tres categorías: laicos casados, que convivían familiarmente y que estaban sujetos a una especie de regla - como si fuera una tercera orden- y que practicaban el trabajo manual; comunidades de hombres y comunidades de mujeres con una regla común y que practicaban el trabajo manual; y, por último, una comunidad clerical, que se dedicaba al cuidado de las almas y al trabajo manual. Obtuvieron regular por obra de Inocencio III, que los autorizó a predicar fuera de las iglesias y únicamente de temas morales, excluyendo totalmente el dogma y los sacramentos.

Este amplio y frondoso muestrario laico contemporáneo, que había roto con la vida mundana, no deslumbró a Ramón Llull y no lo llevó a adoptar estas, medidas, al menos momentáneamente, antes al contrario, pensó que lo que quería Cristo de él era que leixent lo món, totalment se donás a la seva servitud (OE,4) Ramón explicita meticulosamente este servicio en tres propósitos:

  1. tornar los infidels a la veritat de la sancta fe católica e per alló posar la persona en perill de mor
  2. considerant ésser il.letrat (com a la seva joventut neleix un poc de gramática no hagués aprés)… pensá que encara per avant faria llibres, uns bons i altres millors, contra els errors dels infidels ... aixó haqué ell per inspiració divinal
  3. que es faessen diverses monestirs, a on hómens savis i literats estudiassen e aprenguessen la llengo arábiga e tots los altres infeels, per ço que posguessen entre ells preïcar e manifestar la veritat de la sancta fe católica. (OE,5,6,7)

Estos ideales no los encontramos en la perspectiva de los conversos coetáneos que acabamos de analizar. En el aspecto ideológico el pensamiento de Llull se encuentra muy lejano de los reformismos apuntados, desde el primer instante que decidió un cambio de vida. Desde el mismo instante en que decide cambiar de vida -la aparición de Cristo crucificado- hasta la realidad del cambio pasaron tres meses com los negocis mundanals lo tinquessin ampaxat i que en diligeéncia no pesques en dites, coses treballar. (OE,9) Es precisamente la homilia en la fiesta de san Francisco que le removió todas aquellas ideas previamente deliberadas, cuando el predicador, un obispo, profundizó sobre la conversión del fundador de la comunidad franciscana: leixades totes les coses mundanals_.s'era.totalment donat al servici de la creu y Ramón decidió hacer lo mismo, venudes les seves possessions, el faes atretal. Tomó modelo o ejemplo del cieraf monssènyer sent Francesc. La reacción fue rápida, de sus posesiones sólo quedó certa part. dels_béns per sustentació de la muller e infants (OE,9) , es decir, se desprendió con celeridad asombrosa de sus bienes, y, aligerado de los negocios mundanos, inició su peregrinación . Hay que suponer que la penitencia pública de un hombre públicamente notorio que había vivido, en tot lo seu enteniment encès i ocupat, pensant e imaginat o dictant aquella vana e folla cançó i que aquella tolla voluntat ell no leixa (OE,3) sería una de las principales motivaciones de un romiatge penitencial hacia Santiago de Compostela, visita obligada de todo penitente, deteniéndose previamente en el santuario de Rocamador en el sur de Francia. Es de suponer que este itinerario estaba al alcance de cualquier peregrino que usara el camino francés que fluía de Europa hasta el sepulcro del Apóstol. Como uno de tantos peregrinos y penitentes cumplió con su promesa y, ya 4 regreso, con la firme voluntad de llevar a término aquellos propósitos firmemente decididos, encontrándose probablemente en Barcelona, deliberá d'anar al gran Estudi de Paris per prendre gramática e altres ciències (OE,10). Tal decisión no era, pues, propia de un laico converso contemporáneo, ni tampoco decisión lógica de un caballero, ya que ninguno de ellos solía tener anhelos intelectuales; en concreto, el estudio era más propio de quienes deseaban hacer carrera en las dignidades o cargos eclesiásticos o bien de los que querían hacer el aprendizaje del derecho o del arte de la medicina, saberes e ideales más próximos a las clases medias burguesas.

Eso podía ser la causa de que los seus amics e familiars e majorment mestre Ramon de Penyafort, de l' ordre el gloríós mossèinyer sent Domingo, li contestaren e I'hei llevaren de l'enteniment que no hi anàs (OE,10). Llull siguiendo los consejos que, le habían dado sus amigos y especialmente Sto Domingo de Penyafort, hombre que tenía mucho peso en su orden y en la corte y que ciertamente se encontraba en Barcelona en el convento de Santa Catalina, s'en torna a la sua Ciutat de Mallorques. (OE, 10 )

¿Qué hizo a su llegada a la Isla? E de fet, essent en Mallorcques, posades totes le superfluitats de vestidures, les quals acostumava d'aportar: (OE,11) palabras que dejan entrever que nuestro converso, que había visitado como peregrino -con el espíritu de peregrino y los signos externos de peregrino- aun no había modificado la forma de vestir; es decir, todavía iba engalanado con los, ropajes dignos de todo caballero -con lujo y solemnidad de los hombres de la corte- y es a partir de este momento cuando torna la decisión de cambiar su imagen, vesti's de l'habit molt honest i del pus gros drap que trobà (OE,11) y adoptó una nueva imagen exterior con un símbolo concreto, el sayal, vestido de quienes renunciaban a la riqueza y tomaban a la pobreza como su bandera e insignia para pregonar una transformación de su vida.

Sin embargo no asume para su familia ningún tipo de cambio o transformación, como era usual entre los conversos contemporáneos; ni siquiera resuelve vivir en familia practicando el ayuno y la penitencia, Su preocupación estaba centrada en su propósitos intelectuales y, por eso, se donà a saber algun tant de gramàtica. (OE,11)

Intentemos hacer algunas conjeturas antes de seguir adelante la narración de los hechos. Llull, después de la entrevista con el dominico fray Ramón de Penyafort se dejó convencer y, en vez de dirigirse al Estudio de París como era su intención, regresó a su residencia familiar. No es difícil imaginar que una de las razones principales era devolver a la familia Llull, esposa e hijos, la estabilidad en el seno familiar. Lo más extraño es que para convencerlo no le hubiese indicado o recomendado la asistencia a su centro de, preparación de árabe y hebreo, que más tarde, se convertiría en Estudio general de arte, Filosofía y Teología, que se había constituido en la Ciudad expresamente por indicación suya cuando era general de la Orden, y donde ejercieron la docencia maestros tan prestigiosos como Miguel de Fabra o Miguel Bennàsser. Quizá creía el dominico que era una quimera pasajera o que no tenía ni los conocimientos básicos ni el suficiente dominio del latin para poder entrar en el Estudio y seguir con provecho las explicaciones. Fuesen esas conjeturas o bien otras las que tuvo el dominico en su mente, la realidad fue que Llull optó por un camino totalmente inusual y fuera de los preestablecidos paradigmas de aprendizaje de la época y que le empujó a imaginar nuevas propuestas -fuera de las vías escolásticas de la época- de dialéctica expositiva, de argumentación discursiva, configurando con ello lo que se ha denominado el Arte luliano.

Reiniciemos de nuevo el hilo de los hechos de la vida con un nuevo episodio, que supone asumir plenamente sus propósitos, més avant comprà un moro, per ço que d'ell posqués apendre la llengo aràbiga o morisca (CE,12). El estudio de la gramática fue intenso y duradero ya que en aquella forma hagués estat per espai de nou anys (0E,11) hasta que las desavenencias llegaron a ser tan tensas y coercitivas que el moro, del que havia rebut gran benefisi d'aprendre la llengo morisca, pensó de quina forma e manera lo podia aucire e matar y no tardó en intentarlo pero jatsia lo di reverend mestre li debiàs lo cop… e lluitant amb ell, fo enderrocat lo dit moro... e com la companya de la casa sentissin la ramor…volgueren auriure lo ditt moro, però lo reverend mestre no ho permés. (OE,12) ¿Qué puede deducirse de tales términos? Que Llull, después de la peregrinación penitencial, pasó nueve anos de aprendizaje con un esclavo moro, uno de entre tantos esclavos en tierra de mercado de esclavos, que le enseño no sólo la lengua -recordemos que lengua y pensamiento se complican- sino también la cultura y pensamiento musulmanes. Dicho aprendizaje debía llevarse a cabo en su propia residencia, porque el intento fallido del moro fue contrarrestado por la servidumbre de la casa, sobre la cual Ramón debía de tener tina marcado dominio, pues no le permitió que lo matasen y lo feu metre dins lo càrcer (OE,12) . La perplejidad Iuliana sobre el destino de este esclavo la halló resuelta, cuando, de regreso del monasterio de la Real donde se había retirado para meditar y decidir el destino del moro, pasados ya tres días trobà que lo dit catiu se fonc penjat, amb la corda amb que estva lligat (OE,13)

Podemos intuir que hasta el suicidio del esclavo, debió de vivir en su propia casa, pero completamente aislado y despegado de los negocios mundanos -recordemos que había cambiado sus engalanados vestidos por un trozo de tela cosida por los lados y con los correspondientes agujeros para brazos y cabeza- y con mucha probabilidad alejado de los deberes matrimoniales y familiares, con el objetivo de dedicarse por entero al dominio de una lengua culta como era la que estaba aprendiendo. Parece evidente, pues, que su vida familiar no se asemeja a la de los conversos anteriormente descritos, aunque algunos rasgos, de entrada, podrían dar pie a pensar lo contrario, como con la continencia conyugal o el tipo de vestimenta o recogimiento usados en aquel momento.

Profundizó un poco mas en el camino de su conversión cuando après totes aquestes coses, muntà-se'n lo dit ieverend alt en una muntanya apellada Randa, la cual no era molt Iluiny de la seva casa (OE,l4). El receso o permanencia en Panda marca definitivamente el recorte con las ataduras familiares para concentrarse más en sus nuevos negocios o propósitos. ¿Por qué su retiro precisamente en Randa? Porque no estaba muy lejos de su casa. ¿Qué quería dar a entender el traductor mallorquín de la Vita Coetanea cuando daba su versión? Si entendía por su casa su residencia ciudadana ,el traductor mallorquín, conocedor de la topografía insular, no lo habría expresado en estos términos; si, en cambio, lo entendía como que la montaña de Randa no estaba muy alejada de sus tierras, entonces sí que se podía entender con facilidad que Ramón abandonase su residencia familiar de la ciudad y se recluyera en las tierras que pertenecían aún a la herencia familiar para el sustento de su mujer e hijos y que no debían estar situadas muy lejos de dicha montaña. Así pues, la motivación era clara: por ço que aquí posqués nostro Senyor pregar e servir (OE,14). Ciertamente los verbos traducidos no captan íntegramente -como hace notar el P. Batllori- los términos latinos originarios: causa contemplandi ,es decir, para contemplar. Retirarse y contemplar a Dios, objetivo de la obra Libre de contemplacíó que suele ser fechado al comienzo de su actividad literaria, actividad compartida por reformistas y espirituales, que buscaron siempre en la montaña la soledad y el silencio. Pero Llull no busca lo mismo: la contemplación tiene como fin implorar la ayuda divina para su proyecto que no es otro que donar ordre e forma de fer los dits llibres contre els errors dels infeels, hecho que tuvo lugar com hagués estat aquí quasi vuit dies (CIE,14).

La contemplación no es sólo un ejercicio intelectual, es también en la plena confianza en Dios, quien puede iluminar su mente para ser capaz de expresar de otra forma totalmente novedosa aquellas verdades difíciles de aprehender, como ocurrió que com un dia estigués contemplant e tenint los ulls vers lo cel, en un instant li venc certa il.lustració divinal… aquella gràcia tan meravellosa (OE,14).

Ramón no quería predicar como lo hacían los reformistas sino que su acción pretendía convencer, aportar razones necesarias, dirigirse al intelecto de los infieles, porque proporcionar razones en las controversias o disputas era la única arma válida para mantener una disputa filosófico - teológica y vencer.

Recibida la iluminación divina, encontinent, davallant de la dita muntanya, anà-se'n prestament al monastir de la Reial (OE,14), no se dirigió, en primer lugar, a su residencia familiar, sino al monasterio, donde el Doctor Il.luminat -que éste es el título por el que lo conocemos- posqués ordonar los dits llibres (OE,14) clara y serenamente. Esta abadía era el lugar apropiado para poder utilizar todos los recursos en ella disponibles para construir su obra e de fet ordenà un molt bell llibre, lo queal apellà l'Art major, e aprés l'Art General, sots la qual art aprés molts llibres copilà per la capacítat dels homes il.literats.(OE,14) Llull pretende componer un método, l'Art, para luchar contra los errores pero también para disputar con los no versados en letras ni humanidades. Cumplido el objetivo de redactar el libro abandonó la abadía y regresó a la montaña -com lo dit reverend mestre hagués la dita obra acabada, muntà altre vegada al puiq de Randa e en aquell lloc on ell rebé aquella gran il.lustració, ell feu edificar un eremitori, en lo qual estec per espai de quatre meses, día e nit supicant a nostre Senyor que aquella Art que havia ordenada fos a honor e protit de la sancta fe catòlica, e que li plagués aquella prosperar (OE, 14). Fstas palabras responden a dos actitudes: la primera que regresó a la vida retirada de un oratorio eremítico. La ermita y la vida ermitaña son en todas sus obras, paradigmas supremos de vida perfecta, y la montaña y el bosque -contacto con la naturaleza- son los lugares idóneos para la contemplación. En este ambiente y con estas ideas transcurrieron cuatro meses. La segunda proyectaba presentar el descubrimiento de su método, l'Art, como fruto del mandato e inspiración divina, comunicada en la contemplación mediante la iluminación. Si el arte podía, aceptadas las premisas, proporcionar razones necesarias para convencer, la utilización de argumentos basados en las autoridades -como era habitual en la escolástica de la época y que no tenía sentido para los infieles- perdería peso a favor de su nuevo descubrimiento. Pero nuestro pensador se dio cuenta del punto débil de su sistema: ¿en qué se sustentaba el Arte? Para dar solidez a su sistema nuestro pensador, pleno de convicción, recurre al mandato y a la inspiración divina como inspiradores de tal método. Los recursos a la inspiración y revelación divinas fueron frecuentes en los albores del siglo XIII. Precisamente las corrientes reformistas eclesiásticos, laicos y estamentos marginales- empleaban con frecuencia el pensamiento del abad calabrés y el joaquinismto, con todas las influencias dentro de los beguinos, fratricellos y espirituales que profetizaban una nueva era evangélica.

Acabada la preparación intelectual, con el conocimiento de las verdades cristianas y musulmanas, se lanzo hacia la acción, encaminada básicamente en la consecución de estos objetivos:

1.- Escribir tratados y explicar el manejo de l'Art para proveer de un sistema argumentativo a los encargados de disputar dialécticamente con los musulmanes, judíos y cristianos de las iglesias separadas con el fin de hallar una verdadera paz unidad, que se conseguiría con una cruzada intelectual, y fuera preciso militar.

2.- Explicar el Art en los centros intelectuales de la época: en Miramar, su colegio de lenguas orientales, en las Universidades de Montpeller y Paris, y en los Estudios Franciscanos para captar discípulos que quisieran utilizarlo para explicar el dogma y disputar con los sarracenos.

3.- Dar a conocer sus propósitos a los centros de poder militar, político y eclesiástico, o sea, en la corte de los reyes de Mallorca, Aragón, Francia, Nápoles y Sicilia además de la corte papal, para que unificasen fuerzas y esfuerzos para conquistar Tierra Santa.

4.- Incentivar la reforma de la Iglesia -instigada por Joaquín de Fiore, denunciada por los herejes, por los espirituales franciscanos y facciones de laicos disidentes animados por Arnau de Vilanova y el rey de Sicilia para obtener una Iglesia más de acorde con los ideales evangélicos.

5.- Ejercer su acción personal, escribiendo, viajando por Europa, todo el Mediterráneo e incluso el lejano Oriente, reclamando la atención para estos proyectos e incluso viajar él mismo a tierras sarracenas para convertirlos a la fe cristiana y morir si fuera preciso.

A todos estos objetivos dedica su atención, preocupación y los casi cuarenta años que dura su peregrinar y al final de los cuales escribe una obra titulada La ciudad del mundo en la que expone sus Olimos anhelos, sus ansias, sus fracasos, su estado de ánimo, y además el estado en que se encuentra el mundo, este mundo real en el que ha transcurrido su vida.

Liber de civitate mundi permite contemplar la evolución luliana en sus ideas reformistas, concretamente, en las que asumió los conceptos reformistas coetáneos y en las que demostró su simpatía e incluso su amigable convivencia con los conversos de los distintos ámbitos, sin ultrapasar la normativa estricta y la recta interpretación de la doctrina cristiana.

Llull expone la desidia de la jerarquía social, tanto de la alta jerarquía como del bajo clero, en el cumplimiento de su misión y especialmente la baja y escasa calidad moral del clero, que merece la censura de todos los movimientos reformistas. Cátaros, albigenses y valdenses, acérrimos enemigos de la Iglesia, la atacan por su afán de riquezas y poder; los laicos penitentes y los humildes beguinos, influenciados por el color apocalíptico del joaquinismo, reclaman el retorno a los auténticos orígenes cristianos; las órdenes mendicantes y agrupaciones imbuidas del espíritu pauper1sta abogan por la reforma de la Iglesia. Con este deseo sincero de reforma sintoniza plenamente nuestro seglar, que asume los conceptos de reforma de su época en la exposición del lamentable estado en que se encuentra la ciudad del mundo, ya que no responde a los fines por la que fue creada. Tal estado de cosas -a su juicio- es intolerable, pues los ciudadanos se multiplican en el vicio y se despreocupan de su primera intención que no es otra que amar, alabar y servir a Dios.

La ciudad del mundo está constantemente asediada por la reprobación y reproches lulianos, debido a la desviación del orden previamente establecido por la justicia y sabiduría divinas. Las acusaciones van dirigidas a todas las clases sociales, con más benevolencia y comprensión para el pueblo, pero con acre y reiterada fustigación a la clase rectora por su tediosa negligencia.

Desinterés primordialmente en la cúspide de la pirámide jerárquica: el papado y el imperio -ambas sedes vacantes en aquel momento concreto- merecen la censura luliana por su despreocupación por la conquista de Tierra Santa, por la conversión de los infieles y por la defensa de la Iglesia.

La reforma moral debe implicar la expulsión del demonio, mundo y carne con sus secuaces, los pecados capitales y la reintroducción en la ciudad de las virtudes cardinales y teologales con el fin de enderezar la torcida trayectoria vital de estos ciudadanos. Llull vitupera a los dirigentes, civiles y eclesiásticos, por todos y cada uno de los pecados capitales, pero específicamente por la codicia de bienes, honores y riquezas al mismo tiempo por la desidia intelectual y apologética del clero, culpable del injusto estado en que se halla la humanidad, es decir, la ciudad del mundo.

La simpatía luliana durante este tiempo para con los reformistas estuvo marcada por las excelentes relaciones con los superiores de las Ordenes Mendicantes: dominicos y franciscanos. Especialmente con estos últimos mantuvo una especial relación, siendo miembro de su Tercera Orden, recibiendo permiso para explicar el Arte en sus centros intelectuales, sus Estudios o sus conventos, y para nutrir de discípulos su escuela de Miramar. Se relacionó también con las facciones toscana y provenzal del sector espiritual y joaquimista de la Orden (Olivi, Gaufredi, Clareno, Délicieux) en Génova, Nápoles, Roma o el Midi francés. Expresó también su simpatía por el papa Apostólico Celestino V y sus Pobres eremitas.

Por último, mantuvo con los beguinos vínculos estrechos especialmente por las relaciones con Arnau de Vilanova, cuyos contactos fueron permanentes, Relación que pudo darse con el infante Felipe de Mallorca e incrementase con el viaje, de Angelo CIareno a Mallorca.

La necesidad de reforma había calado profundamente en la sociedad: en primer lugar, algunas familias reales, que acataron el ingreso de los vástagos, como la familia real mallorquina y la francesa, en la orden franciscana; que protegieron a los beguinos, como es el caso del infante Felipe de Mallorca o bien Roberto y Sancha de Nápoles o incluso el mismo Federico, que acogió a fugitivos de tendencia reformista; en segundo Lugar, las mismas órdenes religiosas, donde se debatía la disputa del pauperismo; en tercer lugar, los diversos estratos sociales, ya fueran beguinos, penitentes o bien enemigos declarados de la Iglesia. Todos ellos reclamaban una vuelta al espíritu primitivo de la Iglesia, con la predicación de la palabra divina, el cumplimiento de un modelo de vida fundamentado en la pobreza, en definitiva, una vida más evangélica.

La reforma Luliana no asimiló de los movimientos reformistas ninguna de las tesis propias de la facción espiritual del franciscanlsmo, del beguinismo de los fraticelos o de los movimientos heréticos que los hicieron pasar más tarde a la heterodoxia: ni la exaltación de la pobreza como la virtud por antonomasia; ni el enfrentamiento o desobediencia al Papado; ni la incitación o el apoyo a la rebelión contra la Iglesia; ni tan siquiera el tono de crítica a las jerarquías muestran vestigios de tal inclinación. Se aparta de todos ellos al afirmar que la auténtica reforma debe provenir de la misma Iglesia, la cual debe propiciar, impulsar y guiar a la Christianitas hacia su auténtico camino. No se trata de destruir a la ciudad o humanidad, ciertamente culpable por sus pecados, sino de reconducción a su finalidad y la restauración del auténtico estado. La reforma ética luliana no exige, por tanto, ruptura para volver al primitivo espíritu evangélico; tan solo postula desechar los pecados y vivir teniendo a las virtudes como modelo. Esas son las conclusiones de la primera parte de la obra, mientras que en la segunda parte trata de evidenciar a través del uso del Arte la esencia divina para clarificar los controvertidos temas dogmáticos de la Trinidad y Encarnación.

Si estos objetivos se hubieran llevado a cabo, se habría logrado la auténtica reforma de la Christianitas: la unidad del pueblo de Dios. Este era el sueño de Ramón Barbaflorida: la unidad del rebaño con un solo pastor, es decir, una sola Iglesia, la de Roma, apacentada por el Vicario de Cristo. Esta fue la utopía de este seglar, que tuvo sólo como motor el amor a su Amado.

Para finalizar recordaré las palabras iniciales de su himno, que intentan plasmar de. forma poética los ideales, anhelos, empeños y logros de este mallorquín universal, fill major dela nostra raça

Cercanat l'Amic a l'Amat

tot l'ample del món corria

trascant el món envelliex

mes lo seu coi, no envellia.

Dr. Pedro Ramis i Serra

Maioricensis Schola Lullistica

Palma de Mallorca a 14 de Marzo IV Semana de Cuaresma de 1999 Conferencia del Vigésimo Quinto aniversario de la Unió Seglar del Beat Ramón Llull